Sujetaba mi cartera con algo de fuerza. Había pasado todo el día dando clases totalmente decaída, ni siquiera las ocurrencia de mi estudiante mas travieso me hicieron sonreír. Lo bueno fue que Violet no fue recogida por Natasha. Estaba frente a la escuela, todos los profesores ya se habían marchado a sus hogares y solo permanecían en el recinto aquellos que participaban en el programa extracurricular. De reojo observé mi reloj de muñeca y vi que eran las cuatro en punto. Joshua llegaba una hora más tarde de mi hora de salida.
—So-so-solo esta muy ocupado en el trabajo. —Murmuraba en voz baja como si intentara justificarse a mí misma.
Agarré con firmeza la correa de mi bolso, luchando por contener las lágrimas. Sin comprender el motivo de la súbita tristeza que me invadió, mis ojos se humedecieron y de forma automática coloqué mi mano sobre mi vientre.
—El vendrá por mí, dijo que lo haría. —Mientras apretaba mi labio con intensidad, me invadía una sensación de agobio, como si la inquietud se propagara rápidamente por todo mi cuerpo.
Permanecí de pie durante unos veinte minutos, llorando, mientras las personas, al notar mi presencia, optaban por alejarse y seguir con sus asuntos. Sentía una intensa presión en mi pecho que me estaba consumiendo por completo. No solo debía soportar la gran ansiedad de no recordar, sino también convencerme a mí misma y confiar plenamente en que Joshua no me era infiel. Permanecí sin moverme hasta la llegada de Joshua. Deteniéndose frente a mí, rápidamente estacionó y salió del coche al notarme. Elevé mi mirada poco a poco mientras percibía cómo sus ojos me examinaban detenidamente.
—Cariño ¿Por qué lloras? —se expresaba con delicadeza.
Se aproximó lentamente a mí mientras acariciaba con delicadeza mi mejilla, pasando suavemente su pulgar por debajo de uno de mis ojos para secar mis lágrimas. Detecté un aroma de mujer que no reconocía, lo cual intensificó mis sentimientos de tristeza y ansiedad.
—No creí que vendrías por mí, llegaste muy tarde. —Mi voz se debilitaba debido a la tristeza que sentía en mi interior. —¿Dónde estabas?
—Lo siento, sabes que siempre vendre por ti ademas…estuve…—desvió levemente sus ojos—estaba haciendo algo de la empresa que requería mi total atención. Estuve todo el día en la empresa —su tono era suave— ¿Esperaste mucho?
—Si, te espere aquí desde que terminaron las clases. —Absorbí suavemente la humedad de mi nariz.
—Amor, eso ocurrió hace más de una hora. Vamonos, seguro que estás agotada.
Sus abrazo era tan amorosos y acogedores que me transmitían la sensación de estar en mi hogar, donde pertenecía. Mi corazón…mi inocente corazón palpitaba pero no de amor…si no de dolor. La camisa llevaba el aroma distintivo que solía usar una mujer adinerada.
¿Acaso el lo hacía porque yo era una simple maestra?
¿Tenía ella más encanto que yo?
¿Habría perdido interés en mí?
Mi mente se vio abrumada por innumerables interrogantes, provocándome un intenso malestar que casi me impedía mantenerme en pie. Joshua se distanció ligeramente, sus ojos me miraban con sinceridad y amor, lo que me hacía sentir inestable.
—Amor, me siento mal por haberte hecho esperar tanto tiempo aquí. En el día de hoy, tendrás el control total como forma de compensación. —Una sonrisa juvenil se dibuja en su rostro. —Tú solo tienes que pedir y yo cumpliré, mi preciada reina.
Hizo una leve reverencia juguetona para agachar su cabeza….y fue cuando lo divise. Velozmente, mi mano se extendió hacia su cuello, acariciando con suavidad el lápiz labial rojo en su camisa. Una multitud de ideas se desató a gran velocidad. Retrocedía unos cuantos pasos tratando de ordenar mis pensamientos.
—Joshua....—Trataba de tranquilizar mi voz, aunque resultaba imposible. Mi ansiedad hacía que empezara a temblar.
—¿Si?
—Tienes algo rojo en tu cuello ¿Qué es?
