-Okey, metemos esto aquí….Y esto, por acá. Tempesty se rió. -¡No!- dijo cosquilluda, él le sonrió intentando ponerle el vestido nuevo. -¡Tempesty! Por favor, déjame vestirte- le suplicó a la pequeña de dos años que hacía lo que quería con él. En la última semana ambos habían compartido un lazo tal que Mónaco, aún inexperto, no se veía a sí mismo en la capacidad de dejarla atrás. En ese día celebrarían su cumpleaños número dos. Era un día especial y nada lo arruinaría. Primero tuvo que mentir, por supuesto. El decir en la iglesia que la pequeña había sido abandonada por su madre quien era su “prima” no era realmente una mentira, o eso se decía a sí mismo para no sentir que le fallaba al Señor. Él nunca dijo que ella no era su hija, tampoco respondía directamente esa pregunta. Ocultar no

