Aaron
—Por favooooor...
Miré a esos ojos verdes y negué con la cabeza, alejando la mirada. Sus manos me tomaron los hombros y me inclinaron hacia ella. Así, nuestros ojos estuvieron a la misma altura y nuestras frentes se tocaban de la forma más inocente posible. Bueno, era la más inocente ya que ninguna otra chica había estado así de cerca de mí sin querer un beso.
—Estoy embarazada, y quiero que seas el padrino de bautizo del bebé.— dijo, rápidamente y mis ojos se abrieron en lo grande. Me alejé hasta que pude abrazarla contra mi pecho y la apreté contra mí un poco, balanceándome de un lado a otro con ella.
—¿En verdad? Felicidades, pequeña, lo sabía, sabía que lo estabas. Pero no es mío, ¿Verdad?— pregunté, medio en broma. Aspen se rió, apartándose de mí y negando con la cabeza.
—¿Cómo podría? Es a Eric a quien follo hasta exprimirlo, no a ti.— se burló de regreso y yo le enseñé mis palmas abiertas fingiendo una cara de asco.
—Demasiada información, Aspen, no quiero detalles de lo que haces en tu intimidad.— dije, lo que la hizo soltar una carcajada. En cuanto la miré de nuevo, ella estaba con su cara de cachorro nuevamente.— Aspen...
—Por favor, Aaron, por favor, ven a cenar con nosotros.— suplicó, pero solo agité mi cabeza de un lado a otro, con los brazos cruzados. Joder que esta mujer era insistente.— Por favor, las cosas con Tamara no pueden ponerse más raras, y sólo dejarán de serlo cuando ustedes decidan dejarlo ir.
—Aspen, quiero conservar los amigos que tenemos en común, ¿Sabes? Cada vez que estamos juntos en la misma habitación, hago alguna estupidez para hacer más problemas con ella, y luego las cosas se ponen incómodas entre los demás.
—Por favor, Aaron, ya conseguimos separar las cosas y mantener todas las amistades estables entre nosotros.— dijo y no pude hacer más que poner los ojos en blanco, trayendome todos los recuerdos de regreso.
No había sido hace mucho que recordé que yo lo sabía todo sobre Aspen y ella lo sabía todo sobre mí. En el cumpleaños de Cameron, mientras revisaba algunas cosas en su ático (en donde yo estaba porque me ofrecí a ayudarla, para esquivar a Tamara), encontré su antiguo anuario escolar y me encontré a mí en él. Yo no era bastante distinto a lo que fui cuando joven, bueno quizás era un poco más gordito antes, la confianza que ahora tenía llegó después de visitar el gimnasio.
Y allí estaba ella, con sus dientes de metal. Así solía llamarla, ella era la novia de mi mejor amigo, así que también era mi amiga. Solía decirme Come-hot-dogs, y no por la forma ofensiva que se usaba ahora, para decir que alguien era gay o algo. Yo sólo era fanático de los perritos calientes. Cuando Patrick me la presentó, ella dijo, Hola, come-hot-dogs, y no tardé en decirle, Hola dientes de metal, por los brillantes aparatos de ortodoncia que usaba. Patrick era un año mayor que ella, y yo había reprobado un año, así que Aspen y yo compartíamos clases.
La verdad es que nos habíamos hecho mejores amigos luego del "Incidente" de fin de curso. Ese que hizo que las amistades que teníamos en común fueran apartadas cuando Patrick rompió con ella. Uno que marcó a Aspen para siempre, y nos unió, hasta que ella fue a la universidad y yo la dejé, mudándome para hacerme artista.
—Fue distinto esa vez, Aspen, quiero decir... Al menos rompiste lazos por completo con ese sujeto y no...— Aspen suspiró interrumpiéndome, dejándose caer contra la pared.
—Volvió cuando estaba acabando la universidad.— confesó, casi avergonzada. Sentí una vena en mi cuello hincharse, lo juro.
—¿Qué?— pregunté casi en total locura, sin una pizca de control pero los ojos atemorizados de Aspen me relajaron.
—Dijo que quería hacer bien las cosas y, ¡Compré un departamento para ambos!— apretó el ceño, enfadada y pronto sacudió la cabeza.— El muy maldito se quedó con él, extorsionándome y no me importa eso, yo... Yo sólo hubiese deseado que no volviera a aparecer en mi vida.
—Aspen,— murmuré casi sin voz, al ver lágrimas juntándose en las esquinas de sus ojos. A veces me gustaba que ella hablase de todo esto con Eric, para que él pueda sanar su alma como él podía, pero también sabía que no quería mezclar ambos caminos, para que su nueva felicidad (Eric) no se mezclara con un antiguo dolor.— Ven aquí.
La abracé, porque no sabía que más hacer. Aún recordaba la primera vez que la abracé para contenerla. Terminamos en un beso, uno tonto, desesperado y que se acabó pronto, lo que era lo mejor, porque no nos queríamos "de esa manera".