La expresión de sus ojos reflejaba desconcierto. Tomó su teléfono móvil y lo posicionó frente a su rostro, empleando la cámara para observar su cuello. Observé cómo su semblante se volvía pálido en tan solo unos instantes al mirar su cuello, pude percibir cómo sus ojos color caramelo se volvían más intensos de forma sorprendente.
—Cariño, no es lo que piensas.
—Jamás lo es... nunca lo es...—ladeaba con fuerza mi cabeza derramando lágrimas al sentir mis sentimientos a flor de piel. No quería llorar, pero resultó inevitable—Miénteme de nuevo, dime que eso no es lo que estoy pensando. Miénteme en la cara y hazme sufrir.
—Isabella, voy a ser sincero contigo. Durante el día de hoy, me reuní con Natasha para iniciar un proceso legal en su contra por agresión s****l. Acudí a su bar para inspeccionar las cámaras de seguridad en compañía de mi abogado. Si lo deseas, puedes contactarlo. —su tono era tranquilo buscando que le creyera.— No hablare para que no creas que el me esta encubriendo. Puedes llamarlo y consultar con él donde estuve... confía en mí.
Él me entregaba su teléfono después de buscar el contacto de su abogado. Al sonar por tercera vez, se descolgó la otra llamada.
—Es genial que me llames, Joshua, pensaba llamarte en estos momentos. Tengo una teoría un tanto descabellada, pero creo que el barman fue quien te drogó. Sería necesario revisar nuevamente las grabaciones para poder confirmar, ya que con solo haberlas visto una vez hoy no me dio muchas pistas.
Analizaba atentamente cada palabra que escuchaba, el abogado se expresaba con tanta calma y confianza que no daba la impresión de estar planeado de antemano. El habia hablado sin que yo ni siquiera halara. Joshua me indicó con su dedo que prosiguiera hablando.
—Hola…—murmure.
—¿Señora Garret?
—Si, solo quería corroborar donde estaba Joshua hoy, es todo.
—Hoy estuve con él investigando para preparar una posible demanda contra Natasha. Me he quedado en su oficina todo el día mientras él trabajaba.
Mostraba una calma serena y una seguridad palpable en su voz. Después de entablar una breve charla, mi corazón experimentó una sensación de calma, finalmente. Me rodeó con sus brazos de nuevo, como si quisiera transmitirme toda su sinceridad, a lo que reaccioné con un suave suspiro.
—Cariño, jamás te sería infiel, eres mi vida, mi razón de ser, mi mayor tesoro. —Su tono era sincero —No arriesgaría nuestra relación por un error sin sentido.
Las palabras que el me dirigía me reconfortaban, a pesar de que mi corazón seguía inquieto por la tristeza, optaba por no prestarle mucha atención.
—Lo se…por ahora…Joshua.
—¿Si?
—¿Puedes comprarte otra camisa?
—¿Comprarme otra camisa? —detuvo su abrazo para mirarme algo confundido. —¿Por qué?
—No solo tiene del labial de esa esa mujer, si no tambien tienes su perfume….me da nausea.
Al mencionar eso, pude percibir cómo sus ojos reflejaron emociones imposibles de interpretar.
—Por supuesto, iremos a adquirir una camisa nueva, amor. —Sostenía mi mano —No deseo que mi esposa perciba ese aroma de mujer barata.
Natasha Rudakov
Me colocaba mi guante para cubrir mis huellas suspirando levemente.
Que decepción.
Le enviaba el numero de la habitación a Michael el cual tras unos segundos se escuchaba la puerta de esa habitación de hotel abrirse. De reojo, observo a Michael moviendo con delicadeza la servilleta que probablemente usó para ocultar sus rastros al abrir el pómulo de la puerta. Conocía mi identidad, estaba al tanto de mi familia y comprendía que trabajar conmigo significaba sumergirse en un lugar desfavorable, por eso siempre ocultaba su rastro al buscarme.
—Señorita Natasha.
Emitía un tono serio totalmente gélido. Me escudriñaba con detenimiento para luego posar sus ojos en el individuo desmayado en el sofá del hotel, apenas esbozó una pequeña mueca.
—Ahora que haces. —Elevaba ligeramente una ceja, evaluándome con intensidad.
—Estoy deshaciéndome de mi juguete más reciente. —Con una leve sonrisa en mis labios lo miraba de manera traviesa—No tuve oportunidad de disfrutar, ya que su esposa padecía de una depresión extrema y bastó con un pequeño panti en su pantalón que había dejando para dejarle saber que habia estado con otra mujer para que decidiera quitarse la vida. —mostrando una ligera expresión de desilusión —Me resulta sumamente molesto. ¿Lo peor? Apenas había sepultado a su esposa y ya me estaba buscando para tener sexo—llevaba mi mano izquierda hacia mi mejilla fingiendo decepción—Pobrecita, tenía un hombre tan infiel que ni siquiera cuando murió le hizo el luto.
—Ah, ya veo. —con un gesto frio colocaba sus manos en los bolsillos de su pantalón mientras su mirada se sostenía en el hombre. —Necesito que me digas la verdad para poder preparar mi estrategia de defensa por si Joshua decide demandarte y encuentra algo. Dime que harás.
—Por ahora me divertiré y después abortare este niño —ladeaba ligeramente la cabeza —Bien dicen que nada embaraza mas rápido que el pene de un hombre pobre.
—No comprendo.
—La noche en la que se suponía que lo iba a hacer con Joshua, el idiota del barman se equivocó y le puso demasiado droga y termino inconsciente por horas en la cama. ¡Ni siquiera se le paro! —bramaba totalmente molesta. —Al final tuve que conformarme con este tipo que entro por casualidad a nuestra habitación cuando pedí una botella de vino.
Michael apenas hacía un ligero movimiento de emoción en sus ojos. Su rostro se volvió rígido al dirigir su mirada hacia el hombre inconsciente en el sofá.
—¿Él es el padre?
—Si, pero no tendrá que preocuparse por manutención porque estará muerto. —Mientras observaba a Lucian agarrar al hombre del cabello para levantar su cabeza, soltaba risas alegres. Su mano cubierta por un guante n***o que el siempre cargaba pues sabia que conmigo eran cosa de no dejar huellas.
—Lamentablemente, parece que no ganaremos ese caso, señorita Natasha. Una vez que realicen la prueba de ADN, se confirmará que no es el padre.
—No te preocupes por eso —reía suavemente. —Simplemente necesito descubrir en qué centro médico se llevará a cabo la prueba y con una pequeña suma de un millón de dólares, alguien podría alterar el resultado, ¿verdad? —me aproximaba al tipo, poniendo el arma en sus manos y la acercaba a su sien.
—¿Qué haces?
—Bueno, mi pequeño amigo no pudo soportar que su esposa se suicidó así que el ira tras de ella suicidándose por amor ¿No te parece una historia romántica?
—Levanta más el arma. —Michael comenzó a revisar su teléfono con total indiferencia a la escena—Si quieres hacer parecer que fue un s******o es la mejor manera.
—Oh, cierto —movía levemente el arma y al colocarlo en su cabeza use su dedo para jalar el gatillo.
El disparo fue unisonoro por el silenciador del arma. La deje caer simulando que cayo de su mano y con delicadeza le retire el silenciador entregándoselo a Lucian el cual lo guardo en su bolsillo. De reojo, observé a Michael con una sonrisa en el rostro, mientras me miraba como si fuera una criatura monstruosa, lo cual era la verdad.
—¿El arma?
—Sin nombre, ya sabes como trabajo. —lo miraba fijamente —Quiero que trabajemos en como molestar a mi nueva víctima. Ningún hombre ha logrado escapar de mí y él no será el primero en hacerlo.
—Acabo de recibir un mensaje de tu padre, Natasha. Dice que te regrese a Rusia o el mismo te matara.
Hice una leve mueca.
—Pues que me mate, seguramente alguno de mis hermanos hizo una estupidez y quiere usarme para limpiar sus mierdas. —ladeaba mi cabeza —Yo me quedare aquí divirtiéndome con mi nuevo juguete, veamos que hará la señora Garret. —me burlaba con una risa malévola— Te imaginas que intente matarme. —el mero comentario me llena de emoción. —Seria tan irónico, una maestra de prescolar siendo malvada…whao…solo de imaginármelo me llena de extasis .
Empecé a soltar carcajadas sin poder controlarme. La imagen de sus ojos llorosos era como un banquete celestial que me transportaba a la felicidad absoluta.