Ese día decidimos quedarnos paseando todo el día donde Joshua me llevo a lugares tan variados que parecía haber tenido varias citas en un solo dia. La noche estaba iluminada por miles de luces que titilaban como estrellas caídas en la tierra. Mientras paseábamos juntos, agarrados de la mano, experimentaba una sensación cálida que se extendía en mi pecho. Aunque apenas lograba recordar todo lo nuestro, mi corazón seguía adoraba eestar cerca de él. Había algo en él que me hacía sentir segura, como si cada mirada estuviera llena de un amor profundo que me envolvía con suavidad.
Al llegar a la pista de patinaje, el ambiente estaba lleno de risas y un delicioso olor a chocolate caliente flotaba en el aire. Bajo la luz de las farolas, el hielo relucía y, a pesar de mi incertidumbre al caminar, Joshua me dedicó una sonrisa cálida que me desarmaba.
—Acércate, te aseguro que no perderás el equilibrio—sujetaba mi mano con tal seguridad que desaparecían todas mis dudas.
—No se patinar.
Con solo una sonrisa, era capaz de llenar de luz todo lo que nos rodeaba.
—Te di clases de patinaje, puedo volver a hacerlo, solo tienes que creer en mí. —Me sentía protegida por el firme agarre de su mano.
Mientras deslizábamos sobre el hielo, me sumergí en la elegancia de sus movimientos, en cómo dirigía mis desplazamientos con delicadeza y confianza. Cada vez que perdía el equilibrio, él me sujetaba con tanta delicadeza que daba la impresión de que tenía entre sus manos un objeto de cristal muy frágil.
—Cariñó, lo estás haciéndolo increíble. —Las palabras que pronunciaba eran tan suaves que parecían un susurro reconfortante para mí.
Después de un rato, cansados pero riendo, decidimos acercarnos al enorme árbol de Navidad que se erguía en el centro de la plaza. Las luces intermitentes proyectaban diminutos destellos en nuestros ojos, mientras el ambiente se impregnaba de una atmósfera mágica. Joshua se detuvo frente a mí, con una mirada tan profunda que me dejó sin aliento.
—Cariño mío, entiendo que no retienes todos los recuerdos de nosotros, que todavía hay un espacio en tu mente acerca de nuestra relación, pero yo…—detuvo un instante su mirada en mis ojos de manera intensa. Sus ojos color caramelo me provocaron un escalofrío. —Quiero que recuerdes para siempre en tu memoria que mi amor por ti sera para siempre, incluso en este nuevo comienzo. Eres la luz en mi vida y no puedo dejar de sentir que eres... mi todo.
Experimenté una fuerte emoción en mi corazón. En sus ojos no existía ni la más mínima sombra de incertidumbre, solo destellaba una autenticidad que me impulsaba a confiar en su amor, en su entrega. Experimenté una sensación de vulnerabilidad y abrumamiento, pero al mismo tiempo, me sentí más llena de vida que nunca.
—Joshua…— murmuré, sintiendo un leve ardor en mis mejillas —yo… aunque no recuerde todo, se que entre nosotros existe un amor profundo. Un hilo invisible que me une a ti. —mientras esas palabras salían de mi boca, me acerqué un poco más hacia él.
Joshua se acercó a mí con una cálida sonrisa en el rostro. En el momento en que sus ojos reflejaron dulzura, todo lo que nos rodeaba desapareció. Éramos los únicos presentes, rodeados de brillantes luces y el sonido lejano de risas resonando a nuestro alrededor.
Así que experimenté el roce de sus labios con los míos, un beso suave pero lleno de cariño. Parecía que el tiempo se congelaba y, aunque no podía recordar cada momento que habíamos vivido juntos, su beso me dio una certeza absoluta.
Resultaba irónico que al despertar, el primer recuerdo que venía a mi mente fuera el instante en que Elijah me causó tanto dolor, sin embargo, ahora tenía este precioso recuerdo junto a Joshua en el mismo lugar de mis lagrimas.
Se trataba de un recuerdo que guardaría por encima de todo en esta vida.
Aquí, en la noche mágica bajo el árbol de navidad, su amor era mi nueva memoria, y yo, sin saberlo, había comenzado a enamorarme de nuevo de él también.
Natasha Rudakov.
