Aaron
Inhalé un fuerte aroma a fresas y mi nariz se regocijó en tan dulce aroma. Yo conocía ese perfume. Y ahora estaba por todas partes.
En el aire. En las almohadas debajo de mí. En las mantas a mi alrededor. Sobre mi piel. Sobre su piel. Y no quería moverme, ni un poco, pero el aroma a desayuno hizo que mi estómago resonara y me apretara más contra el cuerpo frente a mí.
—Buenas...— saludé roncamente en su oído, aunque sabía que lo mejor que debí haber hecho era levantarme y salir de esa cama. Escapar antes de que, finalmente, cayera en nuestra mente lo que habíamos hecho. Huir antes de notar que había empeorado las cosas. Que ella me odiaba por haber redoblado su voluntad y haberla follado profundo, como un animal, salvaje y fuerte, jodiendo ese codicioso coño suyo que quería más y más, chupando esos pequeños senos y duros pezones que sabían a cereza.
Joder, tenía que haber escapado antes de que me hubiese puesto duro de nuevo.
Tammy, sin embargo, frotó su tentador trasero contra mi erección, sin descencia alguna.— Buenas, ¿Acaso eres uno de los sujetos que tienen mañaneros?
—Bueno, si eso es lo que quieres, podemos tener un mañanero.— murmuré, acomodándome pronto sobre ella y Tammy envolvió sus brazos alrededor de mis hombros.— Eso, claro, si no es sólo una cosa de "dos veces y ya"
Una carcajada brotó de su garganta mientras una de sus manos bajaba para sostener la dura barra que era mi polla.
—Eres todo un resentido, ¿eh? ¿No podrías sólo olvidar eso y meterme esta cosa tan grande? Eso me dejaría sin quejas y criticas.— aseguró y la obedecí, metiéndome de lleno en el húmedo calor que ya me esperaba.
Tenía razón. Ya no hubo quejas. Sólo ligeros reclamos, suaves gemidos, y un balanceo constante de caderas. Además de sus jadeos, sus piernas rodeando mi cintura. En este momento, sólo podía sentir a Tamara, y todo lo que era ella. Sus tetas pequeñas pero firmes, sus labios gruesos en una mueca de placer, sus ojos apretados cerrados, su nariz arrugada en una mueca, su calor rodeándome, su vientre plano... Que ya no estaría así por mucho tiempo.
Ella tendrá un bebé que no es tuyo, ¿Qué demonios estás haciendo, Aaron? Ella te botará después de esto, ya tiene una vida planeada.
Mis caderas se detuvieron ante el pensamiento y los ojos avellanas de Tamara me miraron con curiosidad.— ¿Qué sucede?
Sacudí mi cabeza ante la idea y volví a agitar mis caderas, pero seguro como la mierda, ya no lo disfrutaba como antes. ¿Cómo disfrutar saber que esto no podría pasar seguido? ¿Cómo disfrutar si ya no podría follarla de nuevo? Mi polla estaba siendo apretada más y más y supe que ella se vendría, y sólo eso me hizo disfrutar esa pequeña porción de ella que me quedaba.
Pero esto no era así, no. Yo era el maldito Aaron Brooklyn y si quería a esta mujer para más tiempo, yo la tendría. Así que me detuve y Tamara me miró enfadada, intentando agitar sus caderas. Las detuve contra la cama también.
—¿Qué demonios, Aaron? ¿Podrías sólo follarme?— gruñó la orden y sonreí picaramente mientras bajaba el rostro para jugar con su pezón.
—Nop...— balbuceé alrededor de la tierna carne endurecida. Tamara arqueó la espalda mientras yo despegaba la boca de su piel.— No hasta que te oiga decir que tengo acceso a ti, en cualquier momento, en cualquier lugar.
—¿¡Qué!?— la sorpresa de su voz era obvia cuando la interrumpí chupando como sabía que a ella le gustaba. Gimió fuerte, con sus manos intentando alejar mi boca de ella.— ¡No, Brooklyn! ¡No vamos a repetir esto!
—Entonces, no vamos a terminarlo.— dije, fingiendo que me alejaba y sus piernas se apretaron más ajustado a mi alrededor.
—Ni lo pienses, Aaron.— dijo, su tono serio dándole credibilidad a la amenaza. Pfff, si claro, esta chica no me aterra.
—Entonces, di que tengo a acceso a ti siempre que quiera.
—¡No!
—Voy a irme.
—Te irías si lo quisieras.
—Me iré.
—Eso no es cierto. Mueve tus caderas.
—No voy a follarte.
—Sé que quieres follarme, soy yo quien tiene esa barra dentro de mí.
—Sí, pero no te follaré si esta va a ser la última vez. No lo soportaría.
Las palabras no eran las que quería soltar, pero ya estaban flotando en el aire delante de nosotros. Tamara se quedó tan silenciosa, con los ojos amplios debajo de mí que creí que lo arruiné todo, hasta que ella soltó un desairado. —Wow.
Sacudí mi cabeza de un lado a otro.— Escucha, Tamara, esto es dificil de decir para mí, pero me gusta follarte, ¿sí? Quiero follarte, ya sabes, por un tiempo, si... Si estás de acuerdo.
—¿Qué? Follar conmigo, ¿mientras follas con zorras por ahí, Brook? Disculpa si me niego, pero si hago las cosas una vez es para no tener que lidiar con este tipo de dilemas.— murmuró, mirando hacia otro lado. Tomé su mentón y la giré, para que me viera directo a los ojos.
—Seremos exclusivos, lo prometo. Sólo tú y yo... por un tiempo, como follamigos.— respondí, añadiendo lo último rápidamente al notar que sonó algo sentimental. Tamara soltó una risita sin humor.
—Acabo de embarazarme, Aaron— discutió y tuve que resistirme de lamerme los labios. Eso es aún mejor. Eric me había contado las ventajas de dormir con las embarazadas.— En los próximos ocho meses voy a estar hinchándome e inflándome como globo.
—Eso no me importa.— contesté y su ceño se frunció en confusión.— Si a ti no te importa que venga aquí entre días de concierto, a mi no me importa.
Tamara pareció pensarlo, y agité mis caderas con mucha lentitud intentando guiarla hacia la respuesta correcta. Un gemido escapó de entre sus labios. —Tendrás a muchas grupis ansiosas de complacerte...
—Prefiero a una fanática que ya conozco a una joven inexperta y ebria mujer...— ¿de dónde salió eso? — ¿Qué me dices, entonces, Tammy?
—De acuerdo.— finalmente gruñó y bajé mi boca para callar los gemidos que, sabía que saldrían, cuando agité las caderas más fuertes, más profundo, encontrando el punto perfecto donde empujar.
Sentí cada gota de mi placer derramándose en su interior, porque, ¿para que un condón? No podía embarazarla más. Pero la idea de llenarla con mi semilla así, sin nada de por medio y poder generar una vida despertó un salvajismo en mí que me tuvo empujando aún más y pronto noté que había conseguido una segunda liberación para mi chica.
Mi chica temporal. Mi chica para el sexo. Joder, de todas formas "mi chica" se oía muy serio. Pero me gustaba. Me gustaba que Tamara fuera mi chica.
Mía. Sólo mía. Al menos, temporalmente.
Nada serio, lo prometo.