Todo acabaría, eso es lo que me aseguraba Joshua
¿Podría ser verdad?
Mientras observaba la imagen en la que ambos aparecíamos sonrientes, una leve sensación de culpa se apoderaba de mí. Parecía un buen hombre, ademas de que nunca me senti que seria una persona tan maquiavélica para usarlo como segundo plato. Un suave nudo se formó en mi garganta al observar la cálida y amplia sonrisa capturada en la foto. La autenticidad de felicidad era tan palpable que me sacó una sonrisa.
—Ese día resultó ser un completo caos cuando—de repente, me rodeó con un abrazo despreocupado por detrás.
—¿Caos? —murmure con suavidad.
—No lo puedes recordar, pero fue algo inusual—dijo con un tono de voz ligeramente áspero. Sentí una leve sensación de cosquilleo en el cuello con el aire que salía de sus labios al dirigirse a mí.
—¿Por qué?
—El día de nuestra boda —se quedo ligeramente pensativo—pensé que me dejarías plantando—rio con levedad.
—¿Por qué motivo? —cuestionaba con interés. Buscaba encontrar algo que me permitiera recordar mis verdaderos recuerdos.
—La boda estaba programada para las diez de la mañana, pero no apareciste. Las horas pasaron, primero las once, luego las doce. Me resistía a abandonar la iglesia sin ti, no sin estar casados. —sonrio levemente— tus padres intentaban comunicarse contigo sin éxito. A mis espaldas, todos comentaban la situación, pero mi única preocupación era tu llegada.
—Eso es... —me detuve brevemente mientras mordisquear mis labios— terrible, lo que ocurrió.
—Nos vimos obligados a abandonar la iglesia y me dirigí a la residencia de tus padres al percatarme de tu ausencia en la habitación del hotel. Te busqué en nuestra antigua alojamiento, ya me estaba dando por vencido al ser las tres de la tarde y no lograr ubicarte. —Su voz denotaba un leve decaimiento, —pero todo se cambió al recibir tu llamada.
—¿Llamada?
—Sí —sonreía con dulzura—me pediste que nos viéramos en la corte, que íbamos a unirnos en matrimonio, que sentías amor por mí —me apretaba con más fuerza—te hallé frente a la corte, suplicaste al juez que nos uniera en matrimonio, tus ojos estaban a punto de derramar lágrimas de desesperación.
Cerraba los ojos intentando recordar aquella escena relatada por el, pero nada venia. Abria ligeramente los ojos.
—Finalizamos aceptándonos mutuamente solo tú y yo, pero no lamentamos nada. —Una sonrisa leve se dibuja en mi rostro— En esa foto, salíamos de la corte; apenas tenías veintiun años, pero afirmabas que era la elección más acertada de tu vida, —con orgullo, sonrío al recordarlo— de nuestras vidas.
Un pequeño nudo se formó en su garganta. Me hacía reflexionar mucho si en tiempos anteriores también experimentaba remordimiento. Al observar la imagen, daba la impresión de que no. Una sonrisa que jamás había visto en mi, radiante y brillante como él. Experimenté una leve sensación de hormigueo en la parte posterior de mi cuello, lo que provocó que me estremeciera y diera un pequeño brinco de sorpresa.
—Perdona, amor, ¿te he dado un susto?
—Joshua —susurre levemente tomando algo de distancia.
Ponía la fotografía sobre la mesa. Tenia cierta incomodidad en mi expresión facial mientras trataba de encontrar las palabras adecuadas para expresarme sin herirlo.
— Aunque estamos casados, en este momento me siento un poco incómoda con tanta demostración de cariño. —Observaba de reojo el suelo —desearía tener un poco de espacio para poder reflexionar por mí misma sobre nosotros.
