Alaska Harrington Él me guió hacia una mesa llena de flores y velas y me saqué el saco para cenar con él. Llevaba un vestido de niña, el azul, y me sentía ridícula, demasiado correcta para alguien como Raúl, demasiado pequeña para el mundo que él habitaba. Aun así, no dije nada. Después comenzamos a comer. Era mi comida favorita, cada plato exactamente como me gustaba, como si me hubiera leído la mente o como si nunca hubiera dejado de conocerme. Me dio jugo mientras él bebía vino, observándome por encima de la copa con esa mirada que siempre me hacía sentir desnuda aunque estuviera completamente vestida. —Mi amor, no soy una niña… —dije al fin, bajando la voz, jugueteando con los cubiertos. —Siempre serás mi niña —me dice él con una media sonrisa—. Y esa monja se enfadara si te lle

