Capítulo 6: Adiós a mi closet

2923 Words
Narra Marnie: Mi madre no deja de mirarme con el ceño fruncido esperando una explicación de mi parte, algo que no tengo porque no se me ocurre nada para decirle. Antes de que abra la boca y empiece a balbucear en busca de una respuesta, soy salvada por Chloe. —¡Marnie llegaste!—-exclama con una sonrisa—. Has llegado justo a tiempo, estábamos a punto de comernos todas las galletas —dice con su sonrisa de glotona, ríe bajito y sonrío. —¿Hicieron galletas? —pregunto con la ceja arqueada. Mamá nunca hace galletas, las raras veces que esta en casa nunca ha hecho galletas, pasteles o algo por el estilo. —No, mami las compro en el super —responde Chloe, asiento y alzo las cejas, miro a mi madre pero esta ya ha dejado de mirarme. —¿A qué hora vendrán mis abuelos? —pregunto caminando hacia mi habitación. —Lo han pospuesto para la próxima semana, su vuelo se retraso —contesta mi madre mientras le esconde las galletas a Chloe sin que se de cuenta para que no se las coma todas. ¿Vine tan rápido para nada? No para nada, llegaste a tiempo, ya Chloe estaba por comerse todas las galletas.—me digo a mi misma. Suspiro y subo a mi habitación a ducharme y a guardar la ropa que he comprado, pero cuando voy a terminar de subir las escaleras hacia mi cuarto mi madre me detiene. —Marnie debo salir ahora mismo, me ha salido una reunión, debo irme —dice apresurada tomando su bolso, volteo a ver a Chloe y esta la mira triste y desilucioanda. Chloe creyó que hoy pasaría un día normal con su madre, es un poco injusto y hasta cruel que mi madre aproveche que los abuelos no vendrán y que yo ya he llegado para irse a trabajar otra vez en vez de quedarse a compartir con sus hijas—. Nos vemos más tarde, las quiero —dice y sale de la casa, dejándonos con el: ""También te queremos" guindando. No me sorprende la verdad. Miro a Chloe y esta mira la puerta por unos largos segundos, luego se dirije a la cocina. —Voy a ducharme y regreso para jugar —digo con una sonrisa intentando reconfortarla, asiente y sonríe. Me encamino a abrir la puerta de la habitación pero vuelvo a ser detenida, está vez por Chloe. —¿Marnie has visto las galletas? —pregunta confundida y hasta preocupada, rió y niego con la cabeza. (...) Bajo las escaleras rápido persiguiendo a Chloe, nos hemos puesto a jugar a las atrapadas y debe admitir que no recordaba la adrenalina y frustración que se siente cuando vas a atrapar a alguien pero no puedes atraparlo porque es muy pequeño y escurridizo. Corro detrás de ella persiguiéndola, me monto encima del sofá, me caigo, ruedo por el piso y hasta me dan ganas de lanzarle la lámpara para noquearla y así poder atraparla. Creo que llevo media hora persiguiendo a esa pequeña mocosa y aún no he estado ni cerca de atraparla. Este juego es muy frustrante y agotador. —Me rindo —digo soltando un suspiro dejando de correr tras ella. —Eres muy lenta —me dice con una sonrisa burlona, la fulmino con la mirada y ruedo los ojos—. ¿Qué jugaremos ahora? —me pregunta mientras me observa jadear haciéndome ojitos. —¿Dónde esta tu botón de apagado, niña? —pregunto tratando de tranquilizar mi respiración—. ¿No ves que me esta entrando un paro cardíaco? —agrego llevando mis manos a mi corazón, se ríe y camina hacia la cocina dejándome sola en la sala. Me dirijo hacia el mueble y me siento en el, saco mi teléfono de mi bolsillo y lo reviso, al hacerlo, me encuentro con un mensaje de un número desconocido, frunzo el ceño y leo el mensaje, al hacerlo ni siquiera se me hace necesario preguntar quién es. De: número desconocido: "Mañana espero que no lleves las cortinas de mi abuela puestas como ropa, pequeña saltamontes. Espero que te coloques algo de lo que compramos." Ruedo los ojos y me limitó a contestar: Para: número desconocido. "¿Quién te