Salimos de la tienda apenas la vendedora envolvió todo y lo colocó en una caja (por el precio era lo mínimo que podía hacer) yo me sentía avergonzada, un poco molesta, quizás hasta confundida, Adrián en cambio era imperturbable, no había nada que lo hiciera inmutarse. Me gustaría verlo en otro estado, quizás de la misma manera en que lo ví aquel día en que lo conocí, yo y mi fanatismo por el conflicto «Soy una vaina seria» pensé. —Voy a pagarte — dije sentada en el asiento del copiloto, el esbozó una sonrisa burlona — ¿crees que no puedo pagarte? — pregunté algo molesta, sí, era cierto que no podía pagarle, pero no iba a tolerar que me tratara con esa superioridad que lo caracterizaba. —¿En qué momento he dicho eso? — preguntó él cambiando su semblante por uno más serio. —No lo has dich

