2. ❣ Soy yo ❣

1584 Words
Joshua Garret Observé a un hombre de alrededor de cuarenta años de edad. Vestía uns bata y su expresión era calmada y apacible. Acomodó sus lentes mientras vigilaba a las escasas personas que aguardaban en la sala. Rápidamente me puse de pie y me dirigí hacia el doctor. Me presenté como el esposo de Isabella Garrett, procurando no demostrar ansiedad. —Mi nombre es el doctor Theodore Leaheart— Contestó indicando el camino con su cabeza. Caminé junto al doctor por el corredor. Dada la extensión de la cirugía, era entendible que caminara con lentitud. —¿Qué tal se encuentra mi esposa? ¿Todo en orden? ¿Esta viva?— Mis cuestionamientos brotaban velozmente y mis labios temblaban. Experimentaba la sensación de haber aguardado durante un tiempo interminable. —Le informó que la cirugía fue exitosa, aunque preocupa que la paciente haya sufrido una lesión cerebral traumática. Esperamos que mañana amanezca sin contratiempos, aunque requerirá algunos días para descansar. El Dr. White ha pedido encargarse de su atención personalmente para garantizar que todo avance como se prevé. —Estoy de acuerdo. Por la angustia comencé a interrogarle sobre el paradero de mi esposa. —Teníamos planeado llevarla a su cuarto, pero el Dr. White ha indicado que la ubiquen en la sala VIP que está libre además de que es mas espaciosa—hablaba de manera totalmente serena— él dijo que todo pasaría por su cuenta así que no debe preocuparse por el dinero ni de la cirugía ni de la habitación. —Le estoy muy agradecido—expresaba con ligera tranquilidad—Deseo expresarle personalmente mi agradecimiento al Dr. White. ¿En qué lugar se encuentra? —Se vio en la necesidad de retirarse para descansar—respondía con tranquilidad— pero tendrás la oportunidad de encontrártelo mañana. —Muchas gracias, ¿Sería posible acompañar a mi esposa? Estaría más cómodo si estuviera a su lado. La alegría de que mi esposa siguiera con vida me invadía por completo. Al rememorar los pormenores de nuestro choque, el miedo se apoderó de mí. Al ingresar a la habitación, lo que captó mi atención de inmediato fue la presencia de Isabella. Se encontraba profundamente dormida en la suave oscuridad. De no haber experimentado personalmente el percance, habría pensado que simplemente se encontraba relajándose después de una larga jornada laboral agotadora. Tomé asiento a su lado y entrelacé mis dedos con los suyos. A pesar de percibir su calor, no reaccionaba ya que se encontraba inmersa en un sueño profundo. Observé unos rasguños en su rostro las cual acaricié con ternura con mi mano izquierda. Tras esto le acariciaba su mano con ternura, donde descansaba su anillo de matrimonio. Habíamos vivido muchas experiencias juntos. Aunque contábamos con cierta cantidad de dinero que mucho pensaría que éramos ricos, todo eso fue al esfuerzo de ambos. Mis padres valoraban el esfuerzo laborioso como medio para alcanzar nuestros deseos, al igual que sus progenitores así que ellos nunca nos dieron la ayuda para conseguir lo que teníamos. Durante nuestra etapa de noviazgo, decidimos dormir en un sótano durante un año con el fin de economizar ya que nuestros padres decidieron no ayudarnos, querían que aprendiéramos a apreciar y adquirir todo por nuestros propios medios. A pesar de que ella optó por una carrera universitaria menos costosa para respaldar mis estudios, yo me desempeñaba en tres empleos para contribuir con mis gastos educativos, los de ella y el alquiler donde vivíamos en esos años . Enfrentamos diversos desafíos juntos tanto económicos, y emocionales, situaciones que habrían causado la ruptura de muchas parejas, sin embargo, ella estuvo a mi lado en todo momento. En aquel momento, nuestra situación económica era favorable y ella era el centro de mi universo. No obstante, el temor a no tenerla me generaba una sensación de desorientación, no lograba diferenciar entre mi dirección y mi posición. Llevé con delicadeza su mano a mis labios y la besé con ternura— Mi amor, estaré a tu lado siempre que requieras de mí. —Prometo cumplir esa promesa, tanto en los momentos felices como en los difíciles, en la salud y en la enfermedad. Siempre serás mi razón de ser, por eso nunca te dejaré. Apoyé mi cabeza en su cama mientras aún sujetaba su mano. A pesar de sentirme totalmente fuera de lugar, no me preocupaba, ya que me reconfortaba saber que seguía con vida. Isabella Garett. Desperté poco a poco, con la sensación de haber estado en un profundo sueño por mucho tiempo. Una potente y resplandeciente luz invadió mi campo visual, por lo que entorné los ojos intentando acostumbrarme a ella. —Isa, ¡ya estás despierta! Experimenté una caricia suave en mi rostro. La intensa luz continuaba penetrando en mi ojo