¿Haciendo las pases?

1221 Words
Gabriel Llegué a la universidad, aunque la verdad lo hago solamente para cumplir porque sé que voy a hacerme cargo de la empresa de mi papá más tarde que temprano, camino por el pasillo saludando a las personas que encuentro por allí. De pronto observo como Violeta se acerca con su particular caminado sensual, muchas veces he pensado que es mejor terminar con ella porque aunque es una mujer excepcional, debo admitir que a veces con su paranoia y sus celos cansan a cualquiera. —¿Cómo estás amor? —ella se hace frente de mí para hacerse de puntas y darme un beso. —La verdad, estoy bien. Sin embargo, creo que mi decisión fue muy apresurada al salirme de la casa de esa forma. No quería dejar a mi mamá sola y ahora ella está con mi papá sola y eso no me gusta. —Hablas como si tu papá fuera un ogro, deberías entender que él te quiere de verdad así como tu hermano. —Sabes, es estúpido que hables tanto de mi hermano, ¿Tienes una relación con él o conmigo? —hago gestos, de verdad desde que vi ese mensaje, es como si ella tuviera algo con él. —Gabriel, las cosas que dices en verdad me decepcionan. He dado todo por ti, sabes que pelee con mi familia por ti, pero tu sales con esas cosas. No estoy muy de acuerdo con tu desconfianza y te pido que me compenses con algo, —ella sonríe de manera tierna y coqueta a la vez—. Quiero que me hagas tuya. —Sonrió y muerdo mi labio. —No veo problema con lo que me pides, vamos de una vez, porque ayer me dejaste solo y a mi no me gustan esas cosas. —Pasé mis dedos por su pecho, ella me miró de manera coqueta. Dimos media vuelta para poder ir a los baños de la universidad, ese era el sitio que más frecuento con mis amigas de turno, porque es super aburrido tener novia y tener que privarse de ciertos placeres de la vida. Y no es lo mismo que ella quiera hacer eso, porque la verdad no quisiera compartirla con nadie. Claro está, está sería la primera vez que llevaría a la oficial a mis oficinas personalizadas. Dimos media vuelta y observé que viene mi papá con el decano, como un par de buenos amigos, rodé mis ojos, es verdaderamente fastidioso eso. —Bueno, acá los dejo. Te pido por favor amigo mío que no te demores, las clases no tardan en comenzar —le dice el decano a mi padre, como siempre él muestra una sonrisa falsa y le da la mano. El decano se marcha y nosotros quedamos allí. —Como pudiste escuchar, debo irme. Las clases están por empezar —dije y él me tomó del brazo. —Por lo visto no iban precisamente a clases. ¿Me crees estupido? yo estudie en este lugar, doy una muy buena cantidad de dinero a esta universidad cada mes, conozco completamente como funcionan las cosas aquí y estoy seguro que a esa dirección no iban a estudiar, simplemente te dejas llevar por esa niña que se ve que no tiene aspiraciones en la vida. —Ya no más papá. Deja de hablar de mi novia como si ella no estuviera aquí presente. Eso es bastante ridículo y tú ya estás demasiado viejo como para ponerte con eso. —Él me observa con odio y no me importa, desde esa vez que lo vi con su secretaria se perdió mi respeto y mi admiración. —Está bien, entiendo tu molestia, sin embargo, te pido que entiendas la mía. —Él ahora se dirige a Violeta—. ¿Nos puedes dejar solos? —Ella baja su cabeza y opta por irse, no sin antes darme un beso, mi papá tan solo niega con su cabeza bastante molesto. —¿Eso era necesario? siempre eres tan petulante, en verdad no sé que haces acá. —Quiero hablar contigo hijo, creo que es necesario hacerlo. —Señala hacia la cafetería—. Tu madre me pidió que te buscara, ella asegura que si vas en ayuda de un psicólogo puedes superar tu adicción al alcohol, así que estoy dispuesto a ayudarte, vas a asistir así como cuando eras pequeño a todo lo que tu madre diga. —Eso que dices es lo más ilógico, tu lo dices es porque no te conviene que ella se ponga así, sabes que sin su dinero no eres nada. Eso es lo que te mueve, que mi madre tiene mucho dinero. Mira tus falsas ayudas no entran en mi cabeza. —Deja de verme como tu enemigo, vamos a hacer un trato. Manejaremos de nuevo tu depresión yendo al psicólogo, quiero que vuelvas a la casa, entiende que a tu mamá le hace muy bien que tú estés allí. —Sonrió al verlo humillado, porque sí, realmente lo está. Él debe obedecer las órdenes de mi mamá, en especial cuando ella le nombra que puede hacerse cargo de la empresa ella misma, la conozco, la escuché desde esa vez y si no la hubiese escuchado de pronto caería ante sus juegos, ante sus cosas. —Lo voy a pensar, aunque no por ti, si no por ella. Ahora debo irme. —Hijo, yo sé que tú puedes ser mejor, puedes tomar el ejemplo de tu hermano. —Pongo mi mentón tenso al escucharlo, no puedo creer que siempre me ponga a mi hermano de ejemplo, que siempre me comparen con él. —Yo veré a quien me quiero parecer, lo único que quiero es evitar parecerme a él, porque él es un claro clon de ti y eso es lo último que quiero ser, a la última persona que me quisiera parecer, a la última persona que me gustaría tomar como ejemplo es a alguien como tu. —Eso que dices, sabes que es ridículo, soy tu padre, algo tendrás de mí, es algo natural. —No, créeme que eso no va a pasar, jamás voy a ser un machista como tu, un golpeador, un maltratador. Porque a mi no me se me va a olvidar como golpeaste a mi mamá casi hasta matarla tan solo porque ella te reclamo estar con tu secretaria. —Di media vuelta, no me quería quedar perdiendo más tiempo con él. —Fue un error, y sí tienes toda la razón. Sabes a mi tampoco me gustan las hipocresías, y lo que dices puede tener algo de razón, por eso te digo algo claro: No voy a dejar que tu mamá me siga chantajeando con las cosas que he ganado con tanto esfuerzo durante toda mi vida, así que si a tu mamá le comienza a ir mal de ahora en adelante, porque prefiere seguir pensando que su hijo es una pobre víctima y merece compasión, así que piénsalo o las cosas quedarán en tu consciencia. Te quiero hijo, ve a estudiar porque los buenos administradores se hacen en la universidad y no en un bar bebiendo. Él camina como si estuviera bien lo que acaba de decir, no puedo creer que mi madre siga queriendo estar a su lado. Limpio mi mejilla, la frustración llegó e hizo que me sintiera demasiado impotente.
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