Capítulo 13

1553 Words
Chad Cerré de un golpe la puerta del dormitorio y lo primero que hice fue estrellar mis labios contra Justin. Su gemido me dijo que no se oponía en lo absoluto, es más, sus manos intentando desnudarme mientras yo lo llevaba de espalda hasta la cama, que golpeó tras sus rodillas y lo obligó a sentarse, aún sin separar mis labios de los suyos me decían que estaba completamente de acuerdo. —Espera, ¿Seguro quieres que hagamos esto? Ha pasado un tiempo y ahora mismo estás ebrio y...— comencé pero fui acallado por sus fuertes manos jalando mi rostro más cerca del suyo, su fuerte lengua dentro de mi boca, buscando y buscando, la mía acompañándola. —Sólo cállate y sácate esos malditos pantalones...— gimió, su mano luchando con el botón de mis vaqueros. Sus deseos eran órdenes. Pateé los zapatos fuera y lo siguiente fueron los pantalones y la camisa. Justin se relamió los labios, el deseo prácticamente emanando de su mirada. Amaba ver esa hambre en sus ojos, como si ya no estuviese lo suficiente duro. Jus se aseguró de eso, su mano perdiéndose en la ropa interior, la ropa interior perdiéndose en la habitación y mi polla dura y ansiosa perdiéndose dentro de su boca. El calor puro, los movimientos de su lengua y él trabajando en mí sólo me hizo sentir como si pudiera explotar en cualquier momento. Eso era lo que le gustaba a Jus, ir directo a la acción, pero yo quería recorrer cada centimetro, besar cada pulgada de piel que me había sido negada desde hace tiempo... E iba a hacerlo. Así que tomé su cabello con delicadeza y lo jalé para alejarlo de mí, sus labios rojos e hinchados viéndose sucios y tentadores. —Joder, te quiero follar tanto,— se escapó de mis labios, en una voz tan ronca que casi no parecía mía. Así de excitado estaba. Empujé a Jus quizás no tan gentilmente hasta que estuvo recostado sobre la cama y yo estuve sobre él y me deshice de su ropa. Entonces no había nada entre el hombre que amaba y yo. Besé cada centimetro, jugué con cada parte de su cuerpo, saboreé su delicioso sabor único antes de ponerlo sobre sus rodillas y lentamente, volverme parte de él. Él volviéndose una parte de mí. —No volvamos a estar en abstinencia por tanto tiempo...— gruñí en su oído, agitando las caderas lentamente mientras mi mano buscaba una de mis partes favoritas de él, mi cabello largo cayendo hasta que cubría la poca luz, proveniente del baño, del rostro de Justin. Mi compañero gimió, asintiendo con la cabeza, volteando su rostro para encontrar sus labios con los míos. Y allí podía estar yo, por toda la eternidad. En su interior. En su dulce y caliente interior. —Chad, eso, eso es, dios, estoy tan cerca, tú sólo... ¡Ah! Su dulce gemido me hizo balancear mis caderas más fuertes, al igual que mi mano sobre él y pronto estaba corriéndome junto a él, dentro de su interior, su calor abrazándome mientras me apretaba, su polla latiendo en mi mano. Extrañaba esto. Extrañaba sólo perderme en él, en besar sus hombros, sus labios, en tocar su piel caliente por hacer el amor. Había pasado un buen tiempo. Desde nuestra última discusión habíamos estado bastante distanciados, acercándonos de regreso poco a poco, que no habíamos pensado en hacer el amor. Bueno, yo lo pensaba, pero no quería presionar. Yo podía resistir mil años si mi liberación sería con este ser maravilloso que era mi esposo. —Chaddy...— gimió un poco después, cuando ya me había despegado de su cuerpo y había hecho una visita al baño. Había estado durmiendo perfectamente tranquilo cuando salí y se retorció en cuanto pasé una toalla húmeda sobre su vientre para limpiar el rastro de su placer. —Está bien, cielo, sólo duérmete...— supliqué, presionando un beso sobre sus labios. Una sonrisa tranquila después, él estaba durmiendo nuevamente. Sí, ambos habíamos bebido y quizás el vino no era algo lo bastante fuerte como para dormirme de inmediato, pero como "alguien" había olvidado las reglas (no beber alcohol era una), a causa de sus medicamentos, él estaría durmiendo un laaaargo tiempo antes de que algo pudiera despertarlo. No me gustaba beber. A Aspen no le gustaba beber. Cuando éramos jóvenes eso nos hacía estar juntos en las fiestas. Gina era la fiestera de nuestro grupo, y luego, cuando partí hacia la universidad, me perdí de todo lo que hubiese ocurrido. Regresé cuando su padre murió, pero entonces ya no era la Aspen que