XIOMARA
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Hoy me levanté sintiéndome liviana, desperté con ganas de empezar a estudiar para poder rendir los dos exámenes; sé que eso para mí no es muy difícil, papá tenía razón cuando decía aquello sobre mi inteligencia.
En verdad me salté como 3 años de medicina solo dando exámenes, algunos me llamaban superdotada, otros, come libros. Pero es simple, mi coeficiente intelectual es apenas un poco más elevado, por lo cual se ve reflejado en mis estudios.
Salgo de mi departamento, ya lista para iniciar mi jornada laboral, así que rápidamente me dirijo a la camioneta. En el viaje, lo único que puedo hacer es ver el hermoso paisaje que en todos estos días me he perdido. Hoy está un tanto pesado, hay un poco de humedad y el cielo gris indica una tormenta no muy lejos de llegar.
Al parar en uno de los semáforos me percato del gran letrero a mi derecha.
—Oye, ¿crees que pueda bajar unos minutos? Necesito comprar algo importante.
—Claro, señorita, permítame aparcar.
Agradezco y permanezco a la espera de que termine de orillarse para bajar. Ingreso a la tienda que había visto y no me equivoqué, es una librería en la que soy atendida de manera amable y rápida. Pido el libro de medicina coreana más completo que tienen, lo compro y salgo.
El resto del camino me dedico a ojear y conversar con el chofer.
Ya, a un rato de haber tomado mi turno de trabajo, me dirijo hablar con una de las muchachas de la cocina y retirar los batidos de los chicos. Conversamos un poco mientras los prepara y me sorprende bastante el hecho de que me contara cómo realmente son, más que nada Minjim. Lo describe como un amor de persona, dulce, atento, juguetón, amoroso, sobre todo con sus hermanos, porque así es como los ven acá, como los 7 hermanos de diferentes madres como se consideran ellos.
Se me hace irónico. Lo único que conozco de parte de Minjim son palabras groseras y malos tratos hacia mi persona, del resto, no lo sé. No he tenido muchas conversaciones aún con ellos, pero bueno, me despido de Ji-An amablemente y voy con los batidos hacia la sala de ensayos. Entro y están todos en pausa...
—Buenas tardes, ¿cómo están? Les traje sus batidos, se los dejo por acá, espero que todos lo tomen.
—Hola, Xio, podemos decirte así, ¿verdad?
—Sí, Choi, no tengo problema. Es más, así me dicen siempre —miento—. Mm, ¿te puedo decir Cho? —Él asiente con una gran sonrisa y vaya que es hermosa, este hombre puede alegrar a cualquiera solo mostrando eso.
Veo como todos sonríen y van por sus batidos, menos Minjim, quien sale de la sala un poco serio, pero no le tomo importancia. Él ya colmó mi paciencia, aunque sí es verdad que ayer me descargué con él, tal vez debería disculparme, no lo sé. Aún no sé si creer en lo que me contó Ji-An, la chica de la cocina, es como si estuviera hablando de otra persona totalmente diferente.
Luego de un rato vuelve Minjim con un té helado y es obvio, eso no le va a alcanzar para recuperar el valor energético necesario para seguir con las prácticas, yo por mi parte lo miro y volteo mis ojos, pero al parecer alguien no se lo va a dejar pasar.
—Minjim, ¿otra vez? Se nota que te está gustando esto de ser el centro de atención —dice muy molesto, Namhyun.
—No digas cosas que no son, no tengo ganas de tomar eso, es todo.
—¿Sabes que estos batidos están hechos para que ustedes recuperen un poco de energía y así seguir sin problemas con el trabajo? Tiene las calorías suficient...
—Sí, Xiomara, gracias. ¡Oh! ¿También eres nutricionista? —El sarcasmo con el que habla es suficiente para mí.
—No, justo eso no, pero créeme que no lo soy porque no me interesa esa área —Río con ironía—, te sorprendería todo lo que soy. —Nadie emite sonido alguno, él por su parte, solo se ve enojado y yo más sarcástica que nunca, jodidamente enojada. Esta no se la dejo ganar—. Y, sobre todo, créeme que soy mucho más inteligente que tú.
—Sí, me consta lo inteligente que eres, pero no creo que lo seas más que yo.
—Te sorprenderías si nos comparan. —De a poco nos vamos acercando uno al otro y mientras, el resto del grupo nos rodea en un ambiente sumamente tenso.
—Jamás nos podrían comparar, yo estoy donde estoy por mi esfuerzo y dedicación... ¿Podemos decir lo mismo de ti?
—¿A qué te refieres? Tu tonito no me agrada y no sabes nada de mí.
—Mmm, no pretendo ofenderte, no vaya terminar teniendo problemas con tu... ¡¿Amante?! Aaah, no, perdón, nuestro jefe. —Suelta esas palabras así no más, burlándose.
—¿Qué estás diciendo? —Largo una gigantesca carcajada—. Ahora, ¿eres espía? Qué mal, te morirías de hambre porque eres pésimo. —Termino de reírme, burlándome de él.
—¡Ja! Ya me parecía que, si a horas de haber sido contratada te ascendieron, no era por nada bueno.
—¡Minjim! Creo que estás cruzando la line... —Pongo mi mano a centímetros de la cara del que acaba de hablar para callarlo.
—Nam, haz silencio. —Me cruzo de brazos—. A ver idiota, te lo voy a explicar de una manera lenta para que tu corta mente lo asimile. El hecho de que, a horas de haber ingresado a la empresa, me ascendieran, no fue por revolcarme con el jefe; yo no necesito arrastrarme. —Coloco mi mano en mí mentón—. Sabes, de hecho, te debo agradecer por ser tan imbécil e irresponsable con tu alimentación, ya que ese día caíste inconsciente y, ¿sabes quién te ayudó? Pues, la paramédico Xiomara. —A Minjim en breve se le saldrán los ojos y yo estoy que escupo rabia por los poros, tengo ganas de darle un puñetazo y gritarle. ¿Cómo me va a llamar zorra?—. Sí engreído, soy médico. —Esto se lo estoy diciendo en la cara. Literalmente lo estoy enfrentando como cuando dos hombres van a pelear y no me contengo, le doy una cachetada—. La próxima vez que quieras llamar zorra a alguien, hazlo con pruebas de que sea cierto.
—¡Ya basta! Esto se les fue de las manos. —Intervine Daek y me agarra de la cintura para alejarme de mi contrario, sino le seguiría pegando.
—¡A LA PRÓXIMA TE PARTO LA CARA! —grito, queriendo arrancarle los ojos—¿CREES QUE PORQUE SOY MUJER ME VAS A TRATAR ASÍ Y VAS A SALIR BIEN PARADO? NOOO, AMIGO, CONMIGO TE EQUIVOCASTE. —Estoy llorando de rabia mientras le grito, siendo sacada por Daek de la sala—. SUÉLTAME…
—¡¡Ya, Xio, por Dios!! Qué brava eres —dice, conteniendo la risa y metiéndonos en el estudio de alguno de ellos.
—¡SUÉLTAME! Me hubieras dejado terminar con ese estúpido… ¿Quién se cree que es? Pedazo de arrogante… —Sigo llorando de pura bronca, diciendo más palabrotas.
—Ay, no, perdón… No puedo con esto. —Estalla en carcajadas—. Quién iba a decir que tienes ese carácter, ¿ah? ¿Cómo es que cabe tanto enojo en ese cuerpito chiquito?