CAPÍTULO 12: EL ALGORITMO DEL MIEDO

1913 Words
El lunes en Cambridge no amaneció con el sol dorado del domingo. Una lluvia fina y persistente cubría los edificios góticos de la universidad, dándole al campus un aspecto de cementerio de lujo. La tregua había terminado. En el penthouse, la atmósfera de romance se había transformado en una de preparación militar. Leonardo estaba frente a su muro de cristal, pero esta vez no miraba la ciudad. Sus ojos seguían el flujo de datos de tres portátiles que trabajaban en paralelo. Llevaba su chaqueta de cuero n***o, su armadura moderna, y su rostro había recuperado esa rigidez de acero que solo Clara lograba suavizar. Clara salió de la habitación vestida con un traje sastre n***o que acentuaba su figura, elegante y poderosa. Se acercó a Leo y le puso una mano en el hombro. Él se giró y la besó con una intensidad que casi la hizo olvidar que afuera había un psicópata acechando. —No te alejes de Brandon hoy, ni un centímetro —le ordenó Leo, su voz era un susurro ronco de posesión—. El acosador está furioso por lo de ayer. Humillé su ego frente a todos, y un narcisista herido es un animal impredecible. —No tengo miedo, Leo —respondió ella, ajustándole el cuello de la chaqueta—. Ayer me diste la fuerza que necesitaba. Ahora sé que no estoy sola. En la planta baja, los motores de los autos rugían. Brandon estaba apoyado en su SUV, rodeado por Ian, Nick, Sam y Toby. Todos vestían las chaquetas del equipo, pero bajo ellas, la tensión era evidente. —Escúchenme —dijo Brandon cuando vio bajar a la pareja—. Hoy el protocolo es "Sombra Cero". Ian, tú estarás en el centro de control del campus; hackeaste las cámaras de seguridad el viernes, así que quiero ojos en cada pasillo. Sam y Toby, ustedes son los flancos. Nick, tú te quedas con Leo. Yo no me despegaré de Clara. Si alguien respira cerca de ella sin permiso, lo neutralizamos primero y preguntamos después. —Entendido, Cap —respondieron al unísono. Leo bajó los últimos escalones y miró a Brandon. No hubo necesidad de palabras. El choque de manos entre el Genio y el Capitán selló el pacto de protección. La manada se movió en formación, escoltando a Clara hasta el auto como si fuera la heredera de un trono en tiempos de guerra. La entrada a la universidad fue diferente a la del viernes. Ya no había suspiros de admiración, sino un silencio sepulcral cargado de paranoia. La noticia de que "Dante" era en realidad un Novak y que Clara Rissi estaba bajo su protección absoluta había cambiado la jerarquía social. Mientras caminaban hacia la facultad de Derecho, los teléfonos de casi todos los estudiantes empezaron a vibrar al mismo tiempo. Un sonido agudo, molesto, como un chillido digital. —¿Qué es eso? —preguntó Clara, llevándose las manos a los oídos. —¡Ian, dime qué está pasando! —gritó Leo por su auricular. —¡Es un ataque de inyección masiva, Leo! —la voz de Ian sonaba frenética—. Alguien activó un protocolo de broadcasting forzado en todas las redes de la universidad. ¡Está enviando un archivo a cada dispositivo conectado al wifi del campus! Leo sacó su teléfono modificado. En la pantalla apareció un video. No era una foto de Clara, era algo mucho más retorcido. Era un montaje de audio: la voz de Leo diciendo "Te amo" mezclada con gritos de terror de grabaciones antiguas de la familia Rissi. Y sobre el audio, una imagen distorsionada de la mansión de los tíos de Clara envuelta en llamas digitales. —¡Maldito sea! —rugió Leo—. Brandon, llévatela a la biblioteca, es el lugar más fácil de defender, tiene pocas entradas. ¡Nick, conmigo al centro de servidores! La universidad se convirtió en un caos. Los estudiantes miraban sus teléfonos con horror, algunos gritaban, otros buscaban a Leo con la mirada, culpándolo por el disturbio. Leo y Nick corrían por los pasillos subterráneos, el terreno del Genio. Nick, a pesar de no ser un experto en computadoras, llevaba una escopeta de impulsos electromagnéticos que Leo había diseñado. —¡Leo, a la derecha! —gritó Nick. Dos figuras vestidas con uniformes de mantenimiento, pero con movimientos demasiado ágiles para ser trabajadores, les cerraron el paso. No hablaban. Solo sacaron porras eléctricas. Leo no se detuvo. Usó la pared para impulsarse, lanzando una patada giratoria que mandó al primero al suelo. Antes de que el segundo pudiera reaccionar, Leo lo agarró por el cuello y lo estampó contra las tuberías de vapor. —¿Quién te envió? —le rugió Leo, apretando hasta que el hombre empezó a ponerse azul. —Él... él dijo que el Genio es solo un niño jugando con juguetes —escupió el hombre antes de quedar inconsciente. —¡Leo, muévete! El servidor principal está siendo sobrecalentado —advirtió Ian por la radio. La Resistencia en la Biblioteca Mientras tanto, en la biblioteca, Brandon había formado un perímetro con Sam y Toby. Habían movido mesas pesadas para bloquear la entrada principal. Clara estaba en el centro, rodeada de libros antiguos, sintiendo cómo el miedo intentaba regresar, pero se mantuvo firme. —Brandon, algo no está bien —dijo Clara, señalando hacia las ventanas altas—. No hay nadie afuera. Los estudiantes se fueron todos. Brandon miró hacia afuera y sintió un escalofrío. —Es una trampa. Nos aislaron. Sam, vigila la salida de emergencia. ¡Toby, conmigo! De repente, los aspersores contra incendios de la biblioteca se