AARON
Un desastre de niños corriendo por todas partes estaba en acción y lo más sorprendente de todo, era que yo no estaba molesto, harto o cansado. De hecho, esto me parecía bastante divertido y entretenido de hacer. Ya saben, correr tras los niños, decirle que hicieran esto o lo otro, ayudándolos con los juegos, asegurándome de que no pelearan...
—¿Quién quiere un hot-dog?— grité, y varios niños saltaron gritando "¡Yo! ¡Yo!". Bajé la bandeja que yo tenía y los niños lo tomaron, vaciando la bandeja. Ellos salieron corriendo y yo dejé la bandeja en una de las mesas.
Una cosita preciosa envuelta en un jardinero caminó directo hacia mí y casi me morí de ternura (algo que no me había pasado mucho) mientras me inclinaba para recogerla en mis brazos.
—Eric Jr. qué bonita que te ves. ¿Cómo es que estás solita?— le dije, por lo que ella me balbuceó algo, agitando sus manos de un lado a otro. Besé su pequeña cabecita y ella me abrazó el cuello hasta que una mano tiró de mi camiseta.— Oye...
—Yo estoy cuidándola, tío Brook, sólo vine por algo de soda.— dijo Tony, o Gideon, no lo sé. A veces no los distinguía. Eric Jr. se retorció en mis brazos y la bajé, viendo como su primo la sujetaba de la mano y ambos se iban hacia el pelotero donde todos los niños estaban siendo supervisados por una de las hermana de Eric.
Caminé de regreso a la cocina, donde Aspen y su suegra, junto con su cuñada y su hermana, estaban preparando de comer para los niños y hablando quién sabe que cosa ahora que me había ido. En cuanto entré, me acerqué a Aspen y ella me rodeó con su brazo.
—Es increíble que este sujeto sea así de bueno con los niños, pero, ¡Ya lo ven! Cameron lo adora.— dijo, apoyando su cabeza sobre mi hombro y yo apoyé mi cabeza sobre la suya.
—Es la facilidad con las mujeres, Aspen, no te confundas.— me burlé y ella puso un mini hot dog en mi boca.
Ellas comenzaron a hablar, quién sabe de qué cosa cuando la calienta braguetas entró por la puerta, junto con Eric. Entonces, recordé que ya no podía decirle así. Y recordé, que ya ni siquiera podía hablarle. Esos ojos avellanas me vieron de inmediato y yo alejé la mirada, porque tampoco podía mirarla.
Casi y podía decir que la odiaba. Pero no lo hacía. Sólo estaba molesto con ella, por razones que ni siquiera me importaban, ni debían importarme. ¿Cómo podía embarazarse de otro sujeto? ¿Cómo podía embarazarse para tener el hijo de otro sujeto? Quería tanto poder sólo... Follarla, largo y tendido.
—Oh, dios mío, no me dijeron que el cara de pene estaría aquí.— dijo Tamara, en voz alta y la miré confundido, encontrándome con sus ojos fijos en mí. ¿Y ahora qué le había hecho yo? Eric le dio un ligero codazo, sonriendo y ella sólo le sonrió por un segundo antes de verme de regreso.
—Iré a ver a los niños, creo que estaban jugando con un balón.— le dije a Aspen, soltándome de su agarre para salir de la cocina. Aspen me tomó de la manga, su expresión feliz tornándose una de preocupación. Ella me veía como si yo fuera su hijo, maldición.
—Aaron, ¿Qué es lo que sucede?— articuló sin palabras y yo sólo agité mi cabeza de un lado a otro, soltándome sutilmente de su agarre.
—Sólo voy a ver a Lucas, que Dana esté aquí está poniendo las cosas algo tensas.— eso realmente era por Lucas, pero al parecer, la situación aplicaba también a mí. La cocina estaba sintiéndose más apretada y yo sólo quería escapar de ahí.
No me perdí la mirada apagada de unos ojos avellanas mientras salía de la habitación y caminaba directo hacia el patio. Los niños se habían turnado en quien cuidaría a Eric Jr, pero ahora mismo, ella se veía bastante cansada en brazos de Lucas.
