Capitulo:El Renacer de las Manadas El bosque susurraba canciones antiguas mientras los gemelos avanzaban entre los árboles, cargando a Mariana con sumo cuidado. La niña dormía profundamente, su pequeño cuerpo inerte en brazos de Sandro, mientras Sergio abría camino entre la maleza. Cada paso crujía bajo sus botas, el suelo humedecido por la noche anterior cediendo apenas a su paso. El aliento de ambos se mezclaba con la neblina que se elevaba entre los troncos, como fantasmas antiguos observando el destino cumplirse. El aroma del somnífero aún flotaba en el aire, adormeciendo los sentidos de la pequeña loba. Su cabello dorado, extendido sobre el brazo de Sandro, brillaba como hilos de luna bajo la pálida luz de las estrellas. No sabían exactamente a dónde iban. No había un plan trazado.

