Capítulo 2

1610 Words
Sophie Sophie no podía dejar de pensar en la cara de Noah cuando su padre terminó su discurso. Había esperado un ascenso, y con razón. Noah había aportado más a esta empresa que nadie. Sophie solo había visto a Richard un puñado de veces en todos sus años en Industrias Birch. No entendía por qué su padre conservaba el cargo de director ejecutivo estando tan ausente de la empresa. Entró en un largo camino de entrada pavimentado, y una hermosa casa de tres pisos apareció a la vista. Era imponente, azul con persianas blancas. Su amiga Amy vivía a veinticinco minutos de Olympus City, donde las casas suburbanas eran espaciosas y tenían jardines delanteros bien cuidados. Sophie aparcó, cogió la bolsa grande llena de papel de regalo rosa del asiento del copiloto y se dirigió apresuradamente a la puerta principal. Mientras subía los escalones de madera del porche, se tomó un minuto para recomponerse. Cuando estuvo lista, esbozó una sonrisa y llamó a la puerta. Fue su amiga Penny quien abrió la puerta. Se abrazaron y se dirigieron a la espaciosa sala de estar de Amy, decorada con tonos cálidos. Había algunas mujeres sentadas que Sophie no conocía; supuso que eran de la familia del esposo de Amy. Finalmente, vio a Amy y la abrazó suavemente, cuidando su vientre hinchado. "Estás preciosa", le dijo Sophie. "Definitivamente tienes ese brillo del que todos hablan". Amy se encogió de hombros con timidez y sonrió, rodeándose la barriga con las manos. "Y dicen que las chicas se llevan toda la belleza". Sophie rió; sus mejillas ya le dolían de tanto sonreír. Echaba de menos a sus amigas, pero entre Sophie trabajando sin parar y las obligaciones familiares de sus amigas, era difícil encontrar tiempo para reunirse. Pasaron la primera hora poniéndose al día y, al principio, Sophie lo estaba disfrutando de verdad. Pero luego las mujeres empezaron a hablar de sus hijos, intercambiando historias sobre lo duros que fueron los primeros meses y lo mucho peor que fue la etapa de los niños pequeños. Sophie intentó ignorar el nudo en el estómago mientras esperaba lo inevitable. "¿Y tú, Soph?", preguntó Penny. "¿Sigues pensando en tener hijos?" Antes de que pudiera responder, Mia intervino: "Mejor aún. ¿Estás saliendo con alguien?" A Sophie no le pasó desapercibida la mirada compasiva de Amy, pero fingió no darse cuenta. Soltó lo que esperaba que fuera una risa convincente. "Todavía no. No es que no quiera. Supongo que simplemente aún no he encontrado a la persona adecuada". Una de las mujeres que Sophie no conocía habló desde el otro lado de la habitación: "Bueno, mejor no esperes demasiado. Por suerte, todos los míos se habrán ido de casa para cuando yo cumpla cuarenta y cinco". Algunas mujeres rieron y empezaron a calcular la edad que tendrían cuando sus hijos se fueran de casa. Sophie agradeció que la conversación principal se hubiera desviado de ella. Amy le apretó el brazo. “No hay una edad correcta o incorrecta para tener hijos. Además, creo que es inteligente esperar a tener estabilidad financiera.” “Gracias”, respondió Sophie. Era una conversación que habían tenido años atrás y le sorprendió que Amy la recordara. “¿Y cuándo crees que será eso?”, preguntó Mia. Sophie se encogió de hombros, sin saber qué decir. “Me gusta mi trabajo.” Entonces se dio cuenta de que ya tenía estabilidad financiera y que la había tenido durante mucho tiempo. En cierto sentido, no había nada que le impidiera formar la familia con la que siempre había soñado. Aparte del hecho de que no tenía a nadie que los criara. Amy la interrumpió, sus palabras despertando precisamente los sentimientos que Sophie no estaba lista para afrontar. “¡Trabajas demasiado! En serio, Soph, necesitas volver a salir. ¿Cuándo fue la última vez que tuviste una cita?” Consideró la pregunta. “No estoy segura. ¿Quizás unos meses?” ¿Cómo esperan encontrar a su media naranja si ni siquiera buscan? La pregunta dio pie a más discusión y el grupo empezó a hablar de cómo habían conocido a sus respectivos maridos. Mia, en broma, le contó a Sophie sobre una app de citas que podría probar. La conversación siguió su curso y pronto se olvidaron por completo de la miserable vida de Sophie. Las dos horas siguientes transcurrieron con una lentitud dolorosa. Jugaron, comieron pastel y vieron a Amy abrir todos sus regalos. Sophie observaba con envidia todos los adorables conjuntos que desenvolvía para su futuro hijo. Su mirada no dejaba de recorrer el vientre de Amy y la mano que lo sostenía, brillando con su costoso anillo de bodas. Una punzada de celos la invadió; esto era todo lo que siempre había deseado. No pudo evitar pensar en lo perfecta que era la vida de Amy. Y qué sola se sentía. Cuando terminó la fiesta, Sophie logró llegar a la autopista antes de que la primera lágrima le resbalara por la cara. En cuestión de horas, sintió que todo su mundo se había puesto patas arriba. ¿Qué hacía con su vida? Tenía treinta y seis años y no veía marido. Incluso si conocía a alguien, ¿cuánto tardaría en casarse? ¿Cuánto tardaría en tener hijos? ¿Y si no funcionaba y tenía que empezar de cero? Los años se acumulaban en su cabeza, causándole una sensación abrumadora. Un miedo paralizante de haber perdido su oportunidad le ardía en las venas. ¿Había renunciado a sus mejores años para ascender en la empresa? Sus pensamientos la ocuparon durante todo el camino de regreso a la ciudad. Y cuando abrió la puerta y entró en su apartamento, se dio cuenta de que no podía recordar el trayecto a casa. De repente, su apartamento se sintió vacío. Miró la hora en su teléfono y se sorprendió al ver que solo eran las siete. Sin ganas de cocinar, pidió comida para llevar y se acomodó en su viejo sofá azul, sintiéndose miserable. Por un lado, se sentía inspirada a perseguir sus sueños; por otro, se sentía completamente desesperanzada de que se hicieran realidad. Su mente se dirigió a la imagen de Amy: su barriga, su anillo, sus regalos, su casa, su marido... y las ganas de llorar la consumieron de nuevo. ¿Cómo iba a solucionar esto? ¿Cómo era posible que la gente conociera hombres hoy en día? Recordó la sugerencia de Mia en la fiesta. Al principio, la idea le dio un vuelco. Pero su inminente destino permitió que la curiosidad la venciera mientras esperaba a que llegara la comida. Sophie buscó la aplicación de citas que Mia le había recomendado. La inseguridad se arremolinaba como la pantalla de carga de su teléfono mientras se descargaba la aplicación. Nunca había usado algo así. ¿Acaso la gente de su edad usaba esto? Le tomó veinte minutos encontrar algunas fotos decentes y otros diez minutos crear una biografía que encontrara el equilibrio perfecto entre ingenio y madurez. Por suerte, había una opción para hacer clic en "Buscando una relación seria". Después de introducir toda su información, empezó a explorar las opciones. Eran decepcionantes y un poco preocupantes. La mayoría de los hombres parecían estar divorciados, tener hijos mayores y no planeaban tener más, y el resto solo parecía buscar encuentros casuales. ¿Y por qué tantos llevaban pescado en las fotos? Cuando por fin llegó su comida una hora después, Sophie solo había hecho match con dos hombres. Demasiado asustada para contactar, cerró la aplicación y se preparó para dormir. Mientras se cepillaba los dientes, su teléfono sonó con un mensaje. Era uno de los hombres con los que había hecho match. Hola, guapa. ¿Estás libre este viernes? No pudo evitar sonreír al leer el mensaje. ¿Cuándo fue la última vez que alguien le había hecho un cumplido, y mucho menos que había coqueteado con ella? Sophie reexaminó el perfil del chico. Se llamaba Matt. Tenía treinta y siete años, cabello rubio rojizo y una mandíbula pronunciada. En su biografía decía que tenía un golden retriever llamado Max. Guapo y amante de los perros... no había nada peor que eso. Contestó Sophie, con el corazón acelerado. Oye, Matt. Depende de por qué lo preguntas. Necesitaba dejar claro desde el principio que no buscaba sexo casual. Si alguien de verdad quería conquistarla, la invitaría a una cita formal. Después de meterse en la cama, su teléfono volvió a sonar. ¡Quiero invitarte a salir! Estás en Ciudad Olimpo, ¿verdad? ¿Qué te parece el nuevo restaurante de la Quinta Avenida, a las 7? Puedo recogerte. ¿Tan pronto? Ni siquiera le había preguntado nada sobre ella. ¿Pero no era ese el objetivo de una cita? ¿Conocer a alguien? Supuso que sería mejor aprender más sobre él en persona que por teléfono. Sus pulgares temblaban sobre la pantalla, indecisa sobre cómo responder. ¿Y cómo sé que no eres un asesino a sueldo? Solo bromeaba a medias. Sophie sabía que no debía darle su dirección a un desconocido de internet, sobre todo viviendo sola. Supongo que tendrás que confiar en mí ;) Sophie intentó no encogerse. ¿Así era como los hombres coqueteaban hoy en día? Bueno, aunque no fuera el indicado, suponía que tener una cita era un buen comienzo. ¿Qué tal si nos vemos allí? :) ¡Es una cita! Aún faltaban dos días para el sábado; tenía tiempo de echarse atrás si quería. ¡Es una cita! :) respondió. De repente, llena de adrenalina, Sophie no sabía cómo iba a dormir. ¿Qué tan mal podía ser?
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