CAPÍTULO 4 - Una plática particular

1327 Words
Josep Me quedé mirando a mi esposa mientras salía de la habitación con nuestros hijos. Nuestros hijos. Se sentía tan lejano aquello, pues hace solo unas semanas cuidaba de mi esposa embarazada, sin embargo, a hora era diferente, pues tenía que cuidar de dos pequeños más, los cuales eran mi sangre, mi orgullo entero. Mi familia había crecido y eso me hacía sentir tan dichoso, pues tenía una maravillosa esposa y tres hijos increíbles, nada podía estropear esto, al menos tenía fe de que no. Suspire con pesadez cuando la habitación quedó en silencio, mi suegro no había dicho nada y yo menos. El silencio no era incómodo, pero se podía respirar tensión en él, una de la cual descubrí su procedencia cuando el rey Álvaro hablo. - ¿Ya le has dicho?- pregunto con dureza, sin mirarlo, negué ligeramente con la cabeza. - ¿Por qué?- pregunto de la misma manera. - Porque no quiero preocuparla, estás semanas se ha estado recuperando, no quiero que su recuperación se atrasara por pensar cosas que por ahora no están confirmadas - dije firme. - ¿No están confirmadas?, Aquel reino es poderoso, quizás no igual que el tuyo, pero tiene estrategia, son decididos, ¿Crees que necesitaran una confirmación por escrito para poder atacar?- pregunto con ironía. - Sé que no, pero si algo sale mal, sé que tú podrás resguardarlos, son familia, la familia nunca se deja y mucho menos se traiciona - dije con tristeza. - De acuerdo, pero, ¿qué pasará contigo?, ¿qué le diré a mi hija si no te encuentra? ¿Y los niños?- su tono está vez fue melancólico. - Eso no pasará, yo estaré ahí, cuidando de mi familia y de ella, así como lo prometí el día de nuestra boda - dije firme. - Eso espero muchacho, eso espero - fue lo único que dijo. Un guardia entró interrumpiendo el silencio que se formó después de la plática. - Majestades, la reina y las princesas de Whoshar han llegado - informo. - Haganlas pasar- ordené. - Como usted diga majestad- dijo el guardia para después salir. No paso mucho tiempo para que alguien cruzará por las puertas, sin embargo, me sorprendió demasiado quien apareció. - Majestades- dijo mi amiga de la infancia haciendo una reverencia. - Leyland- dije sorprendido por su repentina visita, había pasado mucho tiempo, se había alejado unos meses después de la boda y no supe mucho de ella hasta ahora. - Josep, ¿Puedo hablar contigo?- pregunto con timidez ante la mirada que le dio mi suegro. - Claro, Majestad, ¿Nos disculpa?- él solo asintió. -Adelante - dijo, ambos salimos de la habitación en rumbo a los jardines. El aire cálido nos recibió, junto con una vista muy bella del lugar, muy buenos recuerdos reposaban en estos jardines, unos los cuales muy difícilmente olvidaré. - Josep- hablo Leyland sacándome de mis pensamientos. - ¿Qué sucede?- dije prestando atención. - Lo lamento - dijo con tristeza. - ¿Qué cosa? - dije confundido. - Por dejarte, por pensar en mí, antes que tu felicidad, sé que la amas y respeto eso, además he entendido que no quiero perder nuestra amistad de tantos años - explico. - Está bien y yo tampoco quiero que nuestra relación se arruine - hablé con sinceridad. - ¿Me perdonas? - pregunto con esperanza. - Por supuesto - una sonrisa cálida se asomó por su rostro e inevitablemente ambos nos acercamos dándonos un cálido abrazo, como en los viejos tiempos. Ambos conversamos por un momento, hasta que decidimos entrar de nuevo. - He escuchado excelentes noticias - hablo Leyland captando mi atención. - ¿Cuál de todas?