Capítulo 10

1788 Words
Justin  Levanté la pesada maleta que traía conmigo y Aaron me envió un vistazo desde el otro lado del corredor, ya que traía un escritorio "pesado" con ayuda de Chad. Resopló y antes de que me hablara, sabía lo que diría. —Joder, chicos, ¿Cómo una mierda tan pequeña puede pesar tanto?— resopló, dejando finalmente caer el escritorio en la habitación elegida, en un rincón. —Bueno, está llena de papeles y documentos legales sumamente confidenciales.— le expliqué, dejando la maleta junto a la cama. Aaron resopló de nuevo en nuestro camino de regreso fuera de nuestro departamento y directo al elevador, para bajar por las demás cosas.— ¿Jodidos documentos? ¿Y por qué no sacaste toda esa mierda de dentro? —Ah, ¿Hola? ¿Acaso oíste la parte de "confidencial"? No puedo abrir los cajones, tienen llave.— respondí, por lo que Aaron lanzó su cabeza hacia atrás con un gemido torturado. El elevador se detuvo y bajamos en la planta baja, dirigiéndonos fuera del edificio donde el camión de mudanzas esperaba por las cosas de nuestra nueva inquilina que debían ser descargadas. —¿Y quién demonios tiene esa condenada llave? Creí que compraron muebles nuevos pero como es obvio que no, creo que tengo el jodido derecho de saber a quién mierda estoy ayudando a mover sus muebles.— gruñó una vez más, tomando la mesa de noche que Chad, subido en la parte trasera del camión, bajó para él. —Son mis cosas.— respondió la dueña de todos los muebles, la nueva inquilina del edificio, la nueva integrante de mi familia. Sabía que las cosas entre Tam y él habían estado, bueno, un poco tensas desde que algo entre ellos había ocurrido (cosa de la que no tenía muchos detalles) y por eso no le dije desde un principio que Tam estaría mudándose. Con nosotros. En nuestra casa. A un piso debajo del suyo. Ya cuatro semanas habían pasado desde que Tamara había sido inseminadas y si bien los embarazos no se toman en cuenta como "seguros" hasta después del primer trimestre, el periodo había acabado para Tam y eso significaba que un pequeño niño ya estaba por crecer dentro de ella. La obstetra decía que no debíamos ilusionarnos mucho aún, que existían riesgos; la clínica de fertilidad decía que las inseminaciones nunca fallaban, y Chad me decía que dejara de pensarlo tanto. Las ecografías aún no dejaban ver nada y las pruebas daban positivo. Todo estaba haciéndose una bola de tensión y, noté entonces que me quedaría tranquilo cuando Tamara pudiese estar todo el tiempo a mi alrededor, así podría cuidarla, y al bebé. Aaron pareció enmudecer mientras llevaba la mesa de noche dentro, pasando de lado por Tamara sin echarle un vistazo. Ella me observó con cierta pesadez en su mirada, algo herida, mientras fingía sonreír. —Vaya, parece que en serio no quiere mover muebles.— se burló Tam, intentando cargar su voz de humor pero no lo consiguió por completo. Me acerqué hacia ella y la achuché un poco. —Está bien, Tam, sea lo que sea que está pasando entre ustedes, las cosas van a mejorar.— le aseguré, afortunadamente sin la vocesita malvada de mi cabeza para decirme lo contrario. Desde que me habían recetado un nuevo tratamiento acompañando la terapia, todo iba viento en popa y ya no pensaba el lado pesimista de las cosas. —Nada pasa entre nosotros,— dijo despreocupadamente, acomodándose un mechón de cabello tras su oreja. Se encogió de hombros, abrazándose a sí misma.— sólo supongo que no tenemos una buena relación. Ya tuvimos varios, eh, roces. —No quiero preguntar qué tipo de roces.— se burló Chad, pasando junto a ella con un monitor de computadora. Las mejillas de Tam se le pusieron rojas y llevó arrastrando su maleta al interior del edificios. Oh, yo me imaginaba que tipo de roces habían intercambiado ellos dos, pero lo que no entendía era cómo había salido todo mal al final. Incluso le había preguntado a Aspen la primera vez que los vi discutí pero ella sólo dijo que Tamara no le había dicho nada. Lo que era extraño. Quiero decir, nosotros éramos sus amigos. Nos lo decíamos todo. Bueno, no era sólo Tam la extraña. Aspen actuaba como si tuviera algo escondido, ¿Ella sabía algo y no quería decirme? ¿Tenía una sorpresa? ¿O qué demonios se escondía? Esa tarde, cuando tocaron el timbre en mi departamento y al abrir me encontré con su cara, tomó todo de mí no comenzar a interrogarla. —¡Sorpresa!— dijo Aspen, entrando con Cameron en sus brazos. La niña comenzó a agitarse en mi dirección y la tomé achuchándola más de lo necesario antes de dejar que Chad la tomara. Aspen me dio un ligero abrazo y luego fue hasta Tam y la abrazó también.— ¡Felicidades por la mudanza! Trajimos de cenar... —Oh, dios, no tenían que haber venido.— dijo Tam, poniendo los ojos en blanco y Aspen la apretó contra su costado en un abrazo. —¿Bromeas? Vienes a vivir aquí, tienes que hacer una fiesta o algo así. Trajimos vino y champán también.