Cuando la fiesta termina, los dos regresamos a su pent-house. Apenas entramos nos sentamos en el sofá. Yo me quito los zapatos y me desato el cabello, que ya comenzaba a hacer que me duela la cabeza. Peter se quita el moño y se desabrocha los primeros botones de su camisa. Lo observo. - Gracias por haberme invitado. - le agradezco, luego de un prolongado silencio. Él también me mira. - Gracias a ti, por haberme acompañado. Realmente lo disfrute. - nos quedamos mirando en silencio. Tengo la sensación de que quiere decirme algo, pero no se atreve, en su lugar, corre la mirada. - Será mejor que me vaya a dormir, ya es tarde. - ¿¡Qué!? - exclamo. - ¡Es temprano! - Claro que no, ya es de madrugada. - ¡Es sábado! - De hecho, en teoría ya es domingo. - Pues, con más razón. No se tr

