Nuestro primer encuentro

1526 Words
Peter Me ubico frente a este enorme edificio, sus paredes en vidrio y las letras en dorado lo hacen ver bastante elegante, es aproximadamente de 7 u 8 pisos, «por lo visto, nadan en dinero como en hipocresía» Agarró el maletín en mis manos y entró con presencia. La recepción está llena, la cantidad de personas allí para ofrecer productos de innovación o trabajo allí, son demasiado grandes. Luego de recibir el correo de que me buscarían para tener una cita, preferí adelantar los hechos, no quiero a nadie cerca de mi familia, es mejor así. Paso mi tarjeta, la señorita allí mira y me hace una seña para que espere, a los pocos segundos me pide que siga hasta el último piso. Voy hasta el ascensor mientras que observo todo a mi alrededor, necesito grabar en mi cabeza cada una de las cosas de esta empresa, esa será una de las principales formas en las que puedo atacar. Antes de que las puertas del ascensor se cerraran, noté como la puerta era detenida por una mujer con unos zapatos rojos. Rodé mis ojos, no tengo porque atrasar mis planes por alguien que llega tarde a trabajar. Fui a oprimir el botón para cerrar y escuché una maldición de su parte y luego entró. Era una mujer bella, a pesar de su aspecto un poco desarreglado era bella. En ese momento sus ojos verdes como esmeralda me observan como dagas. —Creo que no le costaba mucho tener un poco de empatía y detener el elevador —dice ella con notoria molesta. —No es mi culpa que llegue tarde. Le daré un consejo, la próxima puede levantarse más temprano, así no tiene que atacar a extraños con malas palabras —hablé, mirando al frente. —No debería ser tan atrevido. Nadie le pidió un “consejo” tan hipócrita. —La miré de arriba a abajo. —¿Segura trabaja acá? porque no parece, es prepotente y le falta presentación, no creo que los dueños estén de acuerdo con tener a una empleada así. —Ella se ríe. —Quiere saber que pasó… corrí para alcanzar el ascensor, sin saber que un idiota se subió en él. Saco el aire que tengo acumulado, por el rabillo del ojo la miro y ella está hablando sola en un tono de voz muy bajo. De pronto, el ascensor se detuvo, miré y las luces se apagaron. Con mi mano presioné la mayor cantidad de botones, tengo que llegar a la cita con ese hombre, no puedo perderla. —Por lo visto aparte de ser un maleducado, quiere también dañar el ascensor. —Ruedo mis ojos y me dirijo a ella, dando unos cuantos pasos, bajando la mirada para que la pueda observar con claridad. —Usted no sabe quien soy, así que deje de hacerse la valiente con quien no debe. Si tiene un mal día, no es mi culpa. Seguramente esto se daño por la mala energía que usted emana. —Tensé mi mandíbula, ella giró su rostro, evadiendo mi mirada. —Le pido que se haga lejos, necesito respirar. Llamaré a alguien para que pueda ayudarnos, no soporto estar tanto tiempo al lado de alguien como usted. Di unos pasos para atrás, ella sacó su teléfono e intentó marcar a alguien, pero fue en vano, la señal aquí, no era la mejor. —¡Maldición! Ella se hace en una esquina y comienza a respirar rápidamente, caminó hasta donde ella, pero de inmediato colocó su mano para evitar que yo me acerque. Su pecho comenzó a moverse aceleradamente. —Deje que le ayude —le dije. Ella me dio una mala mirada y negó. Definitivamente es una mujer demasiado terca, me hago a un lado y la tomo del brazo para ayudarle a retirar su enorme abrigo para que pueda respirar. Esta vez, ella solo permite que lo haga. —No puedo… sufro de claustrofobia. Puedo ver como empieza a sudar, y pierde la estabilidad. Pongo mis manos en su cintura evitando que caiga. Sus labios tiemblan y por unos segundos los observo más de la cuenta. En ese momento las luces y todo vuelve a la normalidad. Ella mueve su cabeza y se aleja, pone la mano en su pecho y luego fija su mirada al frente. —¿Se encuentra bien? —Sí, gracias. Siento mucho que presenciara eso, pero es que estoy algo alterada. Un imbécil me hizo perder el tiempo yendo a buscarlo en una