derecho, y después en el izquierdo. A pesar de que sonaba más profunda y pausada de lo que tenía en mente, reconocí de inmediato esa voz. —¿Elijah? — Dije con cierta indecisión en mi tono. ¿Era posible que sea él de verdad? Resultaba difícil de asimilar, especialmente tras lo ocurrido la noche anterior, al expresarle mis emociones debajo de ese arbol navideño en el centro de la ciudad en la pista de hielo. Estaba totalmente ilusionada pensando que todo iría bien, pero al final solo recibí su negativa a mi confesión al comunicarme que se marchaba a estudiar a la Facultad de Medicina de Harvard. A pesar de que el me aseguraba que no podíamos estar juntos, no pude evitar sollozar pues mi corazón, mi tonto corazón se rompía con cada palabra que me decía. Al acostumbrarme a la claridad, vi sus ojos grises familiares, que tanto apreciaba, su rostro angular con la mandíbula bien definida. Los labios tan voluminosos que tenía me provocaron un estremecimiento profundo y un suspiro involuntario. Mientras me revisaba, noté que llevaba puesta una bata blanca de hospital, tras terminar de revisarme guardo la linterna en su bolsillo. —Isa, me alegra que hayas despertado— expresó con alivio —Permaneciste inconsciente aproximadamente tres días y Joshua estaba empezando a preocuparse— Su tono se volvió más firme al referirse a esa persona. Continué observándolo intensamente. Su estatura aparentaba ser más alta y tenía una complexión más robusta, su rostro mostraba una expresión más severa. A pesar de que continuaba mostrando su sonrisa, esta lucía distinta. Fue al escuchar su voz que supe que era él. —Tenía planeado regresar para el Día de Acción de Gracias, pero terminé llegando antes de lo esperado. La sorpresa que me diste mientras estaba pasando a avisar al hospital que habia regresado antes fue algo del otro mundo, Isa— Me miraba fijamente—Cuando te vi tendida en esa camilla, luchando por tu vida, casi me das un infarto, me dejaste en shock y supe que no podia hacer ningún error contigo. Inquirí desconcertada sobre si había ocurrido un percance. —Sí, sufriste un accidente— susurró. —¿Eres capaz de recordar algo? Traté de evocar los sucesos, pero mi memoria estaba vacía. Mi rostro seguramente reflejó mi desconcierto cuando Elijah se inclinó a mi lado y murmuró con delicadeza: —Es posible que no tengas presente el suceso, pero tus memorias regresarán. ¿Cuál es el último recuerdo que conservas en tu mente? Contesté con la cabeza latiendo, recordando que estuvimos juntos. —Tengo presente que tras patinar, nos colocamos debajo del muérdago, y en ese momento te dije que me gustaba, que queria que fuesemos novios... — Fue inevitable experimentar la sensación de calor en mis mejillas. Mi corazón latía con intensidad, experimentando una vergüenza total. —Isa, ¿Eso es lo más reciente que puedes recordar? — me cuestionó con la mirada clavada en mí. Su rostro parecía totalmente desconcertado. —Exactamente—Respondí preguntando la razón. —Isa, la razón es que... Mientras Elijah se expresaba, percibí el sonido de algo cayendo al suelo. Observé de donde provenía el ruido y presencié a un individuo asombrado el cual habia dejado caer la bandeja con alimentos. Sus ojos eran de una miel profunda, su cabello tenía tonalidades de castaño oscuro con rubio y lucía una barba que daba la impresión de llevar varios días sin afeitar. La apariencia descuidada de él se veía acentuada por la ropa que llevaba arrugada. Era evidente que en sus ojos se reflejaban una multitud de sentimientos distintos. Se aproximó velozmente hacia donde yo estaba acostada y me rodeó con intensidad, como si hubiera visto algo extraordinario. El abrazo de él desprendía un calor abrumador, rebosante de emociones inefables que me envolvían por completo. Comencé a luchar contra el individuo desconocido, experimentando cierta incomodidad bajo su agarre. Le rogué que me soltara. —¡Mi vida, ya estás despierta! —el desconocido expresó con gran inquietud que estaba a punto de fallecer debido a que no lograba despertar. —¡Elijah, necesito tu ayuda! —Manifesté mi creciente nerviosismo al mencionar que este desconocido se rehusaba a dejarme ir. —Amor, ¿Sobre qué estás hablando? —inquirió, deteniendo el abrazo pero manteniéndome cerca. —Soy yo, Joshua. ¿No tienes memoria de quién soy yo? Un nombre sin ninguna resonancia emocional y una cara que me resultaba totalmente ajena no se vislumbraba en mi pensamiento. Observé con nerviosismo a ambos individuos, mi rostro seguramente revelaba mi desorientación. Elijah aclaró con delicadeza antes de expresar: —Isa, tal como conversamos, tu última memoria que me acabas de plantear hace un momento es de hace una década.
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