Salir de una carrera y no tener trabajo no es algo inusual, le pasa a la mayoría de los egresados en todo el mundo, sin embargo, Lizzy parece no pensar lo mismo. Y nadie podría culparla al saber que, a cada trabajo que ella se presenta, queda fuera de inmediato… sólo por su apariencia.
Su cabello castaño claro y sedoso podría caer sobre sus hombros, pero no. Se hace un peinado exageradamente anticuado, con trenzas que se pega a la cabeza, para que ningún cabello caiga ni por error. Sus ojos están escondidos con unas gafas de marco grueso, de color n***o; su cuerpo está metido en dos capas de ropa, para no verse tan delgada, pero tampoco eso se nota porque es ancha.
Lizzy se esconde de todo, se protege y nadie podría culparla. Las cosas por las que ha pasado son terribles.
Su hermano, Percival, quien continúa con el taller mecánico que le dejó su padre, entra a la casa con las manos sucias y super emocionado.
—¡Lizzy, mañana tienes entrevista! Ben necesita personal en el hotel, para todas las áreas y yo mandé tu hoja de vida.
—¡Percival! —ella deja de revolver la salsa y se cubre el rostro—. Te dije que me dejaras buscar sola el trabajo, además… ese amigo tuyo es terrible, demasiado cruel y grosero.
—Pero tiene trabajo, algo que tú quieres y que los dos necesitamos. Vamos a perder la casa, porque no he conseguido dar abasto con el taller. Si me ayudas con ese pago, solo eso, podría contratar un ayudante y eso significa más trabajo…
—No me lo expliques, lo sé. Estudié para eso, ¿o se te olvida que yo te di el consejo? —Lizzy se deja caer en la silla y suspira—. Sabías que no quería favores de tus amigos millonarios.
—Primero, yo no tengo amigos millonarios, solo uno y es Ben. Segundo, no le estoy cobrando ningún favor, porque no tiene idea que estás postulando al puesto de asistente…
—¡¿Qué?! ¡¿Asistente?! ¡Yo no tengo experiencia para eso, Percival! Tu amigo me va a correr en un minuto… es que… solo con verme mostrará sus perfectos dientes blancos y me gruñirá como perro rabioso. ¡Me detesta!
—No te detesta, Lizzy. Solo… te ignora.
—Genial, trabajaré para un hombre que me ignorará la mayor parte del tiempo. Como sea, no me quejaré más. Iré a esa entrevista, terminaré temprano con todo y te dejaré la cena lista. Ir a Montauk no es sencillo, nos queda cerca, pero a la vez muy lejos.
—Puedo llevarte…
—No, porque ahí sí que se dará cuenta de que estoy postulando como su asistente, y quiero ganarme ese puesto sola, al menos dame eso.
Percival le da un beso en la frente, ella regresa a la salsa y todo queda ahí.
Al terminar, se sirve su plato de comida, le guarda la porción a su hermano y el resto lo congela. Prepara todas sus cosas para el día siguiente, busca su mejor ropa, pero no tiene. Así que hace lo que siempre ha hecho, se va al cuarto de sus padres, en donde está la ropa de ellos intacta, porque ninguno se atrevió a deshacerse de ella.
Elige un vestido blanco, que le queda un poco grande porque su madre tenía mejores curvas que ella, unos zapatos del mismo color con un detalle rosa y dorado. Y eso es todo, no necesita más.
Alista su expediente, su título, calificaciones, y todo lo que necesita para la entrevista. Se mete a la cama después de lavarse el cabello, se lo deja suelto para descansar su cabeza y se ríe, porque ya le llega a la cintura.
—Tal vez lo corte un poco… o mejor no.
Se duerme de inmediato, sin ansiedad ni nada parecido, porque sabe que no se quedará con el trabajo. Es imposible que Ben se lo dé.
Por la mañana, se levanta muy temprano, la puerta de su hermano está cerrada y logra escucharlo roncar cansado cuando pasa frente a ella. Se alista rápidamente, se peina y pasa del maquillaje, porque ella no sabe hacerlo y porque se dice que no lo necesita, si después de todo, no cambia nada.
