No sé cuánto tiempo la estuve observando mientras dormía en mis brazos; esto era algo que deseaba durante todos estos meses y hasta ahora lo cumplía. Mi odiosa y dulce estrella estaba en su casa, en su cama y entre mis brazos. Su cabeza reposaba en mi pecho, uno de sus brazos se envolvía en mi cadera mientras una de sus piernas estaba entre las mías; y aunque seguía completamente vestida, me quemaba el cuerpo. — Duerme mi pequeña estrella. Algún día me recordarás y, si no lo haces, aun así me amarás. Te llenaré de mí, yo me volveré tu todo como tú eres el mío. Le había contado todo lo referente a Damián, lo que ella me había contado; le había abierto mi corazón con respecto a mi agridulce y verla llorar no fue fácil, y no me imagino cuando recuerde y ese dolor se vuelva real. Damián l

