Muchas veces he estado esperando la respuesta del saber como puede ser que alguien tan lleno de virtudes, un día se colme de ellas.
Nunca entendí mucho de las mujeres, las mujeres tienen algo de malicia, a su vez perspicacia, y puede sonar misándrico, pero están en una sintonía distinta al de los hombres. Nosotros somos siempre instintivos, y ellas, por lo contrario, son perceptivas.
Bueno, quiero ser un poco práctico y contarles del porque escribí esto, de quien conoció a Melany, y así como la conoció, fue que se ha ido de este mundo. Sí, esto quizás es el final de la historia. Pero es solo el comienzo de una incertidumbre que me llevará todo este libro comentar; ¿cómo es que alguien tan poderoso desea morir? Melany, Melany...ojalá pudieses responderme.
Quizás debería comenzar por contarles sobre quien es Melany. Ella es, además de lo mejor que he conocido, con la misma fortaleza, el ser humano más triste que pude ver. Y sin embargo, el más bondadoso.
En el velorio de Melany, se encontraban sus padres, lloraban desconsoladamente, quizás, porque su única hija había muerto. A veces me pregunto como hacen para no recordar su presencia y romperse. Como hacen para no notar su ausencia. Yo no vivía con ella y siento que jamás conoceré persona igual.
Su hermano, por lo demás, no tenía una buena relación con ella. Con Melany nos lo contábamos de vez en cuando y solía decirme que lo quería y que lo amaba pese a todo. Pese a todo. Bueno, quizás en algún momento les cuente sobre su relación conflictiva, o quizás no.
Como sea, en su velorio habían rosas blancas y rojas por doquier. Sé que ella deseaba las rosas en todo festejo de su vida, inoportunamente, jamás pensé que las habría de ver su velorio.
Bueno, tampoco es que a Melany le gustase mucho las festividades. De hecho, las solía repudiar. También solía decir que de vivir mucho, su vida sería destinada a lo triste y deplorable, pues no quería tener hijos y la sola idea le parecía hostil, y por otra parte tampoco tenía muchas esperanzas en el mundo.
Quizás fue eso lo que la destruyó. La falta de confianza en el mundo, o en las personas.
Bueno, creo que al final nunca les conté como conocí a Melany. Lo hice de adolescente, ambos nos habíamos dado algo como un "like" que significaba que te gustaba esa persona, y había sido recíproco. Era una aplicación que estaba de moda para la gente desesperada y no es que yo haya sido un galán. Eso permitió que pudiésemos hablarnos. Al decir verdad, en un principio esperaba de Melany algo s****l. Es decir, era rubia, tenía ojos color avellana y una cara refresca de juventud. Su cuerpo era como un reloj de arena, pero de forma diminuta. Porque apenas llegaba al metro cincuenta y tres. ¿Quien no querría tener contacto con ella o al menos algo?
Creo que yo fui ese uno. Y no, no fui la causa de su s******o.
Le comenté la primera cita, al conocerla, al verla reír de manera desenfrenada, decir chistes que realmente eran graciosos y hasta a veces crueles, desplegaba una soltura y libertad que jamás había visto en otra mujer. Me contaba de chicos, y de tantas anécdotas de chicos, me perdía entre uno y otro. Y ahí estaba la gracia. No intentaba caerme bien, no buscaba agradarme ni pretendía ser menos, no renegaba de su pasado y de todo sacaba una anécdota para reírse. Hasta de sus tristezas.
Aquel día, quise besarla, aunque no sentí que ella tuviese ganas de hacerlo. Texteamos cuando me fui, y me comentó que le había caído bien y que probablemente volveríamos a vernos porque no estaría conmigo en un modo s****l. No sabría decir si su honestidad me lastimaba, o la hacía más interesante. Luego, creo que le dije que pese a que sentí que era una narcisista, lo cual no reaccionó para nada ofendida, sino más bien, lo reconocía. Le dije entonces que mi corazón en ese momento necesitaba alguien como ella en su vida.
El momento en el que llegó Melany a mi vida, sufría de despersonalización y aún no entendía muchas cosas sobre mí que me hacían sentir muy triste. Las personas a mi alrededor tampoco hacían la gran diferencia, a nadie le importaba y otros fingían hacerlo pero profundamente no hacían mayor cambio en mi vida.
Había estudiadopsicología, y jamás había visto su patrón. Ella, Melany, era perfectamente el eslabón que necesitaba para deslindarme de la tristeza. O eso al menos lo pensé en su momento.
Ese es el gran problema de las personas, que nunca sabemos realmente lo que siente el otro hasta que algo pasa. Para cuando Melany se suicidó, ambos éramos amigos.
En ocasiones lo que más me duele es que todos éramos tristes, incluso ella, pero jamás habíamos entendido con exactitud la medida de las suyas. No voy a mentirles. Hubieron antecedentes.
Todos sabíamos que en algún momento Melany se quitaría la vida. O pensábamos, como solemos pensar en la ilusión por no reconocer la gravedad real de las cosas, que sufría de tristezas exageradas. Es decir, su vida no era un asco en comparación con la de todos nosotros. Sin embargo, Melany, quien alegraba constantemente al grupo, o lo que queda de él, no creíamos honestamente que lo haría. Sabíamos que en algún momento tomaba sus medicaciones pero no sabíamos con exactitud en que momento las dejó, si es que lo hizo. Bueno, se ha muerto de una sobredosis de pastillas.
Supongo, que todos pensábamos que en algún momento las cosas cambiarían. La habíamos visto peor, es decir, cuando comenzó a decaer, y de pronto, comenzamos a verla feliz, como si realmente lo fuera.
Escribo este texto entre lágrimas, porque sé que Melany no volverá. Y ella nunca fue feliz. Solo hemos sido nosotros quienes nos acostumbramos a verla feliz, que creíamos que esa era su esencia. Me siento mal por ella, de solo pensar todas aquellas noches en las que volvió a su casa, a su cama, donde contó en varias anécdotas que solía sobrepensar demasiado y tomarse sus medicamentos, o llorar, me pregunto en que momento ése cuarto significó más para ella que cualquier abrazo que le pudiésemos dar de habernoslo pedido.