29.❣️Confiar en mi ciegamente❣️

2106 Words
Joshua Garret Las luces del hospital me parecían demasiado brillantes, como si cada uno de esos focos estuviera enfocado en mí, en mi ansiedad. Recorría la diminuta estancia blanca de un extremo a otro, percibiendo el latir de mi corazón martillando con fuerza. El sonido era tan extremo que podia asimilar estar en una construcción. Trataba de recordar los sucesos de la noche anterior, sin embargo, solo lograba vislumbrar fragmentos difusos. Natasha... Si la recordaba levemente… El roce de sus labios contra los míos. Un beso. Si….apenas recordaba un beso…. Esa escena permanecía fresca en mi memoria, un beso que pronto se tornó lleno de pasión. Mi cuerpo se esforzaba por recordar, estaba totalmente lleno de angustia, pero lo único que lograba recordar era cómo ella me empujaba hacia la cama... Sin embargo, eso era todo, como si nunca existió nada más. ¿Habría pasado algo más? Llegue a recordar por unos breves segundos en los que estaba completamente atrapado en sus ojos, una sonrisa llena de perversidad, un susurro prometiéndome un placer infinito y luego... un profundo agujero n***o. No recordaba haberle dejado ninguna marca, ningún indicio de que algo más hubiera ocurrido. Me levantaba, me sentaba, caminaba de un lado a otro. Los segundos se tornaron minutos, y los minutos horas. Volvi a tomar asiento y posteriormente me puse de pie de nuevo por los nervioso. ¿Qué había tomado? Recordé un par de cervezas y un par de bebidas que habían sido preparadas por el barman, un amigo mío y yo probamos la misma bebida ¿Qué había en mi bebida? En un torbellino de temor e incertidumbre me invadio, mi pensamiento se enredaba. Quería que alguien me dijera que todo iba a estar bien, que esto no era real, que tal vez solo había sido un mal sueño. Pero no podía convencerme. El transcurso del tiempo se dilataba, cada instante se transformaba en una espera interminable hasta que finalmente llegó el doctor. Era un hombre de mediana edad, con gafas y una expresión seria. Al observarlo, me puse de pie de inmediato como si estuviera impulsado por un resorte. Mi matrimonio estaba en peligro y si lo que me dijo Lorenzo era cierto y fui violado, si esa era la prueba que necesitaba, le iba a besar los pies. —¿Joshua Garret? —Si, soy yo. —Sígame por favor. El consultorio del doctor era una habitación sobria con paredes pintadas en un tono blanco que pretendía ofrecer calma pero en esos momentos mi ansiedad no podia ser calmada por nada. Un escritorio de madera clara se encontraba en lado derecho teniendo encima un ordenado. A un lado, una camilla con una sábana blanca inmaculada, y junto a ella, un pequeño armario con instrumentos médicos claramente etiquetados. El me ofreció un asiento para que pudiera sentarme, al hacerlo el se sentaba del otro lado. Sus ojos me miraba totalmente serios algo que no me gusto para nada. —Lamentablemente, no hemos hallado ninguna sustancia en tus pruebas médicas. Mi corazón se hundió. Con incertidumbre lo miraba, como si el doctor me estuviera mintiendo. Coloqué mi mano sobre mi cabeza como intentando estimular la memoria. —Es imposible, yo...algo paso anoche, no puede ser que no encuentren nada. —mi voz se quebraba —¡Haganme el examen de nuevo! —vociferaba con frustración latente —No puedo creerme eso, no es posible que no encuentren nada, no tiene lógica. —Entiendo su disgusto —expresaba con total serenidad —Por lo general, los medicamentos que son utilizada para la violación desaparecen del cuerpo pasadas ocho horas —informó, aunque sus palabras resonaban como un eco lejano. Me resultaba difícil entenderlo. No podía ser. —Eso no es posible —protesté, la frustración salpicando cada palabra. No queria creer eso. Yo sabía lo que había sentido, la desconfianza que me recorría. Tenía que haber algo. Un rastro, un signo de lo que me había pasado. Una prueba, solo necesitaba una prueba. ¡Una única prueba! El doctor intentó ser comprensivo, explicándome que también habían realizado una revisión exhaustiva de mi cuerpo y no encontraron indicios de violación en mis partes genitales. No tenia ninguna secreción en el m*****o, ni marcas, ni irritación, ni enrojecimiento, no había nada….absolutamente nada. Lo único que tenia era esos chupones. Sus palabras caían sobre mí como un peso aún más pesado, como si pusieran una losa sobre mi pecho. Comencé a acariciar mi cabello, sintiendo cómo la frustración crecía dentro de mí, fusionándose con la sensación de incapacidad. El doctor me recomendó descansar y que eso me ayudaría a recordar. Recibía todos los resultados, los cuales solo lograban generarme una gran incomodidad. Salía de la oficina, con una molestia colérica insoportable, una enredadera en mi mente que no podía deshacer. En lo más profundo de mis pensamientos, anhelaba no haber salido, haber declinado con una excusa poco convincente como era mi costumbre. En ese momento, mi móvil empezó a vibrar en el bolsillo, interrumpiendo mi angustia interna. Era Aston. Tomé un respiro profundo, sintiendo que tal vez, solo talvez, él podría darme un poco de claridad, algo que necesitaba desesperadamente en medio de este caos. Pero, mientras el sonido del timbre resonaba, me pregunté si podría explicarle siquiera lo que estaba pasando. —Hola —respondía ligeramente confundido aun. —Qué bueno que contestas. Aston hablaba en un tono sumamente preocupado. —¿Qué sucede? —Tenemos un problema con la finanza de Rudakov. Aquello me provoco una risa de molestia mezclado con ironía. —Escúchame claro, quiero a esa mujer lejos de mi empresa ¡No me importa si debo ir a los juzgados! —Quería informarte sobre esto: mencionó que emprenderá acciones legales si no colaboras con ella. —Que lo haga, no me importa, solo quiero alejarla de mi vida. —vociferaba —Lo máximo que deberé desembolsar son unos cuantos miles de dólares por no cumplir con el contrato. —Joshua, el inconveniente radica en que ella está considerando emprender acciones legales en tu contra por agresión s****l. Al oír eso, no pude contener una sonrisa sarcástica, como si lo que estaba escuchando fuera una tontería. —Aston, esa mujer está completamente desequilibrada. ¡Yo no la agredí, fue ella quien me agredió a mí! —exclamaba con un enojo letal, sin poder contenerse. Hubo un silencio latente entre nosotros. —Recibí un video de ella en el pasillo del bar, donde se te ve empujándola contra la pared y besándola de manera feroz. —Hubo un breve silencio—Se observa cómo la arrastras y luego te desvaneces de la escena. Se produjo un silencio sombrío. Mi testimonio se enfrentaría al suyo y el futuro de mi matrimonio estaría en juego, corriendo el riesgo de terminar en desastre. —Aston, ella no dice la verdad. ¿Piensas que alguien en plenas facultades desearía trabajar con quien presuntamente lo agredió sexualmente? —mirada fijamente en el techo dejando entre ver mi voz desconcertada por solo imaginar eso —Hazle saber a la señorita que sus intimidaciones no tendrán impacto en mí. Que me demande si quiere, además quiero que rompas el contrato con ella ¿Comprendes? No me preocupa en absoluto perder mi empresa entera pagandole si eso significa tenerla lejos. —De acuerdo, —se percibió una breve pausa—amigo, lamento mucho eso. No sabia que una simple salida te causaría tantos problemas. —No te preocupes, ya vere que hacer. Al salir del hospital, estaba finalizando la llamada cuando me sorprendió encontrarme con Elijah entrando, la última persona que esperaba ver allí. Me miró con sus ojos grises y tormentosos, pero esta vez no pude ver su típica sonrisa arrogante. Apartó la vista brevemente como reflexionando intensamente, pero luego reapareció esa chispa distintiva que le define al volver la mirada a mi. Comenzó a caminar hacia mí con una sonrisa burlona, su tono lo delataba. —Joshua, es muy poco probable que te defiendas, anoche te vi siendo infiel —su sonrisa se agrandaba burlándose de mis desgracias —¿Y sabes lo mejor? me encargare de que Isabella se aleje de ti, ella no soporta las infidelidades, la odia, nunca te perdonara. —Una gran sonrisa se dibujó en su rostro. —Deberás presenciar mi