"Ser profundamente amado te da fuerzas, mientras que amar profundamente a alguien te da coraje"
Lao Tse
Era inocente al pensar que las buenas acciones solo podían generar cosas positivas. Tras entregarle el teléfono a Emma, mi vida comenzó a ir cuesta abajo. Tras comerme mis dos helados en aquel sitio de comida rápida, me pregunté por qué la chica de pelo rosa se había marchado casi huyendo. ¿No le caía bien? ¿Le desagradaban las personas?
Si a eso le añadíamos el hecho de que probablemente ella era la reconocida “Maestra del sexo”, eso generaba más dudas en mi cabeza. ¿Realmente era ella? ¿Escribía en base a su experiencia? ¿Por qué ocultaba su identidad? Mi ánimo se había hundido en las profundidades del subsuelo.
Por su parte, Samantha demostrando en todo su esplendor su inmadurez, me había terminado por mensaje de texto. No me sorprendió cuando noté que me había bloqueado en w******p y en r************* . Ella siempre había sido así, impulsiva. ¿Terminarme solo por querer hacer lo correcto? Supuse que así era ella.
Como era costumbre, el día sábado trabajé en la pequeña tienda de envíos de mis padres. Ellos habían visto como un negocio la recepción y entrega de envíos internacionales. Ayudaba en la caja, mientras que mi hermano se encargaba de las finanzas. No me sorprendió cuando no apareció porque tenía “jaqueca”; así como tampoco lo hizo que mis padres lo victimizaran alegando que “el pobre” estaba estresado con los estudios.
Siempre era así, mi hermano mayor parecía ser el favorito por ser el primogénito y mi hermano menor era el adorable por ser el más pequeño. Eso me dejaba a mí en el lugar del hijo del medio. Siempre el del medio. No sobresalía para ellos en ningún modo. Era como una mosca en la pared.
El sábado en la noche, me puse a adelantar mis trabajos pendientes y a estudiar inglés. Samantha no se había manifestado. No era la primera vez que me terminaba. Pero, me percaté de que me había desbloqueado de i********:. En su último estado rezaba: “A veces es mejor terminar una relación si es poco sana”.
Con un mal sabor de boca me dormí. El domingo, me puse a jugar videojuegos y a tratar de ocupar mi mente en distintas cosas para no pensar en todo lo que me estaba pasando. Estaba en eso cuando la puerta de mi cuarto se abrió y mi hermano ingresó a mi habitación con una mueca de fastidio.
—Hola hermanito —me saludó acostándose en mi cama ante lo cual rodé los ojos. Llevaba puesto su short de hacer ejercicio y estaba sudado. Bufé.
—Deberías acostarte en el piso —repliqué ignorando su saludo.
Axel se carcajeó. Era de risa fácil. Odiaba ese detalle en él porque lo hacía parecer un prototipo de simpatía andante. Él era mejor en todo. Era mucho más atractivo que yo (tomando en cuenta todas las novias que había tenido); mucho más inteligente que yo (dicho por nuestros padres); mucho más simpático; mucho más ágil, fuerte, mucho más todo.
—Ese no es modo de tratar a tu hermano mayor —respondió con burla. Sin embargo, se levantó de la cama y se sentó en el piso con un toque de indiferencia.
— ¿Qué quieres? —pregunté retomando el juego. Era raro que Axel entrara a mi cuarto. Siempre se la pasaba en casa de algún amigo o amiga…
—Solo quiero corroborar una información… —tomó su teléfono y comenzó a ojearlo — ¿Estudias con una chica de cabello rosa llamada Emma?
Casi me ahogué con mi propia saliva. ¿Emma? ¿Qué ocurría con ella?
— ¿Qué pasa con ella? —inquirí sin querer responder.
Axel me observó con los ojos entrecerrados.
—Nada. Solo curiosidad.
Fue mi turno de entrecerrar los ojos con malicia. Inhalé profundo.
—Sí estudia conmigo.
—Ok Frank —dijo levantándose —es posible que el lunes vaya a visitarte a tu salón.
Sin decir más se marchó. Era bastante raro, por no decir demasiado que Axel indagara por una chica. Por norma general, todas iban corriendo hacia él. ¿Dónde había conocido a Emma? ¿Por qué le interesaba? ¿Acaso él también sabía que ella era la Maestra del sexo?
Con todo aquello en mi cabeza, deseé que llegara rápido el lunes para investigar a fondo. Tenía que llegar a la raíz de la ecuación.
*-*-*-*-*-*-*-*
En la universidad mantuve un caminar seguro a pesar de que los nervios me invadían. Noté la mirada venenosa de mi ex novia y actué como si nuestra ruptura no me importase. A pesar de que en el fondo sí me sentía un poco dolido. Iba a extrañar las locuras de Samantha y sus comentarios graciosos.
Una vez que inició la clase, me concentré en mi labor puesto que estábamos presentando un examen. Emma, estaba sentada delante de mí como siempre, pero por supuesto, no se había girado para saludarme. Era yo quien tenía que dar el primer paso y confrontarla. Además, me incomodaba la idea de pensar que mi hermano pudiese ponerle una mano encima. ¿La razón? Me parecía extremadamente inocente para él.
Claro, era probable que a pesar de su aspecto de niña buena, en el fondo o fuera de la universidad, tuviese una vida que yo desconocía. Era eso sobre lo que quería indagar para sacar de una vez por todas, ese acertijo de mi mente. Mi fin de semana se había reducido en pensar y pensar en Emma.
Cuando la clase terminó, la chica de cabello rosa se levantó de su pupitre y salió del salón a paso rápido. Yo, la seguí de forma disimulada y la alcancé cuando estaba llegando a la escalera.
—Emma —la llamé sin atreverme a tocarla. Ella se giró y me miró con espanto. —Necesitamos hablar.
La chica asintió y bajó el rostro. Nos apartamos un poco del camino para no incomodar a las personas que pasaban. Emma cruzó los brazos y comenzó a mover su pie derecho colocándolo en puntillas y moviéndolo de forma circular.
—Tú dime —se atrevió a decir.
—Sin querer yo vi tu teléfono —solté sin más expulsando el aire que tenía contenido —sé quién eres. —Me aventuré a añadir.
Ella asintió. Me percaté de que sus hombros empezaron a temblar y soltó un quejido. Tuve que agacharme un poco para poder ver su rostro. Ella estaba al borde del llanto.
—Lo siento —murmuró en voz baja —por favor, por favor no se lo digas a nadie.
Mis ojos se abrieron con desconcierto. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué adoptaba ella esa actitud? ¿Tan malo había sido lo que dije?
—Discúlpame tú a mí, lo menos que quería era hacerte llorar —dije avergonzado. Estaba actuando como un patán, o al menos así me sentía. —Yo solo quería… No sé, conocerte más. Supongo que es algo grande lo que has logrado.
Por fin, la pequeña chica levantó el rostro y me observó. Comenzó a secarse las lágrimas que se habían escapado y a sorber su nariz.
— ¿No piensas que soy de lo peor? —inquirió con voz temblorosa.
— ¿Por qué debería de pensarlo? Lo que escribes es algo fantasioso sí, pero no deja de ser arte. —comenté metiendo las manos en mis bolsillos.
—Arte —repitió ella con un atisbo de sonrisa. Segundos después preguntó —Igual, ¿prometes que no lo dirás? No quiero que los demás lo sepan —explicó en voz baja.
—Seré una tumba —respondí seguro. —Solo tengo una condición —añadí.
Emma entrecerró los ojos.
— ¿Qué?
—Que no temas hablarme, me gustaría poder hablar más contigo. —confesé sintiéndome algo idiota. ¿Qué me pasaba? ¿Por qué estaba actuando como un tonto? ¿Y si ella pensaba que estaba coqueteando? ¿Y si pensaba mal de mí?
Cuando Emma iba a responder fuimos interrumpidos. Mi hermano había aparecido en escena y puso una mano en su hombro. Ella se giró para verlo y un sonrojo cubrió sus mejillas. Mis peores presentimientos se estaban manifestando. Ahí había algo. Pero ¿Por qué me molestaba?
—Hola pequeña —la saludó él con una sonrisa de oreja a oreja —Y hola hermanito —añadió logrando que mi sangre hirviera. Odiaba a Axel.