activaron, pero no soltaron agua. Soltaron un gas denso y blanquecino. —¡Máscaras! ¡Pónganse las máscaras ahora! —gritó Brandon, sacando los dispositivos de su mochila y entregándole uno a Clara. Desde las sombras de los estantes de libros, empezaron a salir drones, pero no eran los de combate del puerto. Eran pequeños, del tamaño de una moneda, moviéndose en enjambre. —¡Son micro-cámaras con inyectores! —Clara reconoció la tecnología por algo que Leo le había mencionado—. ¡Brandon, no dejes que se acerquen a tu piel! Brandon empezó a golpear los drones con una silla, mientras Sam usaba un extintor para derribarlos. La manada luchaba con una lealtad feroz, protegiendo a Clara con sus propios cuerpos. —¡No vas a tocarla, sombra de mierda! —gritaba Toby, derribando un enjambre con su chaqueta. Leo llegó al cuarto de servidores. El calor era insoportable. Las máquinas zumbaban al borde de la explosión. Se sentó frente a la consola maestra y sus dedos empezaron a moverse tan rápido que Nick solo veía un borrón. —Está usando un cifrado de 1024 bits... —murmuró Leo, sudando—. Es inteligente. Está usando mi propio algoritmo de protección contra mí. —¿Puedes pararlo? —preguntó Nick, vigilando la puerta con el arma en alto. —No solo lo voy a parar. Voy a quemar su acceso —Leo cerró los ojos por un segundo, visualizando el código como si fuera música—. Vamos, bastardo... asoma la cabeza... En la pantalla, un avatar con una máscara blanca apareció. "Hola, Leonardo. ¿Disfrutaste tu domingo de amor? Fue un desperdicio de tiempo. Mientras tú la besabas, yo instalaba este virus en el corazón de la universidad". —Hablas mucho para ser alguien que se esconde tras un servidor de proxy —respondió Leo, tecleando un comando de contraataque—. Tu error fue creer que el amor me hace débil. El amor me dio un motivo para no tener piedad. Leo activó un protocolo que nunca había usado: "El Legado de Saturno". Era un virus que él mismo creó para destruir cualquier sistema que intentara hackear a los Novak. Era digitalmente nuclear. —¡Nick, desconecta los cables de alimentación manual cuando yo te diga! —gritó Leo. —¡Listo! —¡AHORA! Hubo un estallido de chispas azules. Las pantallas del cuarto de servidores se apagaron y el zumbido cesó de golpe. El ataque al campus se detuvo. El video en los teléfonos de los estudiantes desapareció. Leo salió del cuarto de servidores, empapado en sudor pero con una mirada de triunfo. —¡Ian! ¡Localización de Clara! —Están en la biblioteca, Leo. Tuvieron un encuentro con drones de gas, pero Brandon dice que están bien. El perímetro está seguro. Leo corrió hacia la biblioteca, atravesando la niebla que aún quedaba en los pasillos. Cuando entró y vio a Clara a salvo en los brazos de Brandon (un abrazo fraternal de protección), sintió que podía respirar de nuevo. Clara corrió hacia él y se fundió en su pecho. —Lo hiciste. Lo sentí. El ambiente cambió. —Estamos a salvo por ahora —dijo Leo, mirando a Brandon con respeto—. Gracias, hermano. Una vez más, la manada cumplió. —Somos un equipo, Leo —respondió Brandon, limpiándose un rasguño en la mejilla—. Pero esto no termina aquí. Ese tipo casi nos atrapa en una cámara de gas dentro de la biblioteca. Esto se está volviendo personal. En su escondite, el acosador miraba sus pantallas negras. Había perdido el acceso. Sus manos golpearon el teclado, rompiendo varias teclas. La rabia lo consumía. Había planeado esto durante meses y Leo lo había destruido en minutos. —Novak... —siseó—. Crees que esto es un juego de computadoras. Pero ahora... ahora voy a recordarte por qué los Rissi y los Novak tienen tantos cementerios a su nombre. Miró una foto de Clara que tenía en la pared, atravesada por un cuchillo. —Mañana no habrá videos. Mañana habrá sangre. Y será la de tu preciada manada. La Promesa del Genio De vuelta en el penthouse, la atmósfera era de triunfo amargo. Los chicos estaban sentados en la sala, curándose las heridas y bebiendo agua. Leo estaba de pie en el centro, mirando a cada uno de ellos. —Hoy demostraron que son más que amigos —dijo Leo con una voz llena de emoción contenida—. Son mi familia. Y juro por el nombre de mi padre que ningún acosador, ninguna sombra y ningún algoritmo va a lastimarlos mientras yo respire. Se acercó a Clara y la tomó de la mano. —No vamos a escondernos más. Si él quiere guerra, le daremos una que no podrá olvidar. Ian, mañana quiero que prepares el sistema de vigilancia ofensiva. Nick, Sam, Toby... quiero que empiecen a entrenar con los dispositivos de pulso que tengo en el sótano. Brandon, tú y yo vamos a trazar el plan de contraataque. Clara lo miró, y por primera vez, no vio solo al chico que amaba. Vio al Líder de la Manada. Vio al hombre que estaba dispuesto a quemar el mundo con tal de mantenerla a salvo. —Leo... —susurró ella. —Shh —él la atrajo hacia sí, besándole la frente—. Mañana es martes. Y mañana, nosotros somos los que vamos a cazar. La noche cayó sobre Cambridge, pero dentro del penthouse, la luz de la lealtad brillaba más fuerte que nunca. El Genio había despertado, la Manada estaba lista, y la Reina estaba armada con el amor del hombre más peligroso de la tierra. La sombra creía que los tenía acorralados, pero no sabía que acababa de entrar en el territorio del lobo, y de allí, nadie sale ileso.
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