Cuando más tranquila estaba Daniela, ellas más se empeñaban en provocarla. No era un comportamiento digno de unas mujeres adultas, me sacaban de quicio. Parecía que el tiempo que estuvimos acostándonos no había sido más que un espejismo y las dos habían vuelto a ser las de siempre. La cuestión era no dejarme en paz. - Esas dos son insoportables. - No sé cómo llegaste a hacerte amiguito de ellas. - Parecía que habían cambiado. - Te lo parecía por lo que hacían contigo. - Puede ser. - Conmigo eran encantadoras, hasta que crecí y se aburrieron de mí. - Para entonces ya te habían vuelto en mi contra. - Fui estúpida por no darme cuenta antes. - No te preocupes, Dani. - Nunca me habías llamado así. - Porque nunca nos habíamos llevado bien. - Eso es verdad. - Pero nos llevaremos mejo

