Zareth
La oscuridad me envuelve mientras camino por el sendero entre sombras y susurros. No sé qué me trajo aquí, solo sé que algo dentro de mí me consume, una llamada silenciosa que no puedo ignorar.
De repente, la negrura se quiebra y aparece ella, la Gran Hada Madre, tan imponente como siempre, su presencia dominando el espacio.
—Me alegra verte, Zareth -dice con voz firme, pero con un dejo de melancolía -.Hacía mucho que no venías.
No me detengo, mis pasos siguen firmes, mi voz igual de dura.
—No voy a quedarme. Solo busco algo.
Ella me observa con una mezcla de tristeza y poder.
- Espero que no te culpes por la muerte de tus padres. No fue tu culpa.
Un silencio frío se instala entre nosotros.
—No necesito compasión -respondo, sin bajar la guardia—. Solo quiero encontrar lo que vine a buscar.
La Gran Hada Madre me observa en silencio. Su mirada no me atraviesa, me envuelve. Como si intentara recordar al niño que alguna vez fui, antes de que todo se rompiera.
—¿Cuánto tiempo te quedarás? —pregunta, sin moverse—. ¿Un día? ¿Una noche? ¿Una eternidad rota?
No respondo. Porque no lo sé.
—Si necesitas algo
—continúa— estoy aquí.
—No necesito nada.
—Eso es lo que más repiten los que están a punto de desmoronarse.
Frunzo el ceño. No quiero que me lea. No quiero que sepa que anoche no dormí, que los recuerdos me persiguen como si tuvieran garras, como si su sangre todavía estuviera en mis manos.
—No estoy aquí para sanar heridas —murmuro.
—Lo sé. Pero estás lleno de ellas, Zareth. Y no podrás encontrar lo que buscas si no dejas de sangrar.
Trago saliva. Me está desarmando con palabras, y lo odio. Pero también una parte de mí la extrañaba. Aunque nunca se lo admitiré.
—Si estás aquí —agrega, suavemente—, no es solo porque algo te llama. Es porque una parte de ti ya sabe que no puede seguir huyendo.
Levanto la vista. Sus ojos brillan como si ya supiera el final de esta historia.
—Ten cuidado, príncipe oscuro —susurra—. A veces, lo que buscamos nos encuentra antes de que estemos listos para verlo.
Me doy la vuelta sin responder. La oscuridad vuelve a cerrarse detrás de mí como un manto, y su voz queda suspendida en el aire, como una advertencia… o una promesa.
Camino sin prisa, la oscuridad no es más que un fondo estático, un lienzo n***o sobre el que se dibujan mis pensamientos. No es miedo ni curiosidad lo que me mueve. Es un vacío. Una incógnita que debo resolver.
¿Qué busco aquí? No es un objeto ni una promesa. Es algo intangible. Un eco en el viento que no sé si es real o solo una sombra de mi mente.
No puedo permitirme dudar. No ahora. No cuando todo depende de encontrar esa pieza que encaje y me devuelva algo que ni siquiera sé cómo nombrar.
Miro mi muñeca, donde la marca se oculta bajo la piel. Siempre ahí, un recordatorio mudo de lo que no entiendo, de lo que no puedo olvidar.
No es culpa ni miedo lo que me consume. Es un tirón, una necesidad que no sé explicar.
Pero sé que, si no lo encuentro, no habrá nada que me salve.
Así que sigo caminando.
Porque rendirse no es una opción.