Capítulo 6: Entre dos hermanos

1434 Words
Narrado por Emma Robles “Lo más difícil de aprender en la vida es qué puente hay que cruzar y qué puente hay que quemar” B. Russell   Ni siquiera a mí se me había ocurrido un escenario tan rebuscado. En el pasillo de una universidad, cerca de las escaleras, con los estudiantes pasando, yo Emma Robles, me encontraba entre dos hermanos. Y no eran muchachos comunes, eran toda una muestra de lo generosa que podía ser la naturaleza con algunos. Me mantuve callada con la llegada de Axel, experimenté a flor de piel la vergüenza de ese inesperado encuentro y los recuerdos de la salida del viernes se aglomeraron en mi mente. Pude sentir sus labios de nuevo en mi boca y como introducía su lengua en mi interior de forma experta y codiciosa. Era bastante curioso como dos personas tan diferentes, podían llevar la misma sangre. Frank tenía un aura simpática y generosa, mientras que Axel inspiraba desenfreno y rebeldía. ¿Eran hermanos realmente? ¿Acaso era posible? ¿Había tenido tan mala suerte como para besarme justo con el hermano del chico que me gustaba? Analicé la situación… ¿Hasta dónde habíamos llegado Axel y yo? Inhalé profundo y mientras ellos hablaban de cosas intangibles para mí, hice un repaso de los hechos. Aquel día, mientras bailábamos Axel me besó. Todo marchaba de maravilla al principio, a pesar de que jamás me había dado un beso francés, le seguí el juego lo mejor que pude. Después de todo, ni siquiera estaba pensando en lo que hacía. La música no me dejaba escuchar mis pensamientos y no sé si era por el alcohol, pero sentía un calor en mi interior que jamás había experimentado. Mi zona íntima comenzó a palpitar. Las sensaciones eran tan agradables y deliciosas que puse las manos en los hombros de mi acompañante y lo apreté con fuerza. Él me respondió atrayéndome hacía su cuerpo poniendo su mano en mi espalda baja. Podía seguir así, hasta que sentí algo duro un poco por encima de mi vientre. Abrí los ojos con sorpresa y corté el beso presa del pánico. Sabía que era aquello, pero no estaba físicamente preparada para aquel contacto. Era demasiado inocente al pensar que podría acostarme con un desconocido. Una cosa eran los relatos y otra la vida real. —Creo que debo irme —solté recuperando la compostura. Mi cuerpo se quejó, pero mi cerebro me lo agradeció. Axel fue muy cordial. No replicó ni se mostró molesto. Todo lo contrario, me ofreció tomar un taxi juntos y yo accedí porque Fernanda y Paul estaban en su mundo. Claro, tomar un taxi con un desconocido era una razón para desconfiar, pero me sentí más tranquila cuando él indicó mi dirección. Una vez nos montamos, recosté la cabeza del asiento y mis parpados comenzaron a cerrarse de forma involuntaria. El sueño iba a vencerme. —No te duermas —me susurró él tomando mi mano y acercándose a mí para que recostara mi cabeza en su hombro. Accedí por cuestiones de comodidad, pero como él miraba hacia a mí en ese momento, pude sentir su aliento y en medio de la oscuridad nos miramos a los ojos. De verdad me sentía muy excitada, estaba mojada y mi interior dolía por la necesidad del contacto humano. Entreabrí mis labios y ese fue el llamado para que Axel me besara de nuevo, pero con mucha más delicadeza. Sus labios eran tan suaves, su aliento tan delicioso, que creo que se me escapó un gemido en su boca. El placer se incrementó cuando él puso su mano en mi rodilla y comenzó  a acariciar la zona para luego ascender despacio con la yema de sus dedos. Abrí un poco las piernas de forma involuntaria y presioné más mis labios contra los suyos para seguir los movimientos de su lengua. Sus dedos seguían subiendo, se encontraban en medio de mis piernas y sentí la punta de uno rozando mi pantis. Puse mi mano sobre su mano y tras abrir los ojos noté como él con un gesto suplicante me pedía permiso para continuar. Me relamí los labios debatiéndome entre seguir o no aquello, cuando el conductor nos interrumpió tosiendo