Seguía discutiendo con mi madre al teléfono, esta vez no iba a convencerme, esta vez y de esta iba a salir sola. A pesar incluso de la cuarentena en la que estaba sumida medio mundo. No podían seguir organizando mi vida, admito que no todos mis errores, eran culpa de los pobres, pero sí un poco me había dejado arrastrar por lo que todos querían, por lo que siempre se esperó de mí. Como casarme con el idiota del hijo del mejor amigo y socio de mis padres. —Cariño, pero aún estás a tiempo de volver a casa, piensa que durante días apenas vas a poder salir de casa, y ahí estás sola… —Vivo en el mismo edificio que el tío, no estoy sola, si necesito algo recurriré a él. ¿No puedes confiar en que sea capaz de hacer nada por mí misma? A pesar de darme la razón en el divorcio y terminar admitie