— dijo Aspen, señalando a la entrada donde Eric aparecía con una bolsa grande de comida china para llevar y otra con algunas botellas. —Bueno, Sexy, no es como si tú y Tam pudieran tomar.— dijo Eric, cerrando detrás de él y entregándome una bolsa luego de saludar.— ¿Puedes poner eso en platos, por favor? —Claro que puedo, no te preocupes.— dije, tomando la bolsa de comida antes de tomar el brazo de Aspen y llevarla conmigo a la cocina.— Vamos, cariño, que necesito ayuda. —Por supuesto,— dijo Aspen, siguiéndome la corriente pero yo sabía que ella notaba que tenía una duda en mi cabeza. En cuanto estuvimos seguros que nadie nos oía en la cocina, Aspen se inclinó más cerca de mí.— ¿Qué sucede ahora? —Tamara, Aaron, necesito más detalles.— dije velozmente, y Aspen puso los ojos blancos mientras iba por los platos.— ¿Qué? Sólo tengo curiosidad. Puedo ver que hay mucha tensión entre ellos y, ¡El beso que se dieron en el cumpleaños de Cameron! No puedo dejar de pensar que hay algo raro ocurriendo. —¿Qué tan raro es que a alguien le guste otro alguien pero ese alguien, bueno, no acepte del todo al primer alguien?— dijo Aspen y yo me incliné más cerca de ella, abriendo la bolsa con comida. —¿Qué es lo que sabes?— la interrogué y Aspen se puso de color roja mientras sacudía su cabeza de un lado a otro. Ella definitivamente sabía algo.— Aspen, no te atrevas a mentirme. —Entonces no voy a abrir mi boca.— dijo, dándome la espalda para ir por los cubiertos.— Escucha Jus, a veces hay cosas que no se pueden decir... —Soy tu mejor amigo...— murmuré, desesperado. Tenía miedo de que la vocesita insistente de mi cabeza quisiera resurgir ahora mismo, justo cuando no la necesitaba. —Lo sé, Jus, pero a veces se te confían cosas y prometes no decir nada, y sabes que tomo en serio las promesas.— dijo Aspen, suplicando con su mirada que la dejara en paz. Mi mente tenía una discusión interna de si debía perdonarla esta vez o sacárselo todo, pero antes de poder decidirme, Eric se apareció en la cocina. —¿Qué les sucede a ustedes, cotorras parlachinas, que aún no traen la comida?— dijo con una sonrisa, caminando directo hacia su esposa. La tomó de la cintura y la abrazó contra su costado, besando su frente.— ¿Acaso es que están hablando del nuevo bebé? —Oh, no, no... Todo el mundo dice que es de mala suerte hablar sobre el bebé cuando aún no ha pasado las doce semanas de gestación.— dije, sirviendo la comida en platos. Eric frunció el ceño mientras frotaba el vientre de Aspen con la palma abierta. —Pero si ya van trece semanas, ¿Verdad?— preguntó Eric, y Aspen me miró con los ojos abiertos en grande, como mi boca que había caído abierta de sorpresa. Ella le dio un codazó a Eric. —¡Eric, aún no se lo he dicho!— gritó, empujándolo a un lado y Eric se sonrió a medias mientras que Aspen se sonrojaba. —¡Perra maldita, ¿Por qué no me dijiste nada?!— grité yo, dejando a un lado a las bolsas. Me acerqué a ella y la rodeé en mis brazos, intentando ignorar las lágrimas de mis ojos.— Felicidades, imbécil, debiste decirme... —Oh, lo sé, lo siento. Ya sabes, la cosa del primer trimestre.— me aseguró, mientras yo frotaba la espalda de mi amiga. Toqué su vientre, lo que la hizo sonreír y movió su cabeza de un lado a otro.— Pensaba decírselo a todos ahora.— con esto, le lanzó una mortal mirada a Eric. Él se encogió de hombros, con una sonrisa de problemático.— Sexy, ya se lo he dicho a todos allá afuera, joder, tenías que haberlo dicho antes. Aspen suspiró, lanzando su cabeza hacia atrás. Eric aprovechó la ocasión para abrazarla contra él y la besó, uno de esos besos que me hacían creer que ellos debían estar en una película romántica. Ella lo apartó y él le susurró algo al oído que la puso completamente roja. —¡Briggs! ¡Vete de aquí!— dijo Aspen, apartándolo y él se fue riendo, frotando el trasero de Aspen mientras se alejaba. Ella se puso por completo roja, mirándome tímidamente e intercambiando la mirada conmigo y los platos que servía.— Que vergonzoso... —Oh, vamos, ¿Cuantas veces has oído a Chaddy decirme una que otra cosa sucia? Además, la cosa entre ustedes es dulce, y sobre todo, ¡Vamos! ¡Es obvio que lo hacen como conejos! Embarazada de nuevo... —Es que a veces se olvida de usar latex, en especial cuando no lo hacemos en casa.— dijo, agitando su cabeza de un lado a otro y borrando cualquier idea que hizo que sus mejillas se pusieran rojas de nuevo.— Pero regresando al tema que comenzó todo esto, ve por Aaron, y dile que vine a cenar y que lo quiero con nosotros. —Pero, él sabe que Tamara está aquí, cariño, Aaron no querrá venir.— fruncí el ceño, ella sí sabía más y no podía decirme. Eso era frustrante. —Entonces, iré yo... Voy a volver pronto, lo prometo.
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