Una década. Aquellas sencillas palabras quedaron grabadas en mi cabeza.
Mientras escuchaba a Elijah hablar, mis recuerdos se desplazaban de un lado a otro. El ambiente de la habitación me resultaba gélido. El desconodico que se hacia llamar Joshua retrocedía unos pasos, con una expresión desorientada siendo observada fijamente por dos pares de ojos.
—Isa, ¿hay algo más reciente en tu memoria además de lo que ya compartiste conmigo?
Contesté con un ligero nerviosismo: —¿Necesito recordar algo más importante? — Intenté organizar mis ideas mientras susurraba: —¿Cuáles son los puntos clave que debo tener presentes?
El extraño interrumpió con voz insegura, recordándome que si podia verme dando clase como docente. Tambien intentaba recabar si no recordaba lo que habíamos vividos.
Murmuré con la mirada baja —No logro recordar.
Me cuestionó si recordaba cada experiencia que habían vivido, mientras se aferraba con intensidad a su cabello. Se le notaba muy impactado, angustiado y ligeramente ansioso caminando de un lado a otro mientras apenas podía articular palabras.
Se detuvo al frente de donde estaba. Sus ojos acaramelados me escudriñaban con detenimiento, perdidos, en una nebulosa llena de incertidumbre—¿No hay algo más que puedas recordar? ¿No logras recordar quién soy?
Intentaba revelar mis secretos, mi mente corría a mil por hora, pero solo me provocaba un ligero dolor de cabeza sin poder lograba recordar nada más. Tomó mi mano sin previo aviso, su mirada confundida intentaba enfocarse en mí. La firmeza de su sujeción transmitía calma, aunque en ese instante mi cuerpo reaccionó intentando alejarse de forma instintiva, como si presintiera una amenaza inminente.
Me expresó con tristeza que le resultaba difícil aceptar mi falta de recuerdos, mientras apoyaba su cabeza en mi mano izquierda y su voz se entrecortaba con sollozos. Un líquido fresco rozó la palma de mi mano izquierda, dejando demostrar su inmensa tristeza. Mientras se desmoronaba frente a mis ojos, no experimentaba ningún vínculo con esta persona. No sentía dolor ni tristeza, solo empatía por ver llorar a un desconocido.
—Mi nombre es Joshua, soy el que ocupa un lugar especial en tu corazón y en tu vida. En el día de nuestra boda, hicimos tantas promesas. —su voz temblaba—Soy Joshua —recalco otra vez— tu esposo—sus ojos rompían en una profunda tristeza— estás segura que no me recuerdas Isabella, hemos estado casados, nos amamos locamente ¿No puedes recordarlo?
Joshua, un nombre que traté de recordar, pero no logré recordar en absoluto. Mi corazón comenzó a palpitar más rápido y mis manos empezaron a transpirar. Busqué disimuladamente la mirada de Elijah, anhelando su ayudan. En ese instante, solo podía depositar mi confianza en el, ya que el individuo desconocido que afirmaba ser Joshua me sumía en un mar de incertidumbre.
Elijah se acercó y le recordó a Joshua la importancia de darme un poco de espacio, a pesar de comprender sus sentimientos. Con gentileza separo las manos de Joshua que me mantenían sujetada, sonriendo de una manera serena y apacible para traer calma.
—Poco a poco regresarán tus memorias. En este momento, simplemente queremos comprobar tu estado para garantizar que te encuentras bien— Sus manos me acariciaron con ternura el rostro, sus ojos grises como la neblina transmitiendo una sensación de protección— De momento, simplemente realiza tus actividades habituales para estimular tus recuerdos. Me encargaré personalmente de que te recuperes.
Durante el siguiente par de días en el centro médico, permanecí al lado de Joshua. Cuando mis padres vinieron a verme, a pesar de mis súplicas para que me acompañara, optaron por dejar a Joshua a mi cargo. Mostraba una actitud dulce y afectuosa, siempre buscando maneras de reconfortarme. Su mirada insinuaba un profundo amor, aunque yo no experimentaba ninguna emoción correspondiente.
