Con mi padre en el salón de mi tío después de lo que acababa de suceder, estaba histérica pensando, que hasta podía oler el sexo en nuestros cuerpos sudorosos, y nerviosa le dije: —Vamos papá, te enseño mi apartamento Una vez en el piso de abajo los tres, mi padre miró todo con aprobación y dijo el pobre: —Puedo dormir en el sofá unos días –dijo, al ver que solo había una habitación —Cuñado, mi casa es tu casa –se ofreció —Esperaba pasar todo el tiempo posible con mi niña, mientras no trabajéis claro... —También eso tiene solución, arriba tengo dos habitaciones de invitados, Alejandra también puede quedarse estos días, y así pasáis más tiempo juntos. —Vamos nena, tenemos que ponernos al día, tienes muchas cosas que contarme, y tu madre me ha dado una lista de cosas que debo decirte.

