Aiden salio con un suéter más grande de su talla. Se acercó a la cocina y miró a la persona dentro. — ¡Cuñis! —El pelirrojo entró con una sonrisa acercándose a la mujer de cabello corto. — ¿Qué quieres? —. — ¿Y mi futuro esposo y padre de mis treinta hijos? —Pregunto. Mariana lo miró negando con la cabeza. — Cada día aumentas más de hijos, niño loco — — No soy un niño —Hizo un puchero. — Claro que lo eres —Rodo los ojos —...no entiendo como mi hermano se fijo en ti, habiendo miles de hombres guapos...tenia que ser un niño mimado — — No se si soy yo...o parece que no te agrado mucho —Comentó. — Vaya, ¿cómo llegaste a la conclusión? —Lo miró — mira que se te va a quemar el poco cerebro que seguramente tienes — Aiden abrió la boca ofendido. — Soy el mejor en mi instituto —Se levant

