Nuestras lenguas danzaban descontroladas mientras la seguía manoseando. Una vez exploradas sus empapadas bragas, introduje una mano por debajo. Daniela estaba depilada, puede que porque normalmente fuese así, o quizá porque ya tenía planeado que ocurriera. Recorrí su sexo con la punta de mis dedos, hasta llegar a la raja. - ¡Para! - No me digas que tú también me vas a dejar con las ganas. - No, no es eso. - ¿Entonces? - Es que no quiero que me rompas el himen con los dedos. - ¿Qué estás diciendo, Daniela? - El himen... sabes lo que es, ¿no? - Claro que sí, pero solo lo tienen las que aún son vírgenes. - Ya lo sé, por eso. - Tú no lo eres. - Sí que lo soy. - Pero si siempre has tenido fama de guarra. - Fama que me creasteis vosotros sin ningún fundamento. - Pasas las noches fu

