Tú no eliges a tu familia. Ellos son un regalo de Dios para ti, como tú lo eres para ellos. (Desmond Tutu) . . . Marie sintió unas manos recorrer sus muslos mientras estaba dormida y desarropada sobre la cama que le cedió con tanta amabilidad su jefe. Ella se asustó pero antes de chillar, con la poca iluminación brindada por la luna que se colaba a través de la ventana se dio cuenta de que era él. -Shhh, tranquila- murmuró. Estaba sosteniéndose sobre sus codos mientras casi aplastaba a la chica que le observaba con cierto grado de nerviosismo y de excitación a la vez. -¿Qué haces aquí?- preguntó en un susurro gritado y él le sonrió ladeadamente con un brillo de diversión en esos orbes suyos que concentrados estaban en los labios entreabiertos de la nerviosa muchacha. -¿Tú qué

