El cielo sobre Cambridge se tiñó de un gris ceniza, como si el mismo aire presagiara que el día del juicio había llegado. El aniversario de la expulsión de la fraternidad secreta "Lux Umbra" no era solo una fecha en el calendario de los Novak; era el momento elegido por el acosador para ejecutar su sinfonía final. En el refugio seguro, la atmósfera era de una calma sepulcral. Ian seguía estable, bajo la vigilancia de Nick, mientras Leo, Brandon, Sam y Toby se preparaban para el asalto final a la Universidad. Pero era Clara quien dictaba el ritmo. Ya no lloraba. Sus ojos miel estaban fijos en el vacío, inyectados en una resolución fría que asustaba incluso a Brandon. —No voy a quedarme atrás, Leo —dijo ella, mientras se ajustaba un chaleco táctico bajo su sudadera—. He pasado meses siendo

