La chica llegó a su casa con tranquilidad, aunque un poco agitada debido a que no está aún adaptada al uso de muletas para desplazarse, pero al empujar la puerta principal de su hogar una ola de hostilidad le dio una bienvenida no grata. Su hermano, junto con cuatro de sus amigos, tomaban cervezas en la sala y la cara de sorpresa de todos pasó a una de repulsión por parte de su hermano. -Vaya, dos inválidos y una casa- el chiste de mal gusto hizo reír a los ebrios mientras Marie intentaba ignorarlo para caminar hasta su habitación. La pierna empezaba a doler y era hora de tomar los medicamentos que le recetó el médico. Entró a la cocina y lo primero que encontró fue un total desastre. Los trastes sucios y todo revuelto, ella miraba hacia el refrigerador y cerrando los ojos, sabiendo lo

