Capítulo 3: Pasado

551 Words
★ Pasado —No te quedes ahí, no les des el gusto de verte así —dijo la pequeña, extendiendo su mano hacia el niño—. Tú vales mucho más que esto. No dejes que te insulten. Si quieres, podemos ser amigos. Yo me llamo Itzel, y he escuchado que tú eres Héctor. ¡Es un placer conocerte! La sonrisa de Itzel era tan cálida y sincera que el corazón de Héctor dio un brinco de emoción. Todavía existía gente buena como ella. Con los ojos aún húmedos, Héctor apretó sus pequeños puños, secó sus lágrimas y tomó la mano de la niña, poniéndose en pie. —¿De verdad quieres ser mi amiga? Nunca he tenido amigos. Solo estaba mi hermano, pero ya no va a esta escuela. Me encantaría ser tu amigo. La sonrisa de Héctor provocó que los ojos de Itzel brillaran aún más. Sentía que por primera vez había hecho algo verdaderamente significativo por alguien más. —¡Sí! —fue lo único que logró decir, tan emocionada como Héctor. —Me llamo Itzel, y te prometo que, desde ahora y para siempre, seremos amigos. ¿Te parece? La conexión entre los dos pequeños fue inmediata. Su amistad se convirtió en el centro de la envidia de muchos compañeros, pero nada de eso les importaba. Compartían secretos, risas y momentos de complicidad. Héctor, que siempre había sido tímido y reservado, encontró en Itzel un apoyo fuerte. Durante el recreo, casi siempre compartían el almuerzo. Itzel, que tenía más recursos, solía llevarle comida a Héctor, pero en las raras ocasiones en que él preparaba algo para ella, lo hacía con el mayor de los cuidados. Para él, Itzel era su ángel de cabellos dorados, y quería que cada detalle fuera especial. —Te traje almuerzo —decía Itzel con una sonrisa radiante. —No es necesario, tú deberías comerlo —respondía Héctor, aunque en realidad, casi nunca llevaba algo para él mismo. —Pues, entonces, compartimos —decía ella, y así, ambos terminaban disfrutando juntos. Su lugar favorito era un gran árbol en la parte trasera de la escuela. Allí podían estar tranquilos, sin que nadie molestara a Héctor. Aquel rincón se convirtió en su refugio, donde podían hablar de todo, desde cosas cotidianas hasta los sueños que tenían para el futuro. Itzel siempre miraba el mundo con optimismo, y Héctor, aunque más reservado, empezaba a verlo también de esa manera. —Este es nuestro lugar secreto —le decía Itzel, mientras ambos se recostaban bajo la sombra del árbol. A veces, hablaban de las leyendas de la escuela: fantasmas que supuestamente rondaban los baños o se subían a los árboles del patio trasero. Itzel disfrutaba asustando a Héctor con esas historias, pero pronto dejó de surtir efecto. Él aprendió a reírse junto a ella, y aunque al principio fingía estar asustado, en realidad solo lo hacía para verla sonreír. Con el paso del tiempo, su amistad se volvió más fuerte. A pesar de las dificultades, siempre se tenían el uno al otro, y esa conexión marcó la vida de ambos para siempre. ★Si has llegado hasta aquí no olvides dejar tus comentarios, y déjame advertirte que está novela no es dulce, está más hacia el síndrome de Estocolmo y el Dark romance... Saludos. Gracias por leerme.
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