La habitación secreta en mi casa está bien oculta, un refugio para mis pensamientos y deseos más profundos. Ubicada en un área subterránea, la habitación carecía de iluminación natural, por lo que las luces artificiales proyectaban sombras en movimiento sobre las paredes de piedra. Al final de la habitación diviso a la atractiva y seductora persona que conocí hace algunos meses.
Klay, un hombre casado en sus treinta y siete el cual se encargaba de mis finanzas anteriormente….pero el muy insolente me robo. Estaba amarrado en una silla y en su cabeza una manzana roja brilla como un pequeño tesoro, esperando ser conquistado.
Escuchaba su gruñido de angustia, aunque la venda en su boca lo amortiguaba en gran medida. Se movía con desesperado como si quisiera liberarse.
—Mi sugerencia es que permanezcas inmóvil —murmuraba con un tono seductor, tratando de mostrar una fingida inquietud —Tengo una puntería excelente, pero si te mueves demasiado... podríamos tener un percance fatal. —sonreía de manera hipócrita
Me colocaba en posición, el arco en mis manos se sentia como una extensión de mi ser. Dominaba una amplia variedad de armas, lo que imponía respeto, sin embargo, el arco siempre mantenía su lugar como mi preferido. La lujosa madera, suave y impecable, se ajusta cómodamente a mis dedos. La flecha, fabricada con metal pulido, aguarda con impaciencia su momento de surcar los cielos. Lo observaba detenidamente, Klay no estaba a la altura, lo cual me generaba aún más frustración.
Joshua.
Maldito Joshua.
Lo deseaba y aun así se hacia inalcanzable.
Lo quería a él, quería hacerlo mío, aunque después de serlo lo tuviera tanto que comenzara a odiarlo, lo quería aunque después me estorbara su mera presencia.
Desde que era adolescente, me ha atraído esa fascinación; quitarles los hombres a las mujeres era mi mayor deleite sensual.
¿Cómo comenzo todo?
Después de que mis padres se separaron, me sentía aburrida y resentía a mi madre debido a los comentarios sobre su belleza. ¿Celos? No sabía con certeza, pero como un bello obsequio nupcial, terminé manteniendo relaciones íntimas con mi padrastro. Todo en el baño de la celebración de boda el cual me asegure de que mi madre lo viera con sus ojos al enviarle un mensaje de donde estabamos.
La ira de mi madre resultó ser un deleite exquisito que nunca antes había experimentado. La que consideraba mi mejor amiga fue la siguiente. Su compromiso la tenía completamente enamorada, y como de costumbre... logré conquistar a su pareja. El sufrimiento que experimentaba me provocaba sensaciones placenteras, prefiriendo causar dolor a las mujeres mas que el hecho de estar acostándome con un hombres casados.
Romperlas a un punto donde no pudieran mas…algunas terminaron suicidándose, otras intentaron matarme, pero las termine eliminando con facilidad. Mi padre siempre me considero un pedazo de mierda, pero me mantenía por el mero hecho de que era su hija. De todos mis hermanos siempre me detesto porque jamás podría mantener su apellido.
¿Y quien dice que quería hacerlo?
Era un apellido tan lleno de sangre que asqueaba, aunque no quisiera admitirlo ser la hija de uno de los hombres mas temidos de Rusia por pertenecer a la mafia tenia sus puntos débiles. Llego un punto donde los hombres huyeron de mi, mi propio padre intento matarme varias veces así que para no terminar matándonos ambos decidí vivir en Boston.
A los dos años, ya había tenido relaciones con varios hombres casados, más de los que podía contar con los dedos de mis dos manos. Nadie me decía que no, todos sucumbían... excepto él.
Dentro de mí, la frustración bullía intensamente. Había descubierto que no solo las lágrimas y el sufrimiento me impulsaban a seguir este deseo por lo prohibido, era un desafío arriesgado que me fascinaba. Me emociona la adrenalina que provoca esa situación arriesgada. Es por esa razón...
¡Me negaba a aceptarlo!
No podia simplemente dejarlo ir.
Inhalando profundamente, posiciono la flecha en el arco y me centro en el objetivo, la manzana. Con el transcurrir de cada momento, mi enojo se transformaba en resolución. Este tiro no es solo una prueba de habilidad, es un mensaje encubierto: haré que Joshua sea mío. Una sonrisa se dibuja en mis labios, reflejando una confianza que roza la soberbia.