Entre nosotros se produjo un momento de silencio tenue. Volteó hacia mí y agarró mis manos con ternura, su contacto era cálido y suave, extremadamente afectuoso. Sus ojos reflejaban una variedad de emociones tan intensas que resultaba imposible adivinar sus pensamientos. La intensidad del color ámbar de sus ojos era tan deslumbrante que invitaba a sumergirse en su mirada. Con dulzura, sus pulgares acariciaban mis palmas.
—El doctor White recomendó que realizara tu vida cotidiana, —su voz era tan delicada como una caricia en la piel—por eso seguiré compartiéndote mis emociones.
—Hablas de Elijah —murmuraba—algo no esta bien, no lo se—desviaba mi mirada hacia el suelo—en esos días en el hospital me asfixiabas con tanto amor, pero ni siquiera conoces a Elijah que es mi mejor amigo de la infancia—volvía a sostener nuestras miradas—no comprendo, no lo entiendo, algo no esta bien y quiero averiguarlo por mi misma.
—Cariño —tomó un breve respiro—, quiero decir... Isabella, nunca me has presentado a tu amigo por alguna razón —su tono se volvía más suave—, solo permíteme revelarte la verdad, nuestra verdad.
«Mejor dicho tu verdad»
Apenas cruzaba por mis pensamientos. Con tantos vacíos en mi memoria, recuerdo un libro que solía leer cuando era adolescente.
¿De que trataba?
Un hombre que se aprovecha de la falta de memoria de una mujer para conquistar su corazón. En la narración, ella tenía la constante sospecha de que algo no andaba bien con su presunto prometido, quien siempre le prometía un amor tan falso como un billete sin validez. Al final ella termino destrozada, con su verdadero amor alejándose que era el que ella siempre recordaba.
Mientras sentía un nudo en la garganta, tragaba con suavidad mientras Joshua inclinaba sutilmente la cabeza, como si no lograra comprender lo que le pedía.
—Joshua, deseo explorar las cosas por mi cuenta.
La mirada se volvió un mar de desilusión. Cerró los ojos, respiró con gran elegancia y luego exhaló con suavidad. Después de un breve instante, sus ojos se abrieron y me encontré con la mirada más bella que había presenciado jamás. La intensidad de la luz era tal que resultaba inevitable quedar deslumbrado por ella. Inclina ligeramente sus labios mientras sigue acariciando mis manos.
—Está bien, Isabella, respetaré tu espacio, pero eso no significa que dejaré de sorprenderte con los detalles que tanto disfrutas, ¿Comprendes?
—Bien —farfullaba levemente entre diente.
Esa tarde, Joshua me dio un recorrido por toda la casa. La casa tenia dos plantas y tres habitaciones: una destinada para invitados, la principal y una tercera que está vacía, utilizada para almacenar equipos de fotografía y otros materiales relacionados con mi trabajo escolar.
Contaba con una habitación para sus labores, una sala subterránea equipada con una gran pantalla que simulaba una sala de cine, y un desván con diversos juegos para su entretenimiento. La cocina espaciosa con tonos discretos, la sala tan hermosa que resultaba irresistible. La decoración de la casa era tan elegante que daba la impresión de haber sido diseñada por un experto en la materia, aunque según Joshua, ambos la decoramos y adaptamos a nuestros gustos.
—Dime, cariño, ¿te apetece que pida algo de comida tailandesa?
—Por supuesto, podríamos comer, me siento un poco hambrienta.
En la noche, sostuvimos una agradable charla. Después de comprar la comida tailandesa, Joshua me propuso ver una película en el sótano mientras cenábamos. Aunque le gustaba la película, él prefería hablar sobre la comedia que habíamos elegido juntos. Daba la impresión de ser alguien ideal para charlar, tranquilo, con un gran sentido del humor que, a pesar de su expresión seria, lograba sacarme una leve sonrisa.
—Isabella, cada vez que sonríes no se quien es mas feliz, si tu o yo—Su sonrisa traviesa iluminó su rostro, en perfecta armonía con su mirada pícara.
