Capitulo— Susurros de Sangre y Promesas No Dichas La mañana en Luna de Acero despertó tibia y serena, como si el tiempo mismo hubiera decidido regalarlos con unos días de paz. En el corazón de esa calma, Eleonor y Demián caminaban juntos, tomados de la mano, bordeando el bosque que abrazaba la casa principal. Habían pasado ya varios días desde aquel incendio en Santa Elena, y aunque la tensión no había desaparecido, entre ellos dos había crecido algo aún más fuerte: una confianza silenciosa, un entendimiento que no necesitaba palabras. Sus citas se habían vuelto parte de su rutina, pequeños momentos robados entre los entrenamientos, las patrullas y los consejos de guerra. No salían de la manada, pero en cada paseo por el bosque, en cada atardecer compartido en el campo de entrenamient

