—¿entonces qué crees que hago en la calle, sola, a estas horas de la noche? — ya ni sabía lo que estaba diciendo o preguntando, ahora solo me estaba dejando llevar por la conversación. —No lo sé, eso deberías decírmelo tú — respondió él divertido. —No quiero llegar a casa hoy — confesé como si nada, con mi vista centrada en el camino y mis pensamientos volando de un lado a otro. —Entonces vamos al supermercado — lo dijo con una sonrisa de determinación, como si ese fuese su objetivo de la semana, llegar al súper. —¿Qué haremos en el supermercado? — pregunté extrañada por la propuesta. —Vamos por leche. —Ya te dije que te mentí, bueno en realidad tú solito pudiste deducirlo. —Tú no quieres volver a casa y yo tampoco. Su confesión me hizo sentir una punzada en el pecho ¿qué podía hac