Su actitud bromista despertó una emoción en mi interior que desconocía por completo. No era algo a lo que estuviera acostumbrada, generalmente solía estar en compañía de Elijah realizando actividades juntos. Mi ser y mi carácter estaban impregnados de su presencia, ya que mi afecto por él era todo lo que requería.
—Joshua, acaso ¿Tus coqueteos llegaron a funcionar?
—Si, contigo, por eso terminaste casandote conmigo—me lanzaba un coqueto guiño con uno de sus ojos.
No podía contener la sonrisa que se dibujaba en mi rostro nuevamente. Nos encontrábamos sentados en el suelo, tan cerca que la intensidad era abrumadora, nuestras miradas se mantenían fijas. Nuestros alientos se deslizaban de manera pausada, provocando una sutil sensación de cosquilleo al rozar mis labios.
Era posible percibir la respiración de ambos, lo que provocaba una leve sensación de cosquilleo en la parte inferior de mis piernas. Era inevitable que mis ojos se fijaran en sus sensuales y apetitosos labios, los cuales despertaban en mí un deseo irresistible de acercarme y besarlos.
—Si deseas darme un beso, adelante, muñeca.
Su mano derecha se desplazó hacia mi mejilla, acariciándola con delicadeza. Con suavidad, giró mi cara hacia la suya, acercando nuestros rostros. Un suave latido en mi pecho se hizo presente debido a los nervios que me invadieron. Los ojos hondos y cautivadores me tenían completamente absorta, estábamos a punto de demostrar nuestro afecto cuando un repentino ruido me sobresaltó de repente. Estaba a punto de darle la vuelta a mi plato de fideos tailandeses mientras respiraba con cierta agitación. Aunque su expresión facial denotaba incomodidad, guardó silencio.
—Lo-lo-lo siento —tartamudeaba ligeramente nerviosa—es mi teléfono.
—Por supuesto, tu móvil—susurró con un tono algo molesto—no te inquietes, responde, resulta curioso que te llamen a estas horas de la noche.
Al sentir un leve movimiento, saqué mi celular del bolsillo y vi que estaba recibiendo una llamada de Elijah.
—Disculpa, es importante.
—Por supuesto, no hay problema —tomó unos palillos y sirvió un poco de pasta—. Puedes hablar con calma.
Sin entender la razón, huía del sótano corriendo y subiendo las escaleras hasta alcanzar el pasillo. Mis manos estaban sudorosas y una sonrisa de ilusión se dibujaba en mi rostro, ya que Elijah rara vez me llamaba a menos que fuera algo significativo cuando eramos jovenes.
—Hola—Traté de disimular mi alegría en mis palabras, pero resultó completamente imposible.
—Isa, me alegra que hayas respondido—dijo con una sonrisa leve y una voz grave—creí que estabas ocupada.
—Nunca lo estoy para ti.
Una risilla se escuchaba desde el otro lado—Isa, extrañaba hablar contigo—hubo una ligera pausa entre nosotros— ¿Has podido recordar algo?
—No mucho.
—Entiendo, siento mucho escuchar eso —tras un breve silencio— ¿Qué te parece si quedamos juntos mañana? Estoy libre, además como te dimos descanso medico no trabajaras hasta enero, así que imagino que estarás libres, entonces ¿Salimos juntos? Tal vez te ayude con tus memorias.
Mordiendo mi labio con emoción, me reía como una jovencita. Trataba de contener mi entusiasmo, pero resultó completamente imposible evitarlo. Recordaba mi relacion con Elijah, éramos vecinos el siendo el mejor amigo de mi primo. El era tres años mayor que yo, pero eso no importo para que me considerase su mejor amiga. Siempre me veía como la hermanita a la que debía cuidar, pero sus actitudes y forma de ser hicieron que me enamorara cada vez más.