conocía. Se había convertido en una chica triste, deprimida, desanimada... Era bueno que ella hubiese encontrado a alguien como Eric, para amarla y volverla a la vida, o como Tamara y Justin para que la hicieran alegre hasta que lo consiguiera. Y que bueno que no hubiese perdido contacto conmigo y que pudiese haberme llamado ese día, el día que conocí al amor de mi vida en un metro setenta y tres de hombre atractivo y dulce. Aún recordaba el día, su sonrisa viéndome con travesura y timidez a la vez. Era como si estuviese nervioso, sólo de estar sentado a mi lado viendo unas carpetas de diseños. Quiero decir, yo lo estaba. Estaba nervioso sólo de sentarme junto a un dios rubio y arruinarlo de cualquier manera. En ese entonces, había pasado mucho tiempo con chicos que sabía que eran homosexuales, pero Jus era un misterio para mí. No sabía si sólo era juguetón o si en verdad yo tenía oportunidad con él. No iba a ser el primer hetero con el que me confundía. Entonces, él me dijo que yo era sexy y yo no sabía cómo hacer para mantenerme en mi sitio, sin saltar sobre él y besar esos apetecibles labios rosados que él tenía. Que él tiene. Que siempre estoy deseando. ¿Me vi desesperado por pedir una cita de inmediato? Podría ser, pero no quería perder la oportunidad, este hombre era tan perfecto que no quería perderlo, ni dejarle ninguna oportunidad a algun tonto afortunado que pudiera robármelo. Si me vi desesperado, fue porque, en serio, estaba desesperado. Ya no tenía veinte años, mi carrera y estudios me robaban mucho tiempo y en todo ese tiempo, nunca había sentido amor por ningun otro hombre. No hasta que mi Jus llegó. Eché un vistazo a la mesa de luz, a una foto en que todo el mundo estaba en nuestra boda. Toda mi familia y nuestros amigos, y la famila de Jus... no estaba ahí. Su madre a veces llamaba cuando comenzamos a salir. En cuanto Jus le dijo que nos casaríamos, las llamadas sesaron. Su hermana era una homofóbica, y había conseguido envenenar con eso a su abuelo. Agradecía en serio la existencia de personas como la familia Briggs. Mamá Gretchel no era sólo la descripción perfecta de Comprensión y Amabilidad, sino que era la madre sustituta para todo aquel que tuviera una mala madre. Yo tenía una buena, por suerte. Salí de la habitación en dirección a la cocina cuando oí golpeteos en la habitación de Tamara. No pasó mucho tiempo para reconocer sus gemidos, junto con el obvio golpe de la cama contra la pared. Puse los ojos en blanco, esto era lo que ocurría cuando te privabas de sexo por un buen tiempo: podrías romper las paredes si no eras cuidadoso. Yo casi rompí mi cama. Me serví un vaso de jugo de naranja cuando noté que un celular estaba sobre la encimera. Lo reconocí en cuanto encendí la pantalla: el teléfono de Aspen. Yo no quería curiosar el teléfono, no soy una de esas personas, lo juro, pero un mensaje entró en ese momento y se mostró en la barra de notificaciones encima. P: No vas a librarte de mí tan fácil. Tú sabes que yo se todo sobre ti, amor. Mi ceño se frunció un poco confundido y empujé tras mi mente cualquier pensamiento que se le ocurría a mi ebria cabeza. No, Aspen no podía estar engañando a Eric. Otro mensaje llegó de repente. P: Odias esa "vida perfecta" que tienes. Sé que lo darías todo para regresar a lo que teníamos antes de que ese sujeto se apareciera en el medio. La curiosidad se fundió en mis dedos, tomando control propio mientras desbloqueaba el teléfono y veía que había decenas de mensajes de sólo esta hora, junto con algunas llamadas perdidas. Cosas como "Conozco cada parte de ti", "Sé que aún piensas en mí", o "Ve a casa, tenemos cosas que hablar" se anunciaban en la pantalla y una afilada daga se hundió en mi corazón ante el conocimiento. ¿Por qué, sino, tendría al contacto agendado con una simple "P"? ¿Por qué él escribiría esas cosas? ¿Por qué no habría otros mensajes si, aparentemente, él escribía tanto? Ella debía borrarlo, había borrado toda la evidencia, y era sólo para que Eric no se enterara. Esto era malo. Dejé el teléfono y salí corriendo hacia mi habitación, intentando ocultarme bajo mis mantas para así poder olvidarlo todo. Esto estaba mal. Tenía que decirlo, no tenía que callarlo. Pero no quería arruinar nada, yo... Yo sólo no quería admitirlo, pero esa era la verdad. Aspen tiene un amante.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD