¿De verdad pude salir de ahí sin una interrogación? ¿De verdad se lo creyó?
Menos mal.
Agarre una gran bocanada de aire cuando estuve en tierra firme, respiré hondo como si mi respiración se haya cortado por más de 10 minutos.
Y es que no me preocupaba nada a pesar de casi ser descubierta, pero, eso sigue rondando por mi cabeza, esa pregunta tan curiosa.
¿Qué hubiera pasado si se hubiera enterado de todo?
Aunque no quiera pensarlo, también había otra cosa la cual no salía de mi cabeza.
Para no llegar y casarme tendría que pasar más tiempo aquí, así lograría prolongar la ceremonia. A mi padre es difícil sacarle algo de la cabeza, y peor aún si eso algo le convenía; el matrimonio es algo grato y honrado para nosotros, es por eso que entiendo su entusiasmo. Él siempre ha querido verme de la mano de alguien el cual se comprometería a cuidarme, quererme y, sobre todo, ha ser mi primer y único hombre el cual estaría a mi lado hasta que mis ojos se cierren por última vez. Es un sueño para él, y yo no puedo contradecirlo…
¿Qué puedo hacer en este caso?
- ¡Freya! ¡Has llegado!
-Orión, hola -le sonrío y me acerco a él.
- ¿Cómo te ha ido?
-Aunque no me lo creas, me a dicho que apenas esté de regreso me casaría.
-Bueno, eso es bueno, casarte será una decisio… -deja de hablar al ver mi cara malhumorada-. Digo, ¿casarte tú? No, aún no estás lista, tienes que primero saber cuidarte y aprender a hacer… -vuelve a hacer silencio a ver mis ojos más que molestos-. O no, estás muy pequeña aún -y sonríe como niño pequeño.
-No quiero casarme aún.
-Lo sé, se ve en tu rostro -le doy una mirada desaprobadora-, osea, que no estás contenta con esa noticia.
-No quiero depender de alguien, aunque eso sea lo mejor que me puede pasar -y un nudo en mi garganta empieza a formarse, sin saber porque, pero mis ojos se empiezan a suavizar, aunque no quiera-, no quiero.
-Tranquila -se pasa a sentarse en mis piernas poniendo sus dos patas delanteras en mi pecho, mirándome a los ojos-, te casas a lo que regreses a la Luna, ¿cierto? Entonces, solo hay que prolongar tu estadía aquí en la tierra.
-Pero yo no vine para quedarme por mí, sino para protegerlo a él -y recordarlo me hace doler el pecho aún más.
- ¡Eso es! Solo tienes que cuidar de él -lo miro extrañada, borrando las gotas de agua salada que ya están humedeciendo mis mejillas-. Solo hay que hacer que las Sombras frecuenten más, así podrás defender al hijo de la reina por más tiempo.
-Imposible, eso haría poner en más riesgo a Nayan, sería como darles a ellos lo que quieren en bandeja de plata.
-Oh, vamos, sabemos que los puedes derrotar fácilmente. Lo he visto yo mismo.
-Cierto, ese fue el momento donde me desmayé, ¿verdad? ¿Por qué lo hice? Nunca me dijiste exactamente el motivo.
-Todas tus energías se agotaron al momento de invocar aquel hechizo y, pensándolo bien, nunca creí que tendrías ese poder para hacerlo.
Me quedo pensando.
-Recuerdo que la reina me dijo algo cuando encontré la barita de Lord.
- ¿Qué dijo ese día?
-Si más no recuerdo, creo que dijo “tus poderes se volverán los más fuertes”
-Lo-los más fuertes -repite, algo anonadado.
-Si, eso mismo -suspiro, viendo las pequeñas marcas borrosas que están en mis manos, hasta que levanto la cabeza y veo su expresión-. ¿Qué pasa?
-Si la reina te dijo eso es porque es cierto, Freya ¡eres una de las pocas hechiceras con ese tipo de poderes!
-Lo sé.
- ¿Y lo dices así de fresca luego de invocar un hechizo de destrucción pero que por suerte no causó una catástrofe? -me encojo de hombros y él rueda los ojos-. Venga ya -se levanta señalándome la puerta.
- ¿Qué haces?
-Tienes que aprender a controlarte. Vamos a eso, a que practiques.
-Espera, ¿dejaremos a Nayan solo?
-Será por un momento, ya lo tengo todo controlado.
- ¿Todo controlado? -pregunto, haciendo una mueca confusa.
-Si, está en estos momentos durmiendo una placida siesta.
- ¿Lo hiciste dormir?
-Si, pero no te preocupes, no le ha pasado nada -asiento y me levanto para ir con él olvidándome por completo de lo de mi regreso.
- ¡Arriba! No, al otro lado… ¡Si, más rápido! ¿Qué haces? No, más para… ¡Si, síguelo! No, era más allá, más rápido. ¡Si! ¡Más allá! No, no, ¡Arriba!
-Orión, creo que esto no está…
- ¡Cuidado!
Mi cabeza duele al sentir un golpe.
- ¡Orión! -lo miro más que molesta, sobándome la parte de atrás de mi cara.
-Lo siento -sonríe-. Vamos, solo una vez más.
-Esto de los objetos volando no está sirviendo de nada.
- ¡Claro que sí! Solo confía más en tu instinto.
-Como puedo confiar más en mi instinto si tengo que apuntar y disparar y, para empeorar, los objetos son ¡pequeños gatos!
- ¿Hay algo de malo?
- ¡si! Que pienso que eres tú -le ruedo los ojos-. ¿No podía ser otra cosa?