—Oye,— dije llamándolo mientras me sentaba junto a él. Me miró con una sonrisa y señaló con la cabeza a Eric Jr., que casi estaba cerrando los ojos. En cuanto ella me vio, sus manitos se extendieron hacia mí y yo la tomé, recostándola en mi brazo.— ¿Cómo estás, hermano?
Hubo una época en que él y yo no congeniábamos, no muy bien. No como deberíamos como una banda, pero yo lo entendía. Él era todo seriedad, responsabilidad y yo sólo un vago que quería disfrutar de todo lo que pudiera. Desde que Eric ya no era mi compañero en las andadas, mi comportamiento había menguado bastante hasta el punto en que ya no salía a beber todas las noches ni me acostaba con tres chicas por día. Y desde su divorcio, él se había refugiado en todos nosotros.
—Supongo que bien, estoy feliz incluso de sólo poder ver a mi Becky.— murmuró, acariciando el cabello de Eric Jr. que dormía en mis brazos. El divorcio había concluído con una custodia compartida, pero con el trabajo que la banda estaba generando, él tenía poco tiempo para ver a su hija. Una sonrisa tiró de sus labios viéndome por completo.— ¿Cómo estás llevando las cosas, tío fatal?
Resoplé entre dientes, fingiendo estar enojado. No podía enojarme en serio por dos razones: una, prefería que se burlara con una sonrisa a que se quedara callado y con una mueca triste en su cara y, dos, mi "sobrina" (y todos los demás niños) me hacían sentir bien.
—Oye, los niños siempre atraen chicas...— dije, poniendo mi mejor sonrisa de captura y Lucas se rió, levantando la mirada hacia atrás de mí. Eché un vistazo mientras Justin se sentaba junto a nosotros.— Oh, bueno, siempre atrae y ya...
—¡No te atrevas, Brook! Soy casado.— dijo Justin y robó a Eric Jr de mis brazos. La niña miró a Justin, y volvió a dormir sobre su hombro.— Oye, ¿Crees que puedas ayudarnos en unos días?
—¿Qué sucede?— pregunté, asustado de su respuesta. Podía ayudar, en cualquier cosa, pero si eso implicaba pasar tiempo con la calienta braguetas, me negaría de inmediato. No podía pasar tiempo cerca de esa mujer sin tener sentimientos contradictorios todo el tiempo: besarla, insultarla, golpearla (una nalgada, al menos), besarla, follarla...
—Necesitaré mover unas cosas y Chad no va a estar así que...— comenzó y rodé los ojos. Este hombre siempre se comportaba como una mujer indefensa, aún cuando tenía unos grandes (bueno, no tan grandes como los míos) músculos.
—A veces creo que me equivoqué al mudarme a tu edificio.— dije y Justin soltó una carcajada.
Desde que Elias y Eric se habían ido de nuestra mansión (Lucas nunca había vivido allí), la casa se sentía demasiado sola y cuando el amigo de Aspen me dijo que un departamento estaba disponible en su edificio, acepté de inmediato. Sabía que si me sentía sólo, podía bajar el elevador el piso que nos separaba y pasar a saludar. Aunque desde el divorcio de Lucas, él vivía en el departamento conmigo. Además, a Eric le quedaba sencillo poder ir a las reuniones, ya que su mujer se iba al piso de abajo a la casa de sus amigos.
—Oh, tú amas vivir en el piso de arriba, y es porque adoras las galletas de mi Chaddy.— dijo, con una sonrisa, poniéndose de pie. Eric Jr. se despertó y volteó hacia mí, con un puchero mientras se lanzaba a mis brazos.
—No podría ser por otra razón, me iría de no ser así. Estoy cansado de oírlos follar.— me burlé y antes de poder decir algo más, alguien puso una galleta en mi boca para callarme.
—Groserías, Aaron, Cam está en tus brazos.— dijo Aspen, y pronto su bebé se sentó en mis brazos, extendiendo sus brazos hacia su mamá. Aspen la tomó pero Eric, apareciendo a su lado, la miró con algo de duda, como si tuviera algo en su boca para salir, una queja, pero sin decirla.— No querrás que mi pequeña bebé aprenda esas palabrotas.
—Oh, no seas exagerada, sabes que está muy joven como para aprender algo, Sexy.— dijo Eric, tomándola de sus brazos y la bebé sacó el chupete de su boca antes de decir:
—Sesi...— soltó una risita y escondió el rostro bajo el cuello de Eric. Aspen se quedó con la boca abierta, viéndolos fijamente y la cerró casi temblando.
—¿Acaba de decirme Sexy? — dijo Aspen, mirando con el ceño fruncido a Eric. Eso significaba problemas, posiblemente, no serios, pero problemas de todas formas. Eric se encogió de hombros, abrazando a Aspen y le besó ruidosamente la mejilla.
—Te amamos, Aspen. ¿No es eso lo que importa?— preguntó, permitiendo que Cameron la abrazara también. Ella suspiró y se dejó envolver en su abrazo antes de ver hacia mi amigo con los ojos brillosos.
La mujer perfecta. Ella lo era. Y estaba más que feliz que Eric la tuviera. Ellos encajaban tan bien juntos. Eric frotó sutilmente el vientre de Aspen y la realidad me golpeó. Aspen alejó la mano de Eric, viéndome asustada al notar que yo lo ví y yo sólo le guiñe el ojo, porque estaba feliz por ella y era su noticia que dar, no la mía.
—¿Lo ves, Aspen? Que te diga Sexy es mejor a que diga follar como primer palabra.— dije, apoyando a mi amigo. Eric me golpeó la espalda con una palmada y pronto otra mano estaba sobre mí.
No tuve que voltear para reconocer a la persona detrás de mí. Yo sentí esa pequeña mano sobre mi cuerpo antes. Y me encantaba. Y quería más. Pero ella no. Ella no me quería a mí, ella era un horno temporal, una madre sustituta. Prefirió eso a algo más conmigo. Porque me rechazó cuando aún teníamos tiempo. Me rechazó cuando todo era posible.
—Oye, Aaron, ¿Podemos hablar?— preguntó, y todos estaban viéndome, o sino la hubiese mandado al diablo. O le hubiese suplicado, no lo sé.
—Claro, ¿Qué pasa?— dije, sin echarle un vistazo. Tamara debió hacer alguna seña, porque todas las personas de pronto estaban alejándose. Ella se sentó a mi lado y me miró fijamente, pero yo sólo la vi por un segundo antes de alejar la mirada.
—Escucha, sé que las cosas se ponen raras entre nosotros siempre y...
—¿Raras? A mí no me ocurre nada, Tamara.— dije, tan cortante como podía y Tamara me golpeó el brazo con fuerza.— ¡Oye, qué te pasa!
—No fingas eso, por dios, cara de pene. ¿Desde cuando me llamas Tamara?— preguntó sacudiendo su cabeza de un lado a otro. Me enseñó las palmas, en modo de rendición mientras resoplaba frustrada.— Escucha, al diablo, sólo quiero hacer las paces. Por los amigos en común que tenemos.
—No tenemos nada por qué hacer las paces.— dije, otra vez ácido y sin que me lo esperara, sus labios esponjados estaban contra los míos, exigiéndome que la besara, y yo caí, como el idiota que soy. Cuando lo estaba disfrutando demasiado, ella se alejó, por completo, como si lo que acaba de ocurrir no hubiese ocurrido.
—Paces, Aaron. Por los demás. Olvidemos todo lo que ocurrió entre nosotros.— dijo, relamiéndose los labios y me sentí tentado a decirle que se fuera al diablo. ¿Me da un jodido beso que me deja viendo las estrellas y ella sólo quiere hacer las paces y olvidarlo todo? Al diablo con ella. Así que sólo me levanté, sin decirle una palabra mientras me alejaba.— Aaron, por favor...
Rogar, ah, ahora estaba dispuesta a rogar por algo de mí. Salí fuera del patio y fuera de la casa antes de que lo notara, y me subí a mi motocicleta antes de acelerar lejos de aquí.
Alcohol. Necesito alcohol para olvidarla. Y necesito una chica, una que me haga olvidar ese beso.
Joder, eso parece tan imposible.