Natalia huyó aquella madrugada con una dormida Tempesty, Marina tenía razón se dijo a sí misma luego de abrazar a su hija, tomó mantas, también un par de sudaderas para ella y un nuevo peluche para su hija, estaba recorriendo las calles, la madrugada se pintaba de un oscuro naranja y poco a poco la ciudad de Avonado iba tomando vida, negocios abrían mientras ellas se sentaron en una acera. No fue hasta media hora más tarde cuando su brazo cosquilleaba debido a tanto tiempo sin moverlo. -Buenos días- dijo ella viendo a su hija parpadear. -Mama- la saludó y ella la abrazó. -Hola, nena. ¿Quieres algo de agua?¿Sí?- ella asintió mientras se despertaba y tomaba un poco del vital líquido que tenía en contadas botellas pequeñas. Le peinó su rebelde cabello y sonrió- Estás preciosa. -Gracias- m