Las emociones que sentía por él eran tan inexistentes como la silla vacía a mi lado, solitaria en la habitación ocupando su lugar. El deseo de mi corazón era estar con Elijah. Si lo que afirmaba resultaba verídico y estábamos unidos en matrimonio, mi mente comenzó a debatirse con mis sentimientos de porqué termine con el. Había prometido a Elijah que lo esperaria, que le profesaría amor eterno y que, al volver de Harvard, estaría junto a él. Entonces, ¿cuál era la razón de su matrimonio con otra persona?
Durante la tarde, mientras Joshua trataba de alimentarme, moví ligeramente la cabeza.
—¿No te encuentras con apetito, amor? —Con una voz tranquilizadora, expresó—Puedo buscar algo más para ti si eso deseas. Hazme saber tus deseos y los cumpliré.
Aunque claramente mostré desaprobación, se mantuvo plausible y continuó mirándome. En ese instante, mi corazón anhelaba a Elijah.
Expresé que solo requería un poco de aire.
Con una leve sonrisa en los labios, contestó: —Vamos a pasear por los jardines del hospital, Cuentan con algunas de las flores que más te gustan: los lirios.
¿Lirios?
Lo observaba con detenimiento pues las flores que menciono no eran las que más me gustaban. Las rosas eran mis elección favorita, ya que me traían a la mente un libro que Elijah me obsequió cuando solo tenía ocho años.
Claro, lirios—susurre.
Continué cuestionándome el motivo de haberle mencionado que me agradaban los lirios a pesar de no ser verdad. Me llegó a la mente la idea de que quizás me estaba engañando, de que en verdad no habíamos contraído matrimonio y todo era una fantasía. Observé detenidamente mi mano y noté el anillo de compromiso de diamantes. Parecía ser una flor de un lirio y un anillo adicional. Curvé suavemente los labios en motivo de desagrado. Me sentía ligeramente emocional pues no quería pensar que ilusione a ese pobre hombre por no quedar con Elijah.
—¿Tu nombre es Joshua, cierto?
—Sí, amor, así es.
—¿Podrías recordarme cómo fue que nos conocimos?
Para comprender cómo terminé contrayendo matrimonio con alguien que no generaba emociones en mí, era fundamental descubrir qué había ocasionado esa transformación en mi vida. ¿Cuándo se produjo el cambio radical?
Al recordar, mencionó que nos encontramos durante la secundaria, con una chispa en la mirada. En su rostro se curvo una ligera sonrisa, y al estar presente, transmitió una sensación de tranquilidad.
—Ambos coincidíamos en el club de fotografía, al principio, nuestra relación era tensa debido a que, sin intención, arruiné una de tus fotografías más destacadas—rascándose la parte de atrás de su cabeza, se acomodó en la silla al lado de mi cama—A partir de ese día nos complicamos la vida mutuamente. —Murmuro en voz baja. Entre el movimiento de sus manos fingió que tenía un arma apuntándome así mismo para dispararse simulando un profundo odio entre nosotros.
—Entonces nos odiábamos. —Contestó de forma irónica.
—Odiar no es la expresión correcta. Considero que el término 'detestar' es más preciso. Hacías mi vida insoportable; eras tan molesta que deseaba deshacerme de ti como si fueras basura—Entre risas, tomó mi mano— Sin embargo, un día te vi llorando debido a no haber obtenido un reconocimiento en un concurso de fotografía. Al verte llorar, experimenté una emoción nueva que nunca había sentido antes. Mi intención no era que te vieras con un semblante triste. Esa tarde, en el parque, te rodeé con mis brazos con fuerza y, sin comprender la razón, te di un beso. Mi intención era alejar tu tristeza, tus inquietudes y la desilusión de no haber salido victoriosa— La emoción se reflejaba claramente en su voz.
¿Era veraz lo que decía? A pesar de que su actitud corporal indicaba interés y más, yo no experimentaba ninguna emoción hacia él.
