Gabriel.
Sentado junto a ella alrededor del enorme comedor mientras desayunábamos llegaron mis padres, en sus caras no podían ocultar el enojo que traían, sonreí en mi interior, me gustaba hacer enojar a mi padre. Era tanto que al entrar mi papá golpeó la puerta de manera abrupta haciendo que Violeta se pusiera nerviosa, camino mi padre directo a donde nos encontrábamos con un sobre en su mano.
—¿Qué pretendes Gabriel? —dijo alzando su voz—. Acaso piensas que somos estúpidos que puedes jugar con nosotros, mira esta mierda de resultados —dijo mientras tiraba aquel sobre en mi plato de fruta—. Te levantas ya que necesitamos hablar contigo a solas. —Sabía que mi vida iba a cambiar a partir del momento en que vi como había entrado él.
—Espérame, sé que la charla con mis padres no va a durar mucho —le dije a Violeta mientras me levantaba de la silla dispuesto a ir al despacho con mis padres. Ella solo asintió con su cabeza.
—Sigue y siéntate Gabriel que no estoy muy a gusto contigo —dijo mi papá mientras servía un trago.
—Yo te amo mucho hijo, pero esta vez no voy a Interferir con el castigo de tu padre, ya es hora de que tomes conciencia y dejes tu inmadures atrás, ya tienes veinticinco años, no eres el mismo niño que nos obedecías y cumplías con tus deberes. He hablado con tu padre y hemos llegado por el momento a dos conclusiones. La primera será que asistas a unas terapias de psicología y la segunda es que debes tomar clase de música así como cuando eras niño, para que te ayude con la concentración que tanto te hace falta, así te sentirás bien contigo mismo, y le encontrarás en verdadero valor a la vida, somos tus padres y no queremos hac erte daño —dijo mi mamá dándome un abrazo mientras que salían lágrimas de sus ojos. Eso sin duda, me hizo sentir mal.
—Ya basta Gabriel deja de comportarte como un niño malcriado que hace lo que quiera tan solo por llamar la atención, mirate ya estás bastante grandecito como para que estemos detrás tuyo para que cumplas con tus obligaciones. Te jodiste si piensas que voy a dejar que acabes con tu vida, toma de ejemplo a tu hermana y recapacita de una buena vez. De ahora en adelante solo tendrás dinero para que vayas y regreses en la motocicleta nada más, ni te tomes la molestia en ir a utilizar las tarjetas bancarias porque ya llame a los bancos para desactivarlas, ya no te sirven de nada yo de tí las sacaría de inmediato del bolsillo y las echaría a la basura. Siento mucho hijo que tuviéramos que llegar hasta estos límites, pero lo hacemos pensando en tu bien, te prometí un puesto en la empresa, pero no demuestras interés en ello, solo quieres beber y estar solo, porque ni siquiera eres capaz de hacer feliz a esa muchachita —dijo mi papá mientras caminaba de un lado a otro dentro de la oficina. Era perfecto, como para una fotografía.
—Mira papá, eres el menos indicado en venir a reprochar mis acciones con Violeta, te dejo claro que en mi relación con ella será mejor que ni hables. En cuanto a lo que me dabas de dinero ya no lo necesito, soy capaz de salir solo adelante sin que estés tú hay luciéndote por los méritos de mi mamá, porque María mi hermana estudió toda su carrera gracias a ella y no te debe nada a tí, ya se te olvidó que ella se marchó de casa debido a tus malos tratos con mi mamá, sin hablar de las repetidas veces que la engañaste, eres un cínico sin hablar de lo poco hombre que eres, desde este momento me marcho de esta casa, olvídate de mí tal como lo hiciste con María mi hermana, Ah y te recuerdo que la dueña de todo es mi mamá no tu —le dije a mi padre mientras rodaban lágrimas por mis mejillas del enojo.
Me levanté de la silla y salí de la oficina con mi cabeza abajo, fui directo a mi habitación para empacar todo lo que más podía, saqué mi ropa y la lance sobre la cama y comencé a empacar todas mis pertenencias en una enorme maleta, oí la voz de mi padre gritando "déjalo, que por eso él nunca madura ni toma consciencia en nada", entró mi mamá y me tomo de la mano.
—Espera hijo yo jamás te abandonaré, si tú decisión es irte de la casa yo te apoyo, estaré aquí para tí toma esta tarjeta es mía y en ella siempre tendrás dinero —me dijo mientras me la ponía en la palma de mi mano—. Yo siempre estaré pendiente de tus llamadas, no me olvides hijo —habla mientras me abrazaba.
—Jamás te olvidaré mamá tenlo presente, y no tienes porque darme esa tarjeta, soy capaz de sobrevivir sin tu ayuda —le dije mientras devolvía la tarjeta.
—Lo se hijo, solo déjame brindarte una pequeña ayuda, toma llévala contigo. Sin importar el lugar de adónde te vayas a vivir mañana nos encontraremos en horas de la mañana en iremos a un lugar donde te darán ayuda, y no me digas que no la necesitas hijo, porque yo soy tu madre y sé todo lo que sientes —me dijo y después salió de la habitación.
Salí con la maleta en la mano hasta la sala tomando de la mano a Violeta sin decirle palabra alguna sólo fuimos a fuera para luego subir en la motocicleta dando marcha sin mirar atrás.
Mientras conducía Violeta me abrazaba fuerte dándome su apoyo, sin mucho dinero en efectivo pero con la tarjeta de mamá podría comprar un apartamento sin ningún problema, anteriormente cuando me reuní con Violeta a tomar café con pastel vi un apartamento en venta el cual estaba muy bien ubicado cerca de la universidad, así que era el perfecto para mí, mi corazón se acelera al recordar las palabras ofensivas de mi padre pero tendré que ser fuerte, y demostrarles a ellos que si soy capaz de salir adelante, y más que a ellos a mí mismo, al llegar a aquel apartamento detuve la motocicleta y bajos de ella.
—Ven acompáñame a mi nuevo hogar —le dije mientras dibujaba una sonrisa falsa en mi cara—. Ella en cierta parte es la única que me conoce tal y como es.
—Sabes que te acompañaré hasta donde tú me lo pidas, deja atrás tus malos momentos y concéntrate en pasarla bien y en hacer lo que más te gusta —dijo sonriente para después fundimos en un cálido beso.
Al ingresar en aquel lugar tomé mi teléfono móvil y llamé al dueño, era un señor muy atento y logré hacer la compra, ya era demasiado tarde y no teníamos que hacer en el apartado ya que estaba desocupado. Salí junto a Violeta a comer en un restaurante cercano, al terminar la cena le di una flor en agradecimiento por el apoyo que me brindaba, la tome de la mano y la invite a pasar la noche conmigo, ella guardó silencio con cara de pensar en algo o en alguien.
—Yo se que estás pasando por un duro momento pero lamentó no poder acompañarte más tiempo por el día de hoy —con sus palabras hacían que creciera mi desconfianza.
—Entiendo, claramente tienes cosas por hacer y ya perdiste todo un día al estar conmigo —le dije mientras la observaba directo a sus ojos.
—No digas eso, solo debo ir a mi casa y ya, no puedo quedar pro fuera una noche más. Adiós Gabriel, nos hablamos luego —fueron sus palabras antes de marcharse.
Camine por aquel largo andén pensando en todo lo que me estaba sucediendo, mientras que mi corazón se hacía cada minutos más rudo y cruel.