—No quiero que ese sujeto me haga llorar, no de nuevo.— dijo, apartándose para limpiarse las lágrimas.— Vamos, Aaron, por favor, ven conmigo a cenar. Te prometo que estarás tan ebrio que no estarás nervioso. Vamos, come-hot-dogs, puedes cenarte todos los rollitos primavera.
Suspiré, dejando caer mis hombros.— Está bien, dientes de metal, pero será la última vez que caigo en tus planes.— eso fue suficiente para que me sonriera ampliamente, con esa sonrisa de dientes perfectamente derechos que había conseguido con sus dientes de metal.— Sólo déjame conseguir una camisa limpia.
—Uh, te quieres poner guapo, y decías que no estabas interesado.— se burló, entrando en el departamento detrás de mí.— Hey, ¿Acaso no soy yo en esa foto?
—Claro que eres tú,— le dije mientras la veía caminar hacia las fotografías sobre la biblioteca que tenía. Yo no leía mucho, sólo cosas de terror, de vez en cuando. Había ido el primer año de la Universidad en un curso de literatura, pero nunca lo finalicé.
No cuando Richard me había oído jugar con la guitarra de unos músicos en un concierto, durante una reunión de estudiantes. Me oyó cantar una vieja canción, que estaba de moda entonces. Y me dijo que era cazatalentos. Dijo que veía en mí el siguiente Jagger, que sólo tenía que buscar un poco más y encontraría una banda. Una semana después, estaba llevándome a Las Vegas junto con tres sujetos salidos de la nada, a ver a un productor. Según supe después, a Eric lo capturaron en una fiesta luego de la graduación en la que él cantaba con su primer banda (una que no quería nada serio), Lucas estaba trabajando en una tienda de música y Elias cantaba gritonamente en una calle, con sus audífonos puesto.
Todo fue como "Que onda, soy Aaron Brooklyn", y ellos se presentaron. Richard sólo me llamaba Brook, así que pronto me quedó. Y pronto también estábamos cantando, sin haber practicado antes, una canción de Hoobastank, una que todos conocíamos. Y se sintió genial. Se sintió genial que el productor estuviera asintiendo y sonriendo, mientras que Lucas se veía feliz de poder, finalmente, tocar una batería real, de las gigantes. Mientras Elias jugaba con el bajo, cantando con pasión. Mientras Eric se probaba en el piano al cantar (algo que finalmente decidieron no hacer) y mientras yo hacía mi guitarra hablar y cantaba al micrófono principal (un sitio en el que decidí no permanecer.)
—Oh, por dios, pero ¡Si eres peor que Briggs!— el pequeño gritito de Aspen me hizo saltar y volteé hacia ella abotonando mi camisa.— Le digo que se vista y tarda dos horas, mirándose al espejo, o sólo viéndome el trasero.
—Pues tu trasero no está mal.— me burlé, inclinando mi cabeza como si en realidad quisiera ver su trasero. Aspen comenzó a reír mientras entraba en la habitación, viendo todo alrededor.
—No está tan desordenado como lo imaginé.— dijo incrédula, echando un vistazo a la ropa colgada en el armario y las mantas estiradas sobre la cama.
—He tenido tiempo libre para limpiar, ahora que tu marido se encarga de la banda... Y nos dio este pequeño receso mientras ve crecer a Eric Jr y al balón.— dije, pero no añadí lo último que pensé. Tiempo libre para pensar en cómo perdí a la calienta, emm, a Tamara. No que alguna vez haya sido mía.
—¡No le digas balón al bebé! Que ni siquiera lo conoces lo suficiente.— dijo con media carcajada, frotándose el vientre y sólo me quedé viendo su estómago plano, como la primera vez que supe que estaba embarazada de Eric.
Ella no tenía la sonrisa triste ni los ojos llenos de miedo, como la primera vez que estuvo embarazada, bueno, o que en realidad, ya no estuvo. No se veía como si su mundo estuviera a punto de caerse, como si acabara de hacerlo, como si no le viera el sentido a la vida. No lo entendí antes, porque no sabía que la conocía, pero entendía ahora por qué tenía miedo cuando creyó que las cosas iban mal con Cameron cuando estaba en su barriga. Fue porque todos los recuerdos del primer bebé regresaron a ella...
—¿Vamos, come-hot-dogs? Tengo un bebé que alimentar.— dijo, con sus ojos verdes llenos de felicidad y yo estaba tan feliz de poder verla así. De poder ver como había superado sus "problemas".
—Claro, dientes de metal. Veamos como va esta velada.— le dije, lanzando mi brazo sobre su hombro para guiarla fuera del departamento.— Y esperemos que no estés equivocada.
—Ya no cometo errores, come-hot-dog. ¿Acaso no viste el precioso ángel que es mi Cam?