dio mi número de teléfono?" Colocó el celular a un lado y me dirijo a la cocina a beber un poco de agua, a lo lejos lo escucho sonar y enseguida voy a revisarlo. De: número desconocido. "Creo que María se llama... La amiga tuya" Rió en voz baja y niego con la cabeza. Para: número desconocido. "Es Sophie" De: número desconocido. "Esa misma". Alzo las cejas y dejo el teléfono a un lado. No quiero ni imaginar la reacción de Sophie cuando Stephen le hablo, y la decepción que se llevo cuando fue para pedirle mi número y no el de ella. (...) Luego de un largo día de juegos con Chloe camino cansada por los pasillos de la escuela, las piernas me duelen un poco por haberla perseguido tanto ayer y para ser sincera la comodidad no esta de mi lado en este momento con la ropa que llevo puesta. Decidí colocarme algo de lo que Stephen me dijo que comprara a ver si podía cambiar un poco más mi apariencia de niño, pero la verdad es que como me está observando justo ahora creo que lo he hecho bastante mal. —Realmente no quiero ser grosero, pero... ¿Esos zapatos te los tejió tu abuela ciega en navidad? —me pregunta mirándome, por alguna extraña razón su comentario no me ofende y me causa hasta gracia. —Primero; mi abuela no esta ciega —digo haciendo desdén con mi dedo—. Segundo; no se te ocurrió la brillante idea de comprar zapatos, supongo que olvidaste que también tengo pies —digo haciendo una mueca, sonríe y niega con la cabeza. —Es que creo que me distraje mucho notando que tus piernas son lindas —dice mirándolas, me siento un poco incómoda al llevar shorts. Son los más largos que compramos, y como no soy tan atrevida aún, decidí enrrollarme una sudadera en la cadera para disimular un poco—. Necesito estrujar muy bien en tu closet... Hay ropa que debes quemar, pequeña saltamontes —dice volviendo a mirarme por completo. Admito que no soy buena combinándome ni peinándome ni maquillándome pero... ¿Acaso él es un Míster Universo? —¡Hola! —exclama Sophie apareciendo por el pasillo adentrándose en nuestra muy común conversación—. ¿Qué tal les va con sus lecciones? —pregunta con una sonrisa observándonos. —Terrible —respondemos ambos al mismo tiempo, Sophie frunce el ceño y asiente. —¿Irás a la fiesta de este fin de semana, Stephen? —le pregunta haciéndole ojitos, Stephen ladea la cabeza y lo duda. —Será un buen lugar para entrenar a pequeña saltamontes —dice con una sonrisa, lo miro con terror y parpadeo varias veces. Dios librame de todo lo malo y extraño que este pasando por su cabeza. La campana suena y nos vamos a clase, Stephen se va por su lado sin avisar y yo me quedo con Sophie, a penas damos dos pasos su pregunta no tarda en llegar. —¿Es en serio eso de "pequeña saltamontes"? —me pregunta burlándose, ruedo los ojos. —Por favor cállate —le pido entrando al aula de clases. Nos sentamos juntas como de costumbre, miro aburrida hacia la puerta y una muy grata sorpresa me alegra; Alex entra por la puerta con unos papeles para entregárselos al maestro, ambos hablan por unos segundos y luego Alex se va. Ni siquiera me noto, ni siquiera volteó a mirarme y no sé como es que mi corazón da brincos de felicidad. —Cuidado y te da un infarto en la v****a —murmura Sophie con una sonrisa, me sonrojo un poco y dirijo mi vista hacia mi cuaderno—. Realmente debes ir a la fiesta de este fin de semana, espero que Stephen te obligue a ir —dice entusiasta, la miro y sacudo mis hombros. —No sabes lo que dices... No hagas pactos con ese diablo —respondo alzando las cejas y soltanto un suspiro. No sé porque hasta me esta llegando a aterrar las cosas que puedan venir próximamente. Ni siquiera puedo pensarlo tan sólo. (...) Rezo pido e imploro porque ya la campana suene y nos vayamos a casa. No sé porque pero el día de hoy tengo una flojera espiritual que ni siquiera sé donde estoy parada, sólo quiero irme a casa, acostarme en el sofá y dormir hasta que recuerde en que siglo estoy. La campana suena activándome antes de caer en un sueño, y antes de que si quiera pueda reaccionar ya estoy saliendo del aula como un cohete. Realmente me urge una siesta. No sé donde ha almacenado mi cuerpo tanto sueño. Con la vista por el suelo, antes de salir completamente de la escuela una mano me sujeta y me detiene, abro los ojos y me encuentro con esa sonrisa tan descabellante. —¿Adónde crees que ibas? ¿Siempre tendré que acordarte de tus lecciones, pequeña saltamontes? —me pregunta mirándome con su voz... Seductora, intimidante, de locutor de radio... Ni siquiera sé bien a que se parece esta vez. —Creo que lo olvide —contesto pasando mis manos por mi cabello. —Pues yo no. Ahora vamos —dice comenzando a caminar dejándome atrás, corro hacia él y me coloco a su lado. —¿Adónde iremos? —le pregunto caminando tan deprisa como puedo, realmente da pasos muy largos. —A tu casa —responde encaminándose a su auto, me detengo en seco y frunzo el ceño—. Necesito revisar tu closet y deshacerme de toda esa ropa tuya que le da pesadillas a las personas. —¿Hablas de la que me hiciste comprar? —pregunto montándome en el auto. —No, hablo de la que usas siempre —responde con una corta sonrisa encendiendo el auto. Frunzo los labios y trago fuerte, mamá recogerá hoy a Chloe y ninguno estará en casa hasta más tarde así que no será problema. Y en cuanto a los vecinos chismosos... Si me preguntan él es gay y tiene retraso mental. Una persona así no debería ser el boom de que hablar de mis vecinos, sería algo grosero. Reviso mi teléfono y veo un mensaje de Sophie preguntándome dónde diablos estoy, sonrió un poco culpable por dejarla y le contesto que tuve que irme con Stephen. Lo de siempre, casual. Luego de unos minutos de camino, le indico a Stephen cual es mi casa para que se detenga en el frente, lo hace y bajamos del auto. Al hacerlo miro hacia todos lados buscando con la mirada a ese vecino entrometido que siempre está al pendiente de lo que hago, suspiro aliviada al no verlo y nos adentramos en la casa. Si él fuese a violarme creo que ya lo habría hecho, así que no debería preocuparme. Mira y observa la casa pero no dice mucho, subimos a mi habitación y cierro la puerta un poco insegura, sin cerrojo para que sea menos extraño para mí. —¿Ya debo decirle las últimas palabras a mi closet? —pregunto haciendo una mueca, sonríe. —Veamos que tienes allí —dice abriéndolo, lo observa con cuidado y comienza a sacar un montón de ropa y a decir comentarios ridículos—. Esto es de el siglo antes de cristo, esto parece sacado de una revista de treintañeras y esto... ¿Cuando le pediste esto prestado a mi abuela? —pregunta observando una de mis faldas, bufo—. Vaya, pequeña saltamontes... Hay mucho trabajo que hacer aquí. Ruedo los ojos y me siento en mi cama a observarlo sacar toda mi ropa, sigue diciendo los primeros comentarios que se le vienen a la mente pero lo ignoro. Luego de unos minutos noto que ya no saca nada, le echo un vistazo a mi closet y sé perfectamente que la única ropa que queda allí es la ropa que compramos en el centro comercial. Miro al suelo y tiene dos pilas, una con bastante ropa y otra con no demasiada. —¿Quemarás todo eso? —pregunto un poco preocupada, no dejaré que lo haga. —Esta pila de aquí —dice señalando la pila con poca ropa—. Para que no digas que soy el diablo encarnado en sarcasmo y chistes que según tú son malos... Te dejaré conservarla, supongo que hay ropa aquí con la que te sientes cómoda y te gusta, así que aún no te arrancaré esa parte de Marnie Soux la monja. ¿Aún? —¿Y la otra? —Esa si se irá a la basura. O quizás puedas donarla a un convento —dice encogiéndose de hombros. —No juegues con eso —digo mirándolo. —Yo