felicidad junto a ella una vez más cuando le pida estar conmigo. Las palabras que pronunciaba eran afiladas como cuchillos, a pesar de sentir una intensa gana de golpearlo, decidí inhalar profundamente y esforzarme por conservar la calma. —Deberías dejar de reflejarte en mi —respondí con un tono controlado. En estos momentos debía pensar en como recuperar a Isabella, y Elijah era el menor de mis problemas. —¿De qué hablas? —Frunció el ceño preguntando ligeramente confundido. —Me he estado cuestionando últimamente por qué Isabella nunca te mencionó —lo observaba desafiante—. Hemos hablado de relaciones pasadas y ella nunca mencionó a nadie más, así que supongo que antes de mí, solo estabas tú —mi sonrisa era serena pero intentaba ser lo más sincera posible—. Para Isabella, simplemente no eres relevante, lo cual resulta irónico considerando la supuesta cercanía entre todos ustedes al ser vecinos. Sin embargo, siento que tu hiciste algo. —mi tono se tornó completamente gélido y directo. —Pienso que Isabella terminó contigo porque le fuiste infiel. Es por eso que evito mencionarte, te esquiva como la lepra, porque para ella seguramente eso eres, la lepra. —me reía levemente—. Hemos hablado de otras pareja, pero de ti nada. Es como si fueses un recuerdo insignificante que parece que ella intentó borrar de su mente, por ser infiel. Por eso estas afanado en buscarme una mujer, quieres que ella me juzgue con el mismo martillo con el que te juzgo a ti. Pude percibir un breve cambio en su semblante, el cual disimuló de inmediato. —Eso no es cierto.—su von se torno defensiva. Me resultó inevitable contener una risa sarcástica. —¿Sabias que los doctores tienen una muy mala fama?—preguntaba de manera sumamente calmada comenzando a caminar para pasarle por el lado —Muchos doctores no tienen la fama de ser muy fieles que digamos. La primera vez que saliste co mi mujer le eché un vistazo rápido a tus r************* y me di cuenta de que encajas perfectamente en el estereotipo de mujeriego, cambiando de mujeres cada seis meses. Asi que imagino que algo tuvo que ver. No le di tiempo para reaccionar. Con un ligero movimiento de cabeza y una elegancia que apenas podía sentir, seguía caminando para alejarme. A medida que caminaba, mis pensamientos rebotaban en mi mente como ecos: cómo lograr que Isabella me crea, que vea en mí la fidelidad que jamás podría traicionar. La confianza era frágil, y sabía que, a pesar de todo, debía proteger lo que amaba. Suspire lentamente, si no podia probar que me adulteraron la bebida tendría que ser sincero con ella. Sabia que me pidió tiempo, pero no quise hacerlo. Le envíe un mensaje a Lorenzo para que me ayudara una ultima vez solo necesitaba que me ayudara a bajar a Isabella a mi auto. Tras una hora ella bajo, al verme sus ojos se desviaron, salía del auto quedando delante de ella. Esa electricidad que nuestros cuerpos liberaba solo dejaba demostrar que a pesar de ella decir odiarme, teníamos una atracción innegable. —No quiero verte…te vere en los juzgados. —Isabella, no tengo manera de probarlo —empezaba —solo mi palabra, siento que adulteraron mi bebida y algo paso. No tengo idea de lo que sucedió. Sigo tratando de recordarlo, pero no logro hacerlo —dije con un tono de voz lleno de dolor—. Sé que no soy digno de tu confianza, pero si sientes algo de amor por mí, te pido que escuches a tus corazón y me respondas: ¿Crees que te fui infiel? ¿Realmente piensas que me interesaría en otra mujer que no fueses? —sujetaba su mano con suavidad. Esperaba un rechazo. Esperaba que se despegara. Pero me dejo tocarle la mano y por primera vez en ese día nos miramos a los ojos sin rencor, solo dejando al corazón hablar. —No consideraré que fue un error, ya que no lo fue —seguía diciendo—estoy convencido de que no estaba en mi sano juicio. Mis amigos me dijeron que me sentía mal después de tomar algo…puedes preguntarles. Esa es la única prueba que tengo, mi palabra. Entonces ¿Me darás la oportunidad de confiar en mi ciegamente?
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