a propósito. —Ya estamos llegando al lugar que me indicaron —dijo con voz ronca mirándonos por el retrovisor. Me alejé del contacto de aquel chico y apreté mis piernas mientras inhalaba profundo para alejar los malos pensamientos. —¿Me das tu teléfono? —preguntó él trayéndome de vuelta a la realidad. ¿Mi teléfono? Repitió mi cerebro con espanto. Lo había dejado en el carro de Paul con mi bolso. ¡Demonios! —Ah… Lo olvidé. También olvidé mi bolso en el carro de Paul —comenté con la cabeza vuelta un lío —supongo que Fer me lo traerá. ¿Puedes avisarle? —Ok, le comentaré a Paul. Pero, me refería a si me dabas tú número. —Por aquí a mano derecha —dije ignorándolo y hablándole al conductor. No quería ver a aquel chico de nuevo. Es decir, sí me parecía bastante guapo y besaba muy bien; pero era consciente de que era demasiado bueno para ser verdad. No buscaba una primera vez fantástica, si esta no iba a ser con Frank (puesto que él era mi amor imposible), buscaba algo promedio. —Si no quieres solo tienes que decir no —comentó él elevando las manos y mostrando sus palmas —no pensaba obligarte. Bufé. —No me sé mi número, por eso no te lo doy —respondí rodando los ojos. Era una mentira piadosa. —Aquí es señor —dijo Alex haciendo que el conductor se estacionara. Había llegado sana y salva a la residencia. — ¿No vas a despedirte? —me preguntó el castaño cuando estaba a punto de bajarme. —Adiós —dije girándome hacia él. —Ese no es un modo de despedirse Emma —replicó Axel antes de acercarse a mí y darme un beso en los labios —espero poder verte de nuevo —murmuró contra mi boca. Le iba a responder algo gracioso, pero el chofer nuevamente tosió y nos separamos. Una vez que me marché, el taxi desapareció de mi vista. Había sido una noche completamente alocada. Me había atrevido a bailar y a besarme con alguien al que apenas conocía. Eso definitivamente me daba mucho material para mis historias…   Desperté de mi trance y observé a los dos hermanos en medio de una acalorada charla. —Supongo que tienes mucho que estudiar Axel, no deberías estar aquí —replicó Frank con el rostro serio. Jamás lo había visto así, parecía realmente molesto. Unos pliegues bastante sexys se formaron en su frente. —La verdad es que no, ya terminé todos mis pendientes. Solo pasaba a saludar a Emma —respondió Axel con su tono despreocupado. —¿Cómo… Cómo sabías que estaba aquí? —pregunté sin comprender. No recordaba haberle dicho qué estudiaba ni en qué universidad. —¿Podemos hablarlo en privado? —me preguntó él bajando el tono de voz y mirándome directamente. Busqué la mirada de Frank sintiéndome acorralada y por suerte, este pareció entender mi súplica e intercedió por mí. —Emma y yo estábamos en medio de algo hermano —dijo tomando mi mano —si nos disculpas —Frank comenzó a caminar mientras me llevaba con él —tenemos un trabajo por hacer. Lo seguí sin girarme para ver a Axel. Era bastante incómodo volver a verlo. Se suponía que aquellos besos iban a quedar en algo de una noche. Incluso, le había pedido a Fernanda que por favor por ninguna razón le diera mi número a su novio, para que así este no se lo diese a Axel. Y eso aún sin saber que era hermano de Frank. Caminamos algunos minutos, hasta que llegamos al área de las caminerías. Había unos cuantos bancos para sentarse y la zona estaba rodeada de árboles altos y frondosos. Una vez ahí, Frank me soltó. —¿Mi hermano te hizo algo? —preguntó cruzando los brazos. Negué. —Nos conocimos en una discoteca —respondí sintiéndome diminuta. —Tranquila, no es mi intención inmiscuirme ni nada, pero como te noté tan nerviosa, supuse que necesitabas mi ayuda. Lamento si malinterpreté todo. —Está bien —respondí. —Gracias. Nos sentamos en el banco y él me dedicó una sonrisa. —Entonces… ¿Aceptas mi condición? Apreté mis labios nerviosa. Las manos comenzaron a sudarme. —Ok —accedí. —Entonces Maestra del sexo cuéntame tu historia, quiero conocerte.      
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