Mientras intentaba estudiar mi libro, pude notar como su aliento olía a menta tal y como si se hubiese engullido todo un paquete de ellas tan sólo minutos antes de aparecer por allí. Inevitablemente mi mente viajó al recuerdo de como se sentía besarle con ese pequeño sabor a menta rodeando su boca, y tan sólo rogaba por que no hubiera notado la manera en la que estrujé mis piernas entre sí al recordarle. Para mi beneficio, parecía no haberlo notado, dado que se encontraba lo suficientemente ocupado leyendo líneas de mi libro acerca de Salud Pública, en las que nisiquiera se había molestado en bajar el volumen de su voz al hacerlo. Esto llamó rápidamente la atención de la bibliotecaria, que nos miró algo molesta mientras ordenaba unos cuantos libros en sus respectivo estantes. A pesar de e