—La breve instancia que compartimos marcó un giro importante en nuestra relación. Comenzaste a captar mi interés como si fueras el epicentro de todo—Expresó con suavidad y ternura —Eras mi universo entero y algo más. Comencé a buscar tu presencia con la intención de arrancarte una sonrisa, ya que me encantaba la pureza de tu sonrisa. Mi amor por ti era tan fuerte como la fuerza con la que la gravedad atrae los objetos hacia la tierra— Mientras conversaba, sus dedos acariciaron con suavidad mi anillo de compromiso—Cuando me encontraba contigo, mi corazón latía con una intensidad increíble. Experimenté un cúmulo de emociones que me llevaron de un extremo a otro, hasta que comprendí que eras mi amor más puro y sincero.
Después de analizar la situación, comprendí que me había estado buscando con determinación hasta que, de alguna manera, decidí prestarle mi atención. De manera involuntaria, rodaron mis ojos; su relato tenía un aire digno de una obra literaria o cinematográfica. Resultaba excesivamente romántico, sin embargo, la situación se tornaba complicada debido a que mi corazón ansiaba a alguien más.
—Joshua¿Estamos legalmente casados?
—Por supuesto que sí. Cuando regresemos a casa, puedo mostrarte el documento que acredita que estamos casados.
Durante los próximos tres días, Elijah pasó a verme. Le dediqué toda mi concentración, sonriéndole de la misma manera que solía hacer cuando éramos jóvenes. A pesar de que Joshua mostraba cierta incomodidad por lo cerca que estábamos, optó por guardar silencio. Resultaba sorprendente que Joshua y Elijah nunca hubieran entablado una verdadera relación, considerando lo cercanos que Elijah y yo siempre habíamos sido.
Tras salir del centro médico, tomamos un taxi hacia lo que Joshua siempre mencionaba como nuestra residencia: una vivienda de dos pisos en las afueras de Back Bay, en Boston. En el exterior se podían apreciar tonos de ladrillo y un precioso jardín que llevaba a la escalinata. El marco en tono crema de la entrada creaba un ambiente acogedor, a pesar de no habérselo pedido.
Joshua se encargó de llevar todas mis cosas desde el hospital y me condujo con delicadeza hasta la entrada. Noté que le gustaba demostrar ese tipo de cariño. Al llegar a la entrada, utilizó la llave para abrir la puerta y nos dio paso para ingresar.
Al ingresar, quedé impresionada por la hermosa ornamentación en tonos blancos y crema. A simple vista, podría parecer poco interesante, sin embargo, los pisos de madera en colores cálidos añadían un ambiente acogedor. En las paredes se encontraban decoradas con imágenes de sitios que me resultaban desconocidos, aunque lograron evocar un atisbo de familiaridad en mi memoria. Al cruzar la habitación, una intensa sensación de melancolía se apoderó de mí. En diferentes sitios, se podían ver numerosas fotos de ambos compartiendo momentos felices, en todas estábamos sonriendo.
No obstante, una imagen en concreto capturó mi interés. Tomé el marco de foto con mi mano izquierda mientras me acariciaba mi rostro con la derecha. En la imagen, se me veía muy feliz luciendo un elegante vestido blanco de corte sirena, mientras abrazaba a Joshua, quien me daba un beso en la mejilla. El estaba vestido con un esmoquin de color n***o sonriendo de una manera tan alegre que era inevitable no sentir empatía. Aunque había pruebas visuales, en mi interior experimentaba un vacío emocional, sin conexión con ningún sentimiento.
Mientras mis pensamientos viajaban al pasado, experimenté la afectuosa contención de Joshua.
—Isabella, es posible que en este momento no tengas presente, pero pronto lo tendrás en mente. Esta situación es pasajera, te aseguro que así será, mi amor. Todo acabara.
¿Realmente lo pensaba? A pesar de mostrar afecto y dedicación, mi corazón no respondía a sus sentimientos, sin deseo de corresponderle.