CAPÍTULO 5 - El cumpleaños del heredero.

1138 Words
Cuatro años después - Cumpleaños número 15 - 28/10 Jorch Mucho tiempo había pasado desde la llegada de los mellizos, admito que fue sorpresivo, pero me encanto aquello. Mi madre seguía muy bella como siempre y mi padre continuaba siendo un gran padre, lo estimaba en sobremanera, había sido mi inspiración para seguir y un hombre admirable, al igual que mis abuelos, todo era increíble en el reino, había paz y tranquilidad, armonía y sobre todo esperanzas de continuar así. - ¿Todo bien, alteza?- pregunto Osmán. Él era nieto del consejero real y estaba trabajando duro para sustituir a su abuelo próximamente, pues el pobre hombre ya tenía demasiados años sirviendo a mi familia, por lo que era más favorable que alguien cercano y confiable asumiera tal papel. Era un muchacho muy confiable y sabio, era mucho mayor que yo, o bueno, quizás unos cuantos años más, para ser exacto siete, sin duda era mucho, pero era razonable, mientras aún estaba en pañales el muchacho estaba estudiando y conviviendo desde pequeño con todo lo relacionado con nuestro reino. Mi padre nos presentó un día en el cual yo me encontraba teniendo mis clases sobre la historia de como fue fundada el reino de Nortwich, al igual que de Whoshar, padre me enseñaba todo lo que había pasado hace siglos atrás. Aunque supuse que había cosas que no decía tan detalladamente, ya que aún no tenía la edad suficiente, fue exactamente hace un año que nos conocimos, su abuelo necesitaba ayuda con algunas cosas y mi padre le dio autorización para que su nieto pudiera estar con él, puesto que mi padre se sorprendió al saber que el muchacho estaba trabajando duro para poder ser el siguiente consejero real. Ambos coincidimos tan bien, él me enseñaba lo que sabía del reino y me guiaba en algunas cosas, de las cuales aún no tenía conocimiento, por mi lado también ponía de mi parte, en algunas cosas como algunos juegos tradicionales en el reino, al igual que en Whoshar, mi madre me contaba cuando nos encontrábamos solos, sobre algunas costumbres típicas del reino. - ¿Crees que esto esté bien?- pregunte mientras estaba mirándome en el espejo. - Más que perfecto- hablo una dulce voz ya conocida para mí. - Madre - dije dando una pequeña reverencia y ampliando una gran sonrisa para ella. -Me encanta cuando sonríes - dijo dulcemente. - Solamente para ti madre - dije tomando sus brazos en un pequeño abrazo. - Eres igual a tu padre, puedo jurar que eres la viva imagen, así era cuando tenía tu edad, aún recuerdo aquellos tiempos- dijo suspirando con nostalgia. - Por supuesto, soy igual a él, quizás hoy conquiste muchos corazones al igual que él - dije divertido. - Mucho cuidado muchachito, aún no tienes edad para esas cosas - dijo aparentemente ofendida. - ¿Por qué no?, Mi padre dice que estoy en buena edad, además sería muy bueno empezar a buscar a mi compañera desde ahora, ¿no lo crees Osmán? - dije pensativo, mientras el mencionado parecía divertirse ante la actitud de mi madre hacía mis palabras. - Inténtalo y te desheredare - hablo amenazante. - De acuerdo, de acuerdo, usted gana majestad - dije levantando ambas manos para dejar claro que no continuaría con aquello. - Bien, solo he venido a avisar que los invitados están llegando, es momento de bajar - dijo mientras empezaba a caminar fuera de mi habitación. - De acuerdo, en un momento iré - dije continuando lo que había dejado a medias. No paso mucho para que ella saliera y volviéramos a quedar solos en un silencio cómodo, tan bien se sentía que no pude evitar pensar en lo que sucedía, hoy sería el momento perfecto para ser presentando con todas aquellas personas las cuales mi padre trataba siempre, habría personas importantes como los nobles entre ellos; duques, condes, marqueses y por supuesto algunos representantes del clero, quienes mantenían un puesto igual de importante que los demás. Pensar que en algún momento ocuparía el puesto que mi padre me daría una vez que decidiera retirarse era algo que empezaba a darme aquella sensación de responsabilidad y de tener que hacer todo bien o incluso esforzarme mucho más de lo que ya lo hago, pues era un enorme cargo que no podía tomarme tan a la ligera. - ¿Listo, alteza? - pregunto Osmán sacándome de mis pensamientos. - Sí, vamos o si no mi madre me matará y aún soy muy joven para morir - dije con algo de burla, sin embargo, sabía bien que ella podía darme una reprimenda que terminaría más de una semana en terminar y la verdad, no quería tomar aquel riesgo. Ambos bajamos, sin embargo, Osmán iba detrás de mí, recorrimos algunos lugares del palacio antes de llegar al gran salón, dónde se llevaban a cabo los más importantes festejos de los familiares de la realeza, aquí se había celebrado el cumpleaños número tres de los mellizos y había sido un gran festejo, todo había sido decorado con los respectivos colores que representaban a la bandera de Nortwich, sin embargo, se hizo unas pequeñas modificaciones para que los mellizos estuvieran cómodos, siendo así que la fiesta fue algo más íntima y con algunos arreglos de acuerdo a sus edades. Llegamos sin problema alguno y nos encontramos a mucha gente reunida en el sitio, al llegar uno de los guardias nos escoltó hacia dónde se encontraban mis padres, por precaución los mellizos asistirían solo antes de las ocho de la noche, pues tenían un horario estricto, igual al mío de cuando tenía su edad. Sin duda, aún recordaba mi niñez, incluso con mi corta edad, pues talvez no habían pasado tantos años, pero si los suficientes como para decir que aquellos momentos fueron emocionantes y complicados, pues en toda mi niñez pasaron muchas cosas aun cuando la mayoría no la recuerdo tan bien. - Majestades - dijimos ambos al mismo tiempo, mientras hacíamos una reverencia mostrando respeto. - Hijo - hablo mi padre con su habitual tono autoritario. - Padre, madre, te ves impresionante como siempre - dije alagándola. - Eso no te salvará por haber hecho esperar a tus invitados - declaro con reproche. - Y me disculpo por ello - dije sincero. - Bien, dejemos este tema para después, es momento de continuar este festejo y que mejor que con el anfitrión, felicidades hijo mío - en cuanto dijo aquello tendió sus brazos en el aire y yo fui a su encuentro, dando así un fuerte abrazo, uno igual al que solía darme cuando estaba orgulloso de lo que lograba. - Estamos orgullosos de ti... - dijo mi madre, sin embargo, antes de terminar lo que decía alguien más lo hizo por ella. - Hijo mío - se escuchó a nuestras espaldas.
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