Observé a Klay agitándose con ansiedad, lo que llevó a que uno de mis guardias lo golpeara repetidamente hasta dejarlo casi sin conocimiento. Inclinaba su cabeza suavemente mientras Lucian, mi guardia, volvía a poner la manzana en su cabeza, la cual se había caído después del golpe recibido. Retrocedió unos cuantos pasos para alejarse de la distancia alcanzable por mi flecha.
Una vez más, preparaba el arco con elegancia, percibiendo la adaptación de mis músculos a la tarea, la tensión de la cuerda, lista para canalizar toda mi frustración en un solo gesto. En el sosiego de la habitación, el entorno exterior se desvanecio. Mis ojos se mantenían fijos en la manzana, justo en el lugar donde deseo que ocurra el choque.
Con un susurro elegante, suelto la cuerda. El proyectil surca el aire con una rapidez que lo atraviesa, trazando una trayectoria impecable. Mientras recorre el vacío, percibo el intenso zumbido que lo acompaña, hasta que de repente... El proyectil impacta en el corazón de la manzana, que se divide en dos, liberando su delicioso contenido y esparciendo trozos sobre Klay. Siento una gran alegría en mi corazón.
Sonrío, una sonrisa seductora que revela mis intenciones. —Joshua... —murmuro para mí misma, —no podrás resistirte a mí por mucho más tiempo. —relamía con determinación mis labios.
Al escucharse el sonido de mi disparo en la habitación desierta, experimento la intensidad de mis anhelos y la convicción de que este es solo el inicio de un desafío que dominaré con destreza en poco tiempo.
Joshua será mío
Lo haria mío.
Desde lejos, presenciaba cómo Lucian golpeaba a Klay, quien yacía en el suelo visiblemente aterrado. Escuchaba unos sonidos de zapatos detrás de mi, por el rabillo de mis ojos pude verlo totalmente trajeado…como siempre.
—Señorita Natasha.
Se aproximaba con delicadeza. Michael Smith era mi abogado mas confiable. Le entregaba una suma impresionante de dinero y tenía la habilidad de hacer que incluso Lucifer mismo pareciera un inocente ángel utilizado para seducir a la gente. Tenía conocimientos sobre cómo ocultar un cuerpo y protegerme en caso de que alguien lo descubriera.
Adoraba a los hombres casados, pero si se pasaban de asusto conmigo solo lo eliminaba…como haría con Klay ese día. Pretenderíamos que murió en un trágico accidente de trafico donde su auto se encendió por el mal funcionamiento.
—¿Y bien?
—El tiene derecho para asignarte con el subdirector sin ningún problema. No podemos demandar por incumplimiento de contrato.
Levantaba apenas una ceja, visiblemente irritada por esas palabras. —¿No puedes obligarlo? Quiero que este atado a que tenga que trabajar conmigo.
—No puedes, legalmente no puedes.
Con gesto de total frustración, mordía suavemente mi labio. Consideraba la posibilidad de seducirlo en su lugar de trabajo, pero si él no me permitía aproximarme, me resultaría difícil. Observó el techo con suavidad mientras dejaba escapar un suspiro ligero.
—Bien, no te preocupes entonces tendré que hacer algo mas.
—Como desees —replico de manera sumamente calmada—si vas a hacer algo ilegal avísame antes, puedo darte mejores consejos de que hacer.
Smith era un abogado muy respetado, su honorario era diez veces su peso en oro. Decían que los abogados eran del diablo…y era cierto. Ese individuo era tan gélido, aterrador, despiadado, sin sentimientos que habría deseado tenerlo en mi cama... una lástima que no estuviera casado, y por esa única razón, lo descarté.
—No te preocupes, no hare nada ilegal —hice una leve pausa sonriendo —por ahora. Voy a divertirme un poco manipulando mi comida, ya que, si la montaña no viene a Mahoma, Mahoma va a la montaña.
Me miró detenidamente con sus penetrantes ojos, como si estuviera descifrando mis malvados propósitos.
—Deberías parar, algún día encontraras un caso que no podre defender.
—¿Tienes miedo? —le observaba de soslayo con una sonrisa coqueta —¿Acaso cuestionas tu habilidad en el estrado?
—Claro que no, soy el mejor de Boston y uno de los más temidos en el país, ganar esta en mis venas —su mirada se posaba en Klay el cual seguía siendo golpeado —¿Qué harás con él?
—No mucho, será un simple accidente. —sonreía con aparente inocencia.