-No tenía opciones -sonríe-. Solo apunta y dispara controlando tu fuerza.
Lo miro por un segundo para luego asentir y volverme a preparar.
- ¿Lista? -asiento y los objetos empiezan a duplicarse yendo directamente a mi-. ¡Ahora!
Empiezo por el que está de primero logrando desaparecerlo, voy por los dos de atrás, pero empiezan a moverse en círculos sin saber a cuál darle. Así que tomo impulso y vuelo hasta arriba dejándolos detrás. Una vez estando con mi vista fija a ellos invoco un hechizo creando un gran circulo de energía, ellos se dan cuenta que no estoy donde antes y se mueve hasta donde estoy. Empiezo a volar por todo el lugar haciendo que me sigan detrás, logrando mi objetivo. Entonces, ahí es donde me detengo en seco, lanzando el hechizo en su dirección, haciendo que desaparezcan al impacto.
- ¡Eso es! -aplaude Orión, dándome gracia.
-Gracias, gracias, muchas gracias -aplaudo de igual forma.
-Esta vez no te desmayaste, eso es un triunfo.
-Será porque no tuve mucha presión al hacerlo -lo miro, cansada-. Es hora de irnos, me siento agotada.
Él asiente y juntos volvemos al departamento. Me recuesto en la cama luego de darme un gran baño de espuma y pétalos de flores de verano. Esto es lo que necesito todos los días.
-Descansa, Orión.
-Tú también, Freya. No pienses en el futuro, piensa en el presente, pero no lo pienses tanto -se acerca a mi frente y deposita un suave beso-, duerme.
Asiento, acomodándome a su lado, cerrando los ojos.
El movimiento de la cama hace que abra los ojos de golpe, viendo con una sonrisa en sus suaves y finos labios.
-Lo siento, estaba acomodándome a tu lado. ¿Te desperté?
- ¿Qué haces aquí? -me incorporo y froto mis ojos-. ¿Y Orión?
-Acaba de salir, creo que fue a buscar ratones o algo así -sonrío al recordar que Orión no es alguien que come de otros animales.
- ¿Desde cuando has estado aquí acostado? -señalo el lugar donde tiene su cuerpo tendido.
-Desde hace una hora, creo. ¿Te molesta?
-No, solo me sorprende -me estiro y me levanto, yendo por un poco de agua para hervir-. ¿Has puesto a hacer chocolate? -señalo la cantina puesta en la estufa encendida.
-Si, creí que tendrías hambre, así que preparé un poco de chocolate y unos panecillos, espero y no te moleste por ocupar tú cocina.
-No, claro que no me molesta, es más -sonrío-, el chocolate caliente me gusta mucho.
Suspira, con una sonrisa en su rostro, satisfecho.
-Espera a probar mis panecillos, si saben mal solo los dejas, no soy un experto -se acerca a mi y me da un beso en la mejilla, sonriente-. Buenos días.
-Buenos días -me ruborizo.
Cuando todo está listo empiezo a probar, primero el chocolate y luego los pequeños cuadraditos esponjosos de color crema-amarillo.
-Esta delicioso.
- ¿De verdad? -bota todo el aire que estaba conteniendo antes de escucharme.
Asiento, y bebo un poco de chocolate, que or cierto está muy rico.
-Tiene… -dice, señalándome los labios, pero hago una mueca rara al no comprenderlo-. Espera -se acerca y junta sus labios con mi labio inferior-. Tenías espuma.
-Gra-gracias… -casi me quedo sin respiración.
El resto del día pasé terminando la última parte de la pintura que estaba haciendo ayer, mientras que Nayan estaba a mi lado tecleando una cosa en su portátil. Creo que me había dicho que tenía tarea, algo que le dejan regularmente.
-Por cierto, ¿has estado trabajando? -me pregunta sin dejar de ver la pantalla.
- ¿Trabajar? ¿Quién te dijo eso?
-Lo siento, pero al llegar encontré ropa sucia, la metí a lavar y vi que tenías un uniforme y supuse que era de trabajo de medio tiempo.
¿Uniforme?
- ¿Podrías describirme el uniforme que viste?
-Si, era rojo, de dos piezas, con bordes dorados. No lo vi bien, pero parece uno de algún restaurante o lugar de comida rápida, ya sabes, McDonald´s.
¡Mi traje de entrenamiento de ayer!
-Ha, sí.
- ¿Trabajas? ¿Desde cuándo?
-Bueno, creo que desde hace un par de días -pienso-, en un pequeño lugar de comida rápida, como dijiste.
Asiente, entendiendo de lo que hablo. Respiré hondo y volví a mi pintura.
-Espera, ¿lavaste mi ropa? -pregunto, mirándolo de nuevo.
Oh, si -sonríe nervioso-. Vi que había algunas cosas por hacer aquí y, como estaba libre hasta que te despertaras, decidí hacerlo para que no tengas que hacerlo tú.
-Gracias de nuevo -sonreí.
-Por cierto -esta vez es él quién habla-. ¿Cómo sigues con tus brazos?
-Ya casi no se ven las quemaduras. Estoy bien -le enseño-. Gracias.
-No hay de qué -se acerca, pero empiezo a toser haciendo que se regrese y me palpe la espalda.
La tarde pasó tranquila, al menos él estaba bien. No había nada por qué preocuparse.
-Freya -me llama.
- ¿Sí?
Esta vez si me mira.
-Luego de lo del otro día, tú y yo… tú me entiendes, ¿no? -me ruborizo.
-S-sí, te entiendo.
-Entonces… ¿puedes ser mi novia?