dirección que no existe, llego a la empresa y usted se comporta como un idiota sin siquiera conocerme —ella habla agitada. Antes de que pudiera responderle algo, las puertas se abren y ella sale completamente enojada. Pongo la mirada al suelo y veo que una pulsera está allí, —Jaa, ahora seremos “cenicientas” dejando pistas por todo lado. La guardé en mi bolsillo y luego bajé hasta llegar al piso que me indicaron. Al llegar, me estaba esperando un hombre, porque de inmediato extendió su mano. —¿Peter Williams? —me dio su mano, mientras la movía, su mirada era fría, era repugnante. —Ese mismo —dije con risa—. Me imagino que usted es… —Ryan Brown, un placer. Puedes decirme Ryan. —Ryan, es un gusto. No tiene idea lo emocionado que estoy por poder trabajar con usted. Una leyenda como usted, con tanta experiencia —le dije. —No tienes idea lo halagador que suena eso. Porque quiere decir que estoy haciendo bien mi trabajo. —Él ríe, pongo una mueca falsa en mi rostro—. ¿Te parece si seguimos a la oficina? —Asiento con mi cabeza, él va adelante y eso es un gran paso para mí, tenerlo en mis manos—. Creí que te ibas a encontrar con nosotros en otro lugar. —Preferí venir para ver con mis propios ojos todo, ya sabe, la admiración puede más. —Entiendo, le pedí a mi hija que se encontrara contigo, después vi el correo y me di cuenta que ya era tarde y posiblemente venías en camino, aunque como bien dices, puede que sea mejor así. —Señor Brown, le seré claro. Quiero invertir en esta empresa, quiero ser socio. No me importa cuanto sea el dinero que deba invertir. —Puedo notar como una sonrisa sardónica aparece en su rostro. —En ese caso, es momento de brindar. Porque seremos socios. Él camina hasta la licorera y sirve dos copas, observo en la mesa las revistas de las últimas colecciones. Allí aparece Cristina, la última sesión de fotos con ellos, supongo que es días antes de morir. La tome en mis manos mientras que siento como la rabia inunda mi cuerpo. Él se acerca y me pasa una copa, luego toma la revista quitándola de mis manos. —Está demasiada hermosa aquella mujer, por lo visto tienen unas muy buenas modelos para que las ventas sean exitosas. —Así es, lamentablemente ella se suicidó. Pero encontraremos más mujeres como ella o mejores. Aprieto mis manos formando un puño, subo la mirada cuando la puerta se abre, allí entra la misma mujer del ascensor, está vez se ve distinta. Ella me ve y levanta una de sus cejas, cruza sus brazos de manera desafiante y luego mira a Ryan. —Peter, te voy a presentar a la luz de mis ojos, mi princesa. —La miro de arriba a abajo, ya veo porque es tan prepotente—. Ella es mi hija Sophia. —Un placer —le dije, extendiendo mi mano, pero ella la evita, mueve su cabeza y pasa de largo. —¿Quién es él, papá? —Nuestro nuevo socio, hija él es el hombre que fuiste a buscar. —Ella me da una sonrisa llena de ironía, puedo notarlo. Ryan mira su teléfono y luego se pone serio—. Iré a responder la llamada, Sophia, por favor atiendelo. Ella pasa de largo y luego se ubica en la punta de la mesa, mientras mantiene su mirada en mí. —¿Y bien? pensé que me atendería —dije con burla. —Usted me hizo perder el tiempo hoy, y no solo se comportó como un idiota en la supuesta reunión que teniamos, si no que también lo está haciendo en mi empresa, desde el momento que llegó —ella recalca. —Lo siento, no fue mi intención, —me puse de pie acercándome a ella—. Empezamos mal, creo que eso hay que remediarlo. ¿Qué le parece si la invito a tomar un café para reivindicarme y que la imagen que creo de mi se vaya? Ella se pone de pie, se acerca a mí de manera desafiante y suelta una sonrisa. —No, no me gusta salir con engreídos. Es mejor que se retire, le aseguro que la sociedad no se llevará a cabo. —Ella camina hacia la salida. Exhalo y en menos de dos segundos la detengo sosteniéndola del brazo. —Eso lo veremos. Le voy a demostrar que la sociedad se llevará a cabo y que usted me aceptará esa salida.
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD