—Hemos llegado, hija. Papá me sonrió al señalar con su mentón la tienda de mascotas frente a nosotros. Asentí con la cabeza y tomé mi bolsa dispuesta a bajarme e ir a la entrevista con la jefa de Oliver. —Gracias por traerme, papá —sonreí de medio lado. Mi padre hizo un gesto con su mano restándole importancia y luego me guiñó un ojo. —Ve, yo te espero aquí —dijo. Me bajé del automóvil de papá y nuevamente sentí ternura al ver la adorable decoración exterior de la tienda, pues tenía en el techo dos círculos que aparentaban ser orejas de ratón. Entré en la tienda y de inmediato vi a la jefa de Oliver, que tal como la vez que vine a buscar a mi hermano, tenía un identificador colgado en su blusa. —Buenos días —la saludé al llegar hasta ella. Sus ojos verdes brillaron con reconocimi

