Salgo de la habitación verde con dos cuerpos más al hombro. Sé que está cerca. Mi sistema se entrelaza entre el cálido y extasiante sentimiento. Estoy enfocada también en ganar. No puedo simplemente romper esas puertas y dignarme a oír los gritos de los demás viendo como me los devoro. Arruinaría todo. Continúo profundamente comprometida a hacerlo de esta forma como memoria y respeto al tiempo que pasaré sin vivir algo parecido. Observo como ninguna está atenta a mi dirección. Voy directo a la puerta azul. La jugarreta con el cambio de las cintas de colores me facilitó la tarea ampliamente. La puerta cede tras mi sutil esfuerzo y entro por completo. —Vas muy apurada —bromea una voz masculina. Termino de cerrar la puerta por dentro, volteo y me encuentro con un chico rubio de conte

