Lentamente abría los ojos, mientras divisaba la luz que se filtraba por las cortinas de la ventana; me sentía cansada, y todavía adolorida, no sabía lo que había pasado, para ser honesta no recordaba nada, no sabía cuánto había estado en cama, y peor aún si alfa me encontraba así no dudaría en echarme, con mucho esfuerzo me levanté cogiéndome parte del abdomen, el dolor volvió siendo insoportable, no aguante más y caí al suelo gritando de dolor; al levantar la cabeza escuché como la puerta era abierta, era teresa, ella podría sacarme
-tere...sa - reprimí un grito, era muy doloroso todo esto
-¿Qué te pasa? ¿No ves que estás lastimada?
- sí, lo sé, pero tú no ves que si el alfa me descubre me mata
- ¿Qué? El no te va a hacer nada de eso, sabes que ven... Vamos a llevarte a la cama para que descanses - mientras me decía eso me ayudó llevándome de vuelta a la cama, pero cuando me acomode en esta logré divisar a una persona en la puerta, ¿Quien podría ser?
- oye... ¿Quien eres?- al terminar de decir eso, mire a Teresa y juntas volteamos a mirar pero ya no había nadie, ¿acaso habré visto mal?
-dime todo lo que recuerdas
-lo que recuerdo... Bueno, recuerdo que estaba hablando con el alfa, y este me lanzo contra la pared, me dolía mucho mis costillas
- yyyy... Nada más?
-mmm... No, en realidad no, ¿Cuánto tiempo he dormido?
-aproximadamente una semana - una semana, como era posible, tenía que salir de este lugar, el alfa ya intuía o sabía lo que era no podía seguir aquí
- Teresa, gracias por todo, pero debo irme
- ¿por qué? - la miraba desconcertada, con los ojos bien abiertos, ¿cómo qué por qué?
-Teresa el alfa me matará, el ya lo sabe todo y - no pude terminar la frase, pues el alfa se encontraba recostado en el marco de la puerta, Teresa al verlo se levantó de la cama, miró al alfa el cuál le hizo una seña para que saliera de la habitación, está sin decir nada más salió
Con miedo y sabiendo lo que pasaría agache la cabeza, ya mi tiempo se había acabado; el alfa cerró la puerta y tras esto hecho seguro en ella, era mi fin y no había vuelta atrás, con paso seguro él se acercó a la cama para luego sentarse
- alfa... Yo... Le puedo explicar... - la voz me temblaba, no sabía lo que diría, no sabía que hacer para que no me hiciera daño como en su despacho
- ¿recuerdas algo? - me estaba preguntando si recordaba algo, pero más que eso no me miraba, eso era algo que me intrigaba, ¿qué había pasado realmente?
- el despacho, no podía respirar mi costilla...
- sí, una de tus costillas se rompió y te estaba perforando un pulmón, si no hacíamos algo ibas a morir - al escuchar esto mis ojos se expandieron, ¿pero si iba a morir no era mejor para él?
- alfa con todo respeto, no sería mejor si me hubiera muerto? Usted me odia y cree que soy una infiltrada sería más fácil sí...
-seria más fácil mantenerte con vida, si morías, dime, ¿a quién más le puedo sacar información sobre tu r**a? - tenía lógica, pero yo no era una infiltrada
-en todo caso alfa, le diré lo que necesite saber, pero déjeme ir, no soy una infiltrada, solo escapó de un destino que tarde o temprano llegará por mí - en todo lo que hablábamos no me había notado ni una sola vez, y la verdad por algún tipo de razón me dolía
- no
- ¿Qué?
- dije que no, no te dejare ir - se levantó de la cama y me dió la espalda para ir hacia la ventana, ver tras de esta, para luego seguir hablando- no te haré daño, no es necesario que ocultes tú... Olor, quieres escapar de aquello a lo que le temes, está bien te ayudaré, pero recuerda que siempre debes dar algo a cambió
No dije nada más, debía pensar todo muy bien, pero si me ayudaría, que quiere de mí? ¿Qué le puedo ofrecer yo?
- trato hecho - como pude me levanté de la cama, me acerque y extendí mi mano, aunque él no me viera sabía lo que estaba haciendo
Se dió la vuelta y por primera vez en esa mañana nuestros ojos conectaron, el me veía con los ojos entrecerrados, tratando de averiguar si por alguna razón escondía algo, pero en cambio yo, lo veía con ojos de sinceridad, me mostré lo más pura ante él, no quería que desconfiara.
Al estar parada delante de él, solo mirándonos, era un poco agotador, el dolor era cada vez más intenso y por alguna razón el parecía notarlo pero no decía nada, lo ojos se me empezaban a empañar y no podía seguir más de pie, caí pero el me agarró antes de que pudiera tocar el frío suelo, yo no quería verlo pero de nuevo había vuelto a respirar normal.
- trato hecho - al decir eso levanté la vista ante él y le sonreí. Una de sus manos se colocó en mi espalda y la otra paso por debajo de mis muslos, llevándome directo a la cama, una vez me dejó ahí, se quedó observándome, el corazón me latía muy rápido y temía que lo escuchará, era un lobo y no cualquiera; mientras me seguía observando, una de sus manos se posó sobre mi pómulo izquierdo, y con suma delicadeza empezó a avanzar, iba a besarme; entre más cerca estaba sentía su aliento, y cuando faltaba poco para besarnos tocaron a la puerta, mis ojos se abrieron dirigidos hacía la puerta, él se levantó rápido, quitó el seguro, abrió la puerta y sin decir más salió por esta.
Mientras seguía procesando todo lo que acababa de pasar y el casi beso, vi a Jordán entrar a la habitación
- hola Makeyla, ¿Cómo te sientes?... - no respondí, porqué seguía divagando en mis pensamientos y en lo ocurrido hace poco - Makeyla, interrumpí algo?
- no, no nada, estaba recordando, la verdad no recuerdo nada después del despacho del alfa
- y como te encuentras?
- bien, muy bien, con dolor pero ya pasará - al decir eso Jordán se acercó más de lo normal
- sabes... Los besos de los hombres lobos pueden aliviar el dolor - la forma en la que lo decía implicaba que estaba coqueteando, prefería pasar de eso, pero ahora que lo pensaba bien, eso podría explicar porqué el alfa quería besarme; mientras seguía absorta en mis pensamientos no me había fijado que Jordán se encontraba a escasos centímetros de mis labios, los cuales sin previo aviso atrapó con los suyos, era un beso suave, me encontraba asustada, no había besado en mi vida y esto era demasiado, además de que me dolía la costilla y que el respirar era complicado, un beso absorbía lo poco o nada de aire que mis pulmones habían llegado a adquirir.