Se prepara un sándwich para el camino, mete unas galletas en el bolso y sale de la casa para tomar el autobús. Luego será el tren y otro autobús, todo para llegar desde Queens hasta el que podría ser su lugar de trabajo.
Como siempre, se sumerge en la lectura todo el camino. Y no, no son historias románticas, porque para ella el romance está vetado, no le sirve. No da de comer, no le soluciona los problemas ni mucho menos tendrá con quien sentirlo. Pero la administración, la economía y los futuros distópicos, esos sí que son interesantes.
Después de unas tres horas de viaje, llega al hotel. Camina con calma, pregunta a uno de los guardias dónde serán las entrevistas y le dicen por dónde debe entrar. Hay cuatro candidatas más esperando, eso en un lado. Del otro hay como treinta personas, una mujer la mira con mala cara y le dice.
—Tú de este lado, chica.
Ella no pregunta ni dice nada, solo se coloca en esa fila que le indican y se pone a esperar. Un hombre de apariencia amable sale para llamar a las postulantes de al lado, se van con él y se pierden. Y, en su fila, pronto los rumores comienzan a correr de quién será el que las entreviste.
—Es el dueño del hotel…
—Dicen que es muy exigente. Y cruel.
«Ay no, además de estar con treinta personas más para el puesto de asistente, será Ben quien me entreviste», piensa Lizzy y se pone super nerviosa. Las postulantes comienzan a avanzar, ella siente que sus piernas son de gelatina, nada de lo que diga será suficiente para ese hombre.
A pesar de que no es tan mayor, tiene la mentalidad de un viejo amargado, eso ella lo sabe. Se llevan por cuatro años, pero es como si él estuviera ya en la edad de su abuelo, y ni hablar de lo exigente que es.
Algunas mujeres salen llorando, diciendo que es la peor entrevista que han tenido en sus vidas y Lizzy siente que las lágrimas comienzan a escocerle los ojos.
Y, al ver al hombre que ha estado llamando a las postulantes salir con seriedad, sabe que ese trabajo no será para ella.
Cuando faltan diez postulantes que entrevistar, Ben recibe el llamado de uno de los fontaneros, diciéndole que tienen un problema en uno de los cuartos y que deben llamar a una empresa externa para apoyar en unos detalles que quedarán en la pared.
—Me lleva la que me trajo —dice cortando el teléfono y le dice al encargado de recursos humanos—. Contrata a cuatro personas, deja una de ellas, la que te parezca la más eficiente, tranquila y culta para el piso VIP. Todas las demás, fuera.
—Sí, señor —dice el hombre y espera a que Ben se pierda por el pasillo contrario.
Sale del otro lado, mira la fila y llama a las cuatro que siguen.
—Ustedes, quedan contratadas, las demás pueden volver en otra postulación. Muchas gracias.
Lizzy mira a todos lados, no entiende por qué están dejando a cuatro asistentes para Ben. Pero ella queda dentro del grupo y eso no le molesta para nada, a lo mejor así será más fácil esconderse de su mala actitud.
Entra en la sala de entrevistas, el hombre les dice que deben estar ahí a las seis de la mañana del día siguiente, se les asignarán sus deberes y que una de ellas quedará seleccionada para el piso más importante del hotel.
—¿Alguna de ustedes sabe hablar francés? —Lizzy las mira a todas y levanta la mano con timidez. A él no le agrada la idea, porque es la más fea e insignificante.
Tanto, que pareciera que nunca ha limpiado nada.
—¿Alemán? —ella asiente y el hombre solo suspira porque, aunque no tenga la presencia, es la que el jefe querría ahí—. Bien, tomen estos pases, vayan al tercer piso del área administrativa, para la foto del pase y por el uniforme.
Lizzy se siente tan feliz, que todavía no cae en cuenta de que no trabajará como asistente, sino como mucama. Pero eso lo descubre en cuanto le dan el uniforme y cuando dice que hay un error, que ella estaba como postulante a asistente de Ben, la mujer solo se ríe y le dice.
—Pues aceptas este puesto o te largas, querida. Porque en un chasquido tu puesto quedará cubierto, así que ahí ves tú.