Me encantaba su gentileza hacia mí. Disfrutaba mucho cuando me sorprendía con detallitos que eligió pensando en mí, y siempre acertaba porque todo lo que me obsequiaba me encantaba. Creí que compartía mis sentimientos, por eso, al cumplir dieciséis años, me confesé, pero su rechazo fue tan doloroso que me hizo llorar.
—Entonces, Isa ¿Te encuentro en tu lugar preferido a las doce?
—Si, si, si —sonreía como tonta sujetando mi telefono—te veo allá, nos vemos Elijah.
Colocaba el teléfono en mi pecho al finalizar la llamada. A pesar de que mi mente me pedía saltar de la emoción, mi corazon no latia de manera tan estrepitosa cuando lo hacia en mi juventud. Enlance eso a que apenas estaba recordando, que pronto mis latidos por Elijah volverían a ser tan fuerte como antes.
—¿Quién llamaba?
—¡Ah!
Brincaba velozmente como si me hubieran sorprendido en una travesura. Mientras mis ojos se posaban en Joshua, quien descansaba apoyado en la pared del pasillo con los brazos cruzados, me observaba detenidamente. La mirada se volvió penetrante, no hacia mí, sino hacia el objeto que sujetaba con mis manos. Rápidamente, desplacé mi teléfono hacia atrás mientras sonreía ligeramente.
—Era un amigo.
—¿Un amigo? ¿A las ocho? Nadie tiende llamarte a estas horas.
—Si, era Elijah.
—Entiendo, mi princesa —dijo con un tono suave pero con un leve matiz de confusión en su voz— ¿Qué deseaba?
—¿Por qué quieres saber?
—Solo me gustaría saberlo, si no quieres responderme lo comprendere.
Experimentaba una leve sensación de culpabilidad sin comprenderla, inclinando suavemente la cabeza hacia abajo.
—Me pidió dar un paseo mañana para ayudarme con mis memorias ¿No te molesta?
Se produjo un breve momento de silencio entre nosotros, su respiración parecía contenerse ligeramente.
—Ya veo princesa, esta bien puedes salir pero necesito que me digas a donde iras y a que hora solo para estar tranquilo.
—Ire a mi lugar preferido manana —deje escapar una amplia sonrisa—nos encontraremos a las doce.
—Está bien, tengo fe en ti. Pero ire a recogerte ¿De acuerdo? —no lo pedía, lo exigía.
—Como desees Joshua.
Esa noche tras terminar de comer y ducharme, le pedí a Joshua si podia dormir en el cuarto de invitados.
¿Por qué?
Aunque teníamos un matrimonio válido, él era para mí un completo extraño a mi lado. A pesar de su leve incomodidad aparente, accedió y me permitió descansar en la cama principal mientras él descansaba en la de invitados. La habitación contaba con un conjunto de muebles en tono caoba que jamás habría imaginado ni en mis sueños más grandes.
La sensación de calidez invadía el ambiente, gracias a la acogedora iluminación de las lámparas. Un conjunto de imágenes nuestras colocadas en la mesita de noche lograron sacarme una sonrisa. Me recosté en la cama y percibí un aroma varonil, exquisito, embriagador y seductor. Incapaz de resistirme, acerqué las sábanas a mi nariz y las aspiré, experimentando un suave estremecimiento en mi cuerpo.
Quizás, solo quizás, si no lo hubiera decepcionado al ser mi segunda opción, sería un esposo ideal. Mientras miraba el techo intente recapitular todo, según lo que entendía por Joshua renuncie a mi carrera de enfermería. Habia querido esa carrera para poder seguir a Elijah a Harvard. Mi único intento de análisis fue quizás rendirme al no lograr acceder.
—Perdóname, Joshua—murmuré—Me pesa haber sido deshonesta contigo, pero mi corazón pertenece a Elijah.
A pesar de que mi mente insistía en afirmar que esa era mi realidad, mi corazón no reaccionó ante esas palabras como si tuviera conocimientos que yo no alcanzaba a comprender.
¿Podría estar equivocado?