- pregunte con alegría. - Ha caído bendición en el reino, por la llegada del nacimiento de los príncipes, me dieron la noticia que fueron dos - dijo ella con una pequeña sonrisa. - Por supuesto, tienen apenas unas semanas, pero están más que sanos, gracias a dios, mi reina fue muy valiente a la hora del parto - dije con mucho orgullo. - Mi bendición para ustedes- dijo mirando a otro lado. - Gracias- - Lo que no me quedo claro es, ¿Son dos niños?- pregunto distraídamente. - Es un fuerte y sano varón, al igual que una preciosa niña, la pequeña es idéntica a su madre y el varón a mí, por supuesto, aunque también tiene parecido a mi suegro - dije al recordar el cabello castaño, casi rubio, sin embargo, mantenían los ojos de la familia, con un color verde, algo que se compartía en el árbol genealógico. - Mis felicitaciones, ojalá y algún día pueda verlos, aunque dude que pueda - dijo de pronto cambiando su felicidad a tristeza. - ¿Por qué dices eso?- pregunte con confusión. - No tengo muy buena relación con la reina y dudo que quiera tenerla, ya que mi comportamiento no fue nada amigable - dijo con arrepentimiento. - Comprendo - dije mirando el camino que llevaba por el jardín. Sabía bien que desde las habitaciones se podía mirar todo el lugar, así que inevitablemente mire hacia arriba, encontrándome con una mirada que destellaba curiosidad. Sonreí internamente al mirar quien se encontraba observando, alce una ceja ante la acosadora que tenía como esposa y ella solo se cruzó de brazos sin inmutarse, le di una sonrisa, la vi virar los ojos, antes de volver mi atención a Leyland. - Lo siento, ¿decías algo?- pregunte al mirar que ella esperaba una respuesta de algo que no escuche. - Decía, que... Mejor olvídalo, me tengo que ir, por favor dale mis felicitaciones a la reina y mis disculpas sincera, por favor - pidió con prisa. - De acuerdo, se las daré y gracias por tu visita - dije con amabilidad. - Si, gracias, nos veremos otro día - respondió. - ¿Te acompaño a la salida?- pregunté con intensión de ser cortés. - No, no, no te preocupes, me sé el camino - dijo de prisa, sin poder evitarlo la miré irse de prisa, no sabía qué pasaba, sin embargo, confiaba que ella resolvería lo que sea que tenía. Me gustaría ayudarla, más está vez no puedo, ahora tengo una familia la cual proteger y no puedo darme lujos de ayudar a otros, aun cuando esas personas hayan sido importantes en mi vida, confío que puede cuidarse, sé que lo hará, al final de cuentas es una Dharkey. - Majestad- hablo mi consejero. - ¿Qué pasa?- pregunté ante la interrupción de mis pensamientos. - La reina lo espera, los príncipes y princesa también. - dijo con alegría el consejero. - Ahora voy, la familia debe estar unida, supongo que los familiares externos están presentes - pregunto el rey, ya que esperaban más visitas. - Supone bien, majestad, ya han llegado, incluso los abuelos de la reina - afirmo el consejero de avanzada edad. - Muy bien, vamos - dije iniciando la caminata. • • • En algún lugar - ¿Qué sucede?- pregunto el hombre con molestia. - Al parecer, el reino del Sur pronto tendrá reina - dijo el mensajero. - ¿Cuáles son las noticias?- pregunto el hombre con interés. El mensajero hizo una señal con sus manos, dando a entender que no hablaría sin antes pagar un precio por la información obtenida. El hombre fastidiado le dio una pequeña bolsa de tela, color negra la cual contenía justo el dinero necesario, el mensajero lo miro con cautela para después empezar a hablar. - Vaya, que bien escondido lo tenía el rey - dijo fascinado el hombre. - ¿Pero cómo? O la verdadera pregunta aquí es ¿Por qué el rey no quiere entregarla?, ¿Acaso, hay algo que estás escondiendo? - pregunto el mensajero ante la poca información que le dieron. - Tú encárgate de buscar información y recibir tu paga - hablo el hombre molesto, levantándose de su asiento con brusquedad, para después salir del lugar.
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