no estoy jugando —responde con una sonrisa—. Ahora, necesito que te pruebes esa ropa... Menos horrible. —¿Para qué? —Para decirte cual usarás sólo en casa y con cual si puedes salir a mostrarle al mundo. Suspiro y niego con la cabeza, paso las manos por mi cabello y me despeino. —¿Te gusta que me pruebe ropa para ti, verdad? —pregunto con una expresión cansada, ladea la cabeza y sonríe. —Sí, me encanta —dice sarcástico... O eso creo. Ladeo la cabeza y tomo la ropa que quiere que me ponga. Cada vez que hago esto pienso en Alex y lo hago por él, lo hago por conquistar a mi amor platónico... Eso me hace sentir menos ridícula y con menos ganas de lanzarle un zapato a Stephen. Él es adorable pero... Mentira, no lo es. Me meto en el baño de mi habitación y comienzo a provarme la ropa, o mejor dicho colocármela y simplemente salir a mostrársela y esperar a que salga de su boca lo primero que se le venga a la mente. —Creo que con esto no me veo tan mal —menciono alisando la tela del vestido que llevo puesto, lo miro reírse y negar con la cabeza. —Acomparación de lo demás... Al verte con eso puesto no me dan ganas de pedirte dinero pensando que eres mi abuela —menciona, sonrió un poco y antes de que diga algo el sonido de un auto afuera de mi casa me alarma. Por favor que no sea mi mamá. Corro hacia la ventana y me asomo, y para mi sorpresa... No es mi madre, es peor, mi padre. —Debes irte —le digo a Stephen un poco nerviosa, frunce el ceño y me mira confundido—. No sé que hará mi padre si me ve a solas en mi habitación con un chico... De paso mayor que yo y tatuado. —¿Qué tiene que sea tatuado? Dejen el racismo —dice simulando estar ofendido. ¿Eso si quiera es ser racista? —Ya sabes como son los padres... Prefiero evitarme el interrogatorio que vendrá luego. —Tienes dieciocho años, no trece. Yo siendo tu padre me alegraría verte con un chico... Ellos deben pensar que eres lesbiana o algo —dice haciendo una mueca, lo golpeo y lo fulmino con la mirada. —Sólo vete —insisto tratando de sacarlo de mi habitación. —¿Por dónde? ¿Por la puerta? Así al salir aprovecho y saludo a tu papá. Diablos, es cierto. —Esperame aquí, lo distraeré... Cuando oigas el sonido de un pájaro es porque ya puedes salir —le indico, asiente pero luego vuelve a hablar. —¿Por qué de un pájaro? ¿Te identificas con palomas? —pregunta arqueando la ceja, lo ignoro y bajo a la cocina a donde mi padre debe encontrarse. Lo encuentro sirviéndose un poco de cereal en una taza, lo saludo y le sonrió tratando de no parecer extraña. —¿Sabes de quién es el auto que esta estacionado afuera? —me pregunta frunciendo el ceño, trago fuerte y niego con la cabeza. —Quizás es de algún invitado de los vecinos que se estacionó allí porque... No había más lugar —respondo con una sonrisa, mi padre se encoge de hombros y continúa comiendo su cereal—. ¡Oye mira eso! —exclamo haciendo que voltee, lo hace y enseguida hago el mejor sonido de paloma que puedo hacer, luego corro hacia mi padre y me encargo de que siga mirando hacia el lado contrario de la puerta—. No voltees, debes ver eso —digo tomando su cabeza y guiando su vista hacia algún lugar lejos de Stephen. —¿Qué tengo que ver, Marnie? —me pregunta confundido. —Una paloma, ¿No la oíste? —digo soltándolo cuando escucho la puerta cerrarse y sé que es Stephen saliendo de mi casa. —Sólo oí un sonido como de una foca pariendo —comenta con el ceño fruncido. ¿Así de mala fue mi interpretación? —Olvidalo. Ya se fue —digo haciendo un gesto con la mano, mi padre me mira extraño y luego continúa comiendo su cereal. Me alejo un poco y reviso el mensaje que le ha llegado a mi celular. De: Stephen Queen. "Jamás intentes ser ninja, eres pésima para hacer señales." Rió en voz baja y niego con la cabeza.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD