Luego del espectacular día soleado, divertido y veraniego en la playa, regresan a la habitación del hotel, esa noche descansarán y ya para el amanecer emprenderán el regreso a casa con mucha alegría con mucha ilusión y sobre todo con el trofeo del triunfo en su poder. Después de ducharse, Milet se sienta en el balcón, donde contempla la noche oscura y densa, con la luna plateada resplandeciendo el horizonte, espectáculo visual la lleva a pensar en todo lo que ha vivido en el corto tiempo de su edad, no puede creer lo que le ha sucedido, a ella una chica sencilla, humilde, en un principio sin oportunidad de estudio; en retrospectiva se da cuenta de que tiene muchas bendiciones y ganancias en su corta vida.
La señorita Daya se acerca y al escuchar su voz, llama su atención.
—Milet, solicite al restaurante del hotel que te preparara una ensalada de fruta para que te refrescaras, además es nutritiva ya la han traído, ven disfrutemos juntas de esa exquisita preparación—expresa Daya.
— Qué bueno, maestra, me encanta comer frutas, además me hace falta luego de haber llevado un poco de sol el día de hoy, ¡gracias! Vamos a comer— responde Milet.
Ambas degustan la ensalada frutal, contentiva de manzanas, peras, bananas, uvas, naranjas, Piñas, kiwi y sandía. Al terminar su porción, Milet comenta.
— Estuvo muy rica la ensalada, de verdad muy refrescante. ¿Sabe, maestra Daya? Cada vez que como algo así tan rico pienso en mi familia; en mis Padres y en mis hermanos, me pregunto ¿si estarán bien? ¿Si tendrán la oportunidad poner alimentos sabrosos en la mesa y disfrutar de ellos? También me gustaría que cada uno de mis familiares pudiera contemplar estos paisajes, estos momentos conmigo, espero en un futuro poder regalarles un paseo, un viaje, para que compartamos todos como familia.
— Te entiendo pequeña y de eso se trata la vida, de qué nos establezcamos metas con objetivos con propósitos, para que podamos seguir ese norte y de este modo obtener lo que nos hemos propuesto, si eres perseverante y constante lograrás regalarle a tu familia todas esas oportunidades de una vida mejor con más disfrute ¡yo creo en ti! Sé que lo podrás lograr, el solo hecho de tu buen corazón y del gran amor que sientes por tu familia te dará la oportunidad de cumplir ese sueño y muchos otros más—expresa Daya a Milet.
En este preciso momento la pequeña ganadora comienza a sentir cansancio y un poco de sueño, al punto de bostezar, la maestra Daya observando su comportamiento la invita a que vaya a la cama.
— Vamos a descansar, acostémonos a dormir, mañana nos espera un largo día, ya que emprendemos el regreso a casa; así que requerimos un merecido y tranquilo descanso por esta noche. ¡Hasta mañana, dulces sueños!—dice Daya. Ambas se despiden y se dirigen a la cama. Aunque a Milet le gustaría pasar toda la noche asomada al balcón para grabar en su memoria los recuerdos de la última noche en Londres y disfrutar de la salida del sol en este País, tan hermoso, tan limpio, tan organizado, aun así comprende que debe dormir y sin poner oposición, obedientemente va a la cama.
Amanece y llega prontamente el momento de regresar a la India, antes de salir de Londres la delegación deportiva le ha ofrecido un pequeño festejo de reconocimiento y despedida a la campeona, el cual consistió en un organizado y protocolar almuerzo, luego del mismo, le han obsequiado unos hermosos detalles a Milet; un ramo de flores, unos peluches; unos chocolates y unas bufandas; la chica está muy contenta con los regalos, aunque no sabe qué hará con las bufandas, ya que son de lana y en su País natal no las podrá utilizar, la señorita Daya, le expresa.
— Son muy hermosas ¡tranquila, yo te sugiero que las guardes como un recuerdo especial, de tu visita a este bello País.
Milet sin emitir palabras asiente con la cabeza y despacio se dispone a abordar la aeronave que los llevará de regreso a su terruño natal.
Cuándo el avión emprende el vuelo de salida, la azafata le indica a Milet que se asome por la ventana, ella lo hace un observa a cierta cantidad de estudiantes despidiéndola, ondeando muchas banderas, alternando tanto la de India como la de Inglaterra; este momento es bien emotivo para la ganadora, de ritmo cardiaco se acelera, su respiración se entrecorta, llega al punto de dejar corren lágrimas que parecen vidrios rotos por sus mejillas.
La señorita Daya, está siempre a su lado, por lo que ella también ve por la ventanilla y contempla el espectáculo, abraza a Milet para consolarla y para demostrarle que siempre está para apoyarla.
Al perder de vista la bella despedida Milet se acurruca en los brazos de Daya y se queda dormida.
Al despertar, se percata de qué faltan pocas horas de vuelo para encontrarse nuevamente en casa, tiene muchas ganas de volver a estar con su grupo familiar y también de contarle todas las experiencias vividas, que a partir de ahora formarán parte de su vida, de sus memorias, de sus aprendizajes.
En esta oportunidad su familia no le espera en el aeropuerto; más aún están todos en casa ansiosos por el retorno triunfante de su amada Milet, con mucho amor y sencillez Nathascha y Mahdur, han preparado la casa para darle la bienvenida a su inteligente y perseverante hija hembra; han decorado las paredes y le han preparado un ponche de frutas, sabiendo que a Milet le gusta mucho.
A llegar a casa abre la puerta, por tanto, en sus manos el trofeo. Sus Padres y hermanos se encuentran parados alrededor de la mesa y al observar a Milet, expresan en altavoz y con la alegría.
— ¡sorpresa, bienvenida a casa!
Milet se apresura a su encuentro, entre todos se regalan besos, todos visualizan el trofeo, es hermoso, grande, con incrustaciones de oro y en la placa, las palabras.
— campeona internacional de atletismo infantil, delegación India. Al tener a Milet de regreso en casa y observar el trofeo, Mahdur se siente muy complacido. Al punto de comentar.
— Mi hermosa y pequeña Milet, quién lo diría que llegarías tan lejos y has conocido dos Países, dos culturas, dos idiomas y has traído a este humilde hogar dos premios por motivos totalmente diferentes, me llenas de gozo y espero que sigas siendo esa estrella que guía mi camino, que ilumina mi despertar, te amo tanto, hija mía.
— Papá que hermosas palabras, me haces muy feliz, yo también te amo tanto y estas oportunidades de vida han sido gracias a la educación que ustedes me han dado, al ejemplo de constancia y perseverancia, sin ustedes dos nada de esto sería posible— responde Milet.
Nathascha, interviene para argumentar.
— El esfuerzo ha sido tuyo, hija; por otra parte, no podemos dejar de reconocer que todo esto ha sido posible gracias a la visión de la señorita Daya Dara; ella te abrió las puertas a la escuela y consigo la oportunidad de una nueva vida.
— Si Madre ya lo hemos conversado en otros momentos, la señorita Daya ha sido una guía, una luz, una protección y en el corto camino se han ido incorporando otros ángeles, cada uno tiene su reconocimiento—comenta Milet.
— Así es hija, tienes toda la razón, ahora bien; dejemos tanta Charla y ven a probar el ponche de frutas que te hemos preparado—dice Nathascha a Milet.
Toda la familia se reúne en la mesa y prueban la bebida a base de frutas naturales que han preparado para agasajar a Milet, en esta ocasión las frutas que prevalecen son la guayaba, la papaya, el mango y la piña.
—Que bien se siente, degustar estos sabores, en Inglaterra comí muy rico, aun así, el sabor de hogar es lo mejor, me hacía falta, lo estoy disfrutando al máximo —dice Milet a su familia.
—Mañana te preparare un dulce de mango, que sé que también te gusta, iré temprano al mercado a comprarlos, para que estén frescos y dulces— expresa Nathascha.
—Gracias Madre, que bello detalle—responde Milet.
Adaih, interviene en la conversación para argumentar.
— ¿El dulce será solo para Milet? A mí, al igual que a ella, me gusta. ¿Por qué todos los agasajos y detalles son para ella?, nosotros los varones también somos parte de esta familia.
—Tranquilo amado hermano, el dulce será para todos, lo compartiremos de forma equitativa, como lo hacemos siempre, en familia. Compartimos lo mucho o poco que tenemos, y los reconocimientos son de igual manera, para ustedes, ya que son mis hermanos y me apoyan, me ayudan, me cuidan y me quieren —dice Milet.
Al terminar de expresar esas palabras, Milet, abraza y besa a cada uno de sus hermanos, demostrándole su amor y la falta que le hicieron durante su corta ausencia. Y al tenerlos a los cuatro, a su alrededor, les comenta.
—No sientan celos, nosotros cinco somos una sola unidad, debemos estar siempre juntos, amándonos como los hermanos que somos , celebrar los éxitos de cada quien y apoyarnos unos a otros en los desaciertos o en la enfermedad, o tristeza, o dolor, para eso es la familia.