—Aguanta un momento, Margarita, no tenemos ni idea de la identidad de este tipo. ¿Y si resulta ser un desequilibrado? —Tatiana era la voz de la razón mientras examinaba el nombre grabado en mi brazo. —¿Lorenzo? De entre todos los que vinimos al viaje, no me suena haber conocido a ningún Lorenzo. —El nombre proviene de Italia. —Margarita empezó a brincar de alegrÃa—. Te vas a acostar con un italiano. ¿De qué manera te topaste con él? Observaba el número con una sonrisa tonta en el rostro. —Es el número del tipo que vi esta mañana. —¿Se volvieron a ver? —Tatiana me observó con una expresión reflexiva en su rostro. —¿Este número es suyo? —Margarita agarró mi brazo mientras guardaba el número con una sonrisa—. Si tú no le haces caso, yo lo llamaré. —Margarita, deja